El avión aterrizaba en el aeropuerto de Bérgamo a las 8 de la mañana. Esa noche no había dormido absolutamente nada -salvo un par de cabezazos contra el aire en el avión- y al subir al autobús que iba a llevarme a Brescia me hice una autofoto… Una pinta lamentable.Uscita dell'aeroporto

Conocía la estación de tren de Brescia, por algún viaje pasado, uno de mis viajes más placenteros, pero no conocía la ciudad. Leyendo e investigando por Internet me pareció que sería una buena ciudad para visitar. Las dos opciones eran Brescia o Verona. Por cuestiones aquí no importantes, me decidí por la primera.

Llegué sobre las 9 a la estación de autobuses de Brescia, al lado de la de trenes. Esperaba a una persona y me dediqué a estar plantado en la plaza de delante de la estación, hasta que observé que un poliziotto le decía algo a una mujer que estaba haciendo lo mismo que yo: esperar. Decidí moverme un poco. Posteriormente me enteré que la zona de la estación de tren no es un lugar demasiado recomendable, sobre todo por las noches. Es una plaza adoquinada, donde sólo hay taxis y gente que camina. Al fondo, una parada de autobús.

Estación de BresciaEntré en los lavabos de la estación. Hice lo que tenía que hacer y, al salir, un hombre me dice que le tengo que pagar… Me pareció una broma, pero miré hacia atrás y vi a 3 personas que estaban haciendo cola… ¡para pagar por usar los servicios! 60 céntimos me costó la meada. A partir de entonces, no volví a entrar en un lavabo de estación -sólo en el de Bérgamo parecía que no debía pagarse.

Castello di BresciaLlegó mi guía y fuimos dirección al Castello. Capuccino y visita por los parajes. Además del foso, con su puente de madera y todo, lo mejor de este castillo es su emplazamiento. Desde allí puede verse todo Brescia. Es una vista hermosa. Desde allí da la sensación de poder dominarlo todo. A nivel personal, también lo estaba dominando todo. El Castello es ideal para paseos nocturnos acompañados de la persona que amas, e ideal también cuando se hacen pellas del colegio. Había críos jugando. Se respira tranquilidad.

Y se respira, también, si uno se sienta y observa lo tranquila que parecen las ciudades desde lo alto. Contemplando toda Brescia, imaginando dónde estarían los lugares que quería ver y soñando en que las cosas podrían ser de otra manera. Y un deseo. Un gran deseo.Vista de Brescia

Bajada al mundanal ruido -que había poco porque creo que todo el mundo estaba de vacaciones, probablemente en alguno de los lagos cercanos.

Brescia parecía a esas horas una ciudad apagada, sin mucha gente entre sus calles, sin prisas, tampoco. Parecía que el tiempo se había detenido, que los habitantes tenían vergüenza de salir al mundo de las apariencias y del sol… Porque hacía un sol de un par de narices. Mucho calor. Fue uno de mis más odiados acompañantes durante todo mi viaje. Y seguíamos allí. Había conseguido superar el primer obstáculo.

Duomo VecchioAndando por las calles, muy tranquilas -repito-, uno va impregnándose de la vida de los que por allí pasan y han pasado. Uno observa colegios e institutos y puede llegar a imaginarse el pasado de los estudiantes, ahora convertidos en políticos, abogados, viajantes o vendedores de periódicos. Y caminado, caminando, llegamos a la Piazza Duomo o, mejor tendría que hablar de la Piazza de los Duomos… porque hay dos. Sus nombres no son atrevidos: Duomo Vecchio y Duomo Nuovo.Duomo Nuovo.. La originalidad a la hora de poner nombres brilla por su ausencia. Algo que me pareció muy práctico fue eso de que estuvieran uno al lado del otro. Para los turistas es genial, no hay que recorrer mucho para hacer las clásicas fotos de rigor. Aunque, eso sí, a nivel estético, no parece extraordinariamente bonito.

Y sigue el camino, siempre adelante. Nunca parar para mirar atrás, para ver qué nos estamos dejando por el camino.

Piazza della LogiaPiazza della Logia viene a ser como las plazas mayores de nuestras ciudades españolas conocidas. Es una plaza renacentista, donde alberga el Palazzo del Comune. Y, como en todas las plazas, hay bares, autobuses a metano que pasan y más policías… pero estos van de azul… ¡Qué lio de policía que hay en Italia! Para mí que hay por lo menos 243 cuerpos diferentes. El fondo de la plaza hay también un maravilloso reloj, de estos raros que también puedes encontrar en otras ciudades italianas.

Y entonces probé uno de los que se convertirían en los mejores placeres de mi viaje: las granite di limone (en Italia es femenino). Realmente están buenísimos. En Italia, los granizados te los dan con la clásica pajita (con perdón) y con una cuchara, supongo para meterte el puro hielo en la boca. En lugar de agua -que también bebí mucho, prefería beberme estos granizados porque… ¿el limón quita la sed, no? Si a este granizado le unimos una buena charla, en un buen banco de un buen parque, su sabor resulta insuperable. Respiros, abrazos, ánimos y ciaos.

Regreso a la estación de tren. Miro los horarios y decido esperar al siguiente tren. También decido esperar un par de horas un regreso. Pero éste no llega. Intento subir a un tren Intercity con dirección a Vicenza. El interventor dice que tengo que pagar 8€ en taquilla, y no me deja subir. En taquilla, las cosas cambian… Tengo que pagar 1€. Por un mísero euro tengo que estar una hora más en la stazione. También tengo que añadir que ha sido el único momento en todo el viaje en que he tenido que esperar más de media hora para coger un tren. No obstante, no sería la última vez que haría cola. En Italia siempre se hace cola para cualquier cosa. Aprovecho esa hora para comer un poco, un panino di prosciuto, en un bar cercano. Sabía a gloria.

Regreso a la estación y embarco en el tren, a las 15:57 horas. El tren llega puntual. Carrozza 319, Posti 31 corridoio. Mi sitio estaba ocupado. Da igual. Quizás una de las pocas cosas malas que tiene el interrail son los largos viajes que hay que hacer en todos los trenes. Pero eso es precisamente lo que me permite escribir. Para ser completamente honesto, tengo que advertir que las piernas acabadas en minifalda de la bellisima ragazza que tengo en frente me están haciendo perder la concentración, así que el carácter literario de estas líneas no tendrán ni el carácter ni el literario. Si le hubiera hecho una foto lo entenderíais.

Llego a Vicenza.