No sé, no sé… (I) Algo no va bien…
No creo que sea necesario decir, por parte de una persona como yo, que el mundo no funciona al ritmo que debería. Últimamente, gracias o por culpa de la maldita crisis (¡qué bonito eufemismo!), aparecen muchas voces críticas con el sistema. Cada persona con la que hablo, cada grupo pseudocientífico que aparece por internet, cada medio de comunicación, cada correo de spam que recibo, tiene su propia explicación acerca del origen de la crisis o una crítica a las medidas gubernamentales –y no gubernamentales- que se aplican.
Pero pocos son los que van un poco más allá de la situación actual.
Si debemos buscar un culpable, ese es el propio sistema económico-social-político. No ha sido la liberación del suelo, ni la deuda, ni la inacción del gobierno, ni la falta de control financiero quien ha generado esta situación. Ha sido el propio sistema, así completo, puesto todo en una bolsa y mezclado con un poco de sal y cebolla.
Nos hemos olvidado de quiénes somos.
El sistema capitalista actual falla por todas partes. El laissez faire –aunque exactamente no ha sido completamente así- ha demostrado que la responsabilidad que se debería exigir a estas palabras se omite sistemáticamente y de forma intencionada.
El mundo no va solo.
¡Toc, toc!
Otra vez el insomnio llama a mi ventana. Como soy una persona educada, abro diligentemente sus puertas y dejo que me lleve por sus tortuosos caminos.
Esto del insomnio puede parecer algo no demasiado bueno -y no lo es- pero realmente era lo normal en mi vida hace bastantes meses y durante muchos más. Así que, por un lado, no es algo completamente desconocido para mí, así que tampoco me asusta. Por el otro lado, ¡qué narices! ¡Estoy usando la cabeza de nuevo!
Y eso de usar la cabeza, que ya casi no me acordaba ni cómo se hacía, me permite pensar tanto en algoritmos de procesos como en tonterías para escribir por aquí. Incluso pienso en cosas peores aún.
Claro que lo ideal sería encontrar un punto medio, algún tipo de acuerdo que me permitiera pensar y dormir, sin necesidad de tener que hacerlo justo en el mismo momento.
De manos
Muy bíblico parece aquello de que “lo que haga tu mano izquierda…“… Me creo ser un especialista no en manos izquierdas -aunque también-, sino menos aún en manos derechas…
Así que… ¿qué es lo que digo ahora? Básicamente algo sobre la doble vida. Soy no un especialista, sino un campeón en dobles vidas. Y que me vengan con manos sólo cuando uso todo mi cuerpo y toda mi mente en ambas… Y es que durante mi vida he tenido una gran doble vida.
Y nunca he negado ser lo que soy. Tanto para lo mejor como para lo mismo bueno. El problema es que esta sociedad -que todos seguimos construyendo- afirma que solamente una vida tiene futuro.
Mi ocultación se basaba en las horas nocturnas… y en el paracetamol. Nunca tuve problema en estar en esas dos vidas. De todas formas, a nivel profesional, nunca nadie supo de mi otra vida, y a nivel personal, siempre es lo que quise.
Mi mano derecha no es sólo lo que quiere mi mano derecha. Siempre ha sido y seguirá siendo lo que yo sigo queriendo que sea. Mi mano izquierda… Sigue queriendo lo mismo.
Y todo esto aún habiendo idiotas que no saben que tienen dos manos.
Sabios consejos
Mi querida Ilusión -huida a tierras bárbaras- siempre me alerta de Deseo. “Ten cuidado con lo que deseas“, me dice. Pero yo, valiente o, lo que es lo mismo, inconsciente, no presto la adecuada atención que debería requerir una afirmación como ésta, tan cargada de advertencia premonitoria. He tenido tantas premoniciones y se han cumplido tan pocas que normalmente acostumbro a dejarlas en la sección de ciencias ocultas/parapsicología de la estantería.
Pero lo perverso de las premoniciones es cuando llegan a cumplirse. Es entonces cuando hay que escuchar cientos de veces eso de “¿lo ves? Te lo dije“. ¡Como si yo no fuera el personaje principal de mi relato!
Y es que en ocasiones lo que deseamos es lo que finalmente se cumple. Y llegamos a la conclusión de que el próximo anhelo será seleccionado con mucha más calma, después de haberlo consultado con la almohada unas cuantas veces, después de escribir una larga lista de condiciones, de pros y contras, fundamentalmente para evitar la letra pequeña que no leímos cuando se nos ocurrió la genial idea de decidir querer algo la última vez…
Pero por mucho que pienso que esta idea meditada sería mucho más práctica y fiable, acabo haciendo lo de siempre. ¡Venga a desear! Como si los deseos fueran gratis…
¡Y ya la hemos liado otra vez!
De todas formas, por muy caro que sea el precio a pagar -y en cómodos plazos mensuales- o por muchas situaciones indeseables no pactadas previamente, no podré nunca dejar de hacer algo que me tiene completamente enganchado (en parte esas son también las propias reglas de Deseo).
Y es que en el fondo no puedo dejar de desear. Y creo que nunca podré dejar de hacerlo.
(Ilustración: Consejo de madre. Fragmento. Ignacio Díaz de Olano. 1912).
Movimientos
Hoy es una fecha muy especial, demasiado especial e importante como para olvidarla. No. No puedo hacerlo y, en el fondo, lo importante, no quiero hacerlo.
Quizás lo más fácil para definir toda la vida y la obra de alguien sea hablar de períodos. Y aún no ha finalizado este mío.
Y llevo ya tres años en él.
Tres años de movimientos, de un lado para el otro, sin casa fija y casi sin hogar. Tres años cabalgando en la vieja oveja negra. Tres años deseando una misma cosa y haciendo de mi vida una mera ilusión de lo que deseo encarnizadamente, y con todas mis ganas y con todas mis fuerzas. Tres años huyendo de lo que creía que me perseguía, sabiendo, hoy, que el culpable señalado no era probablemente el apropiado. Quizás tendría que haber mirado un poco más adentro.
En el fondo no éramos tan diferentes. Tampoco hace falta escarbar demasiado como para no darse cuenta. Quizás las prisas o la locura no fueron las adecuadas. A lo mejor lo que no fue lo adecuado fue el deseo. Pero, ¿qué era lo adecuado?
Lo que sí sé es que hace tres años empecé a dar una larga vuelta de la que aún no he regresado. Hoy, tres años después, empiezo a preguntarme si realmente deseo regresar.
En ocasiones deseamos tanto ciertas cosas y damos todo lo que podemos y sabemos que, cuando vemos que sólo nos queda la esperanza o la utopía, ya no tiene sentido nada más. ¿De qué me serviría seguir viviendo si todo lo que me podría dar la vida nunca más voy a poder obtenerlo?
No es que quiera o no quiera, es que no puedo regresar. Llevo tres años deseando exclusivamente una cosa. No es que quiera o no quiera, es algo que me pertenece.
Y soy incapaz de dejarlo.
Y no quiero dejar de desearlo.
P.D.: Sigo vivo aunque sin mis musas. No sé adónde se fueron, quizás buscando jóvenes poetas malditos, quizás simplemente buscando simbolismos numéricos. Quizás se enamoraron de otro porque vieron que su trabajo conmigo ya había finalizado… Espero su regreso. Soy tan eficientemente paciente…
Hacerse mayor…
En la grave tormenta que asola la orilla de mi corazón desde hace tiempo, hoy ha llegado una buena noticia. No estaba dirigida a mí, pero me he alegrado de verdad.
Y también me ha dado que pensar.
¿Qué es lo que quiero?
Llevo bastantes días con esa pregunta. Me he visto obligado a tomar ciertas decisiones que creo no están ayudando y debo tomar algunas decisiones más. Son necesarios ciertos cambios, importantes, vitales.
Pero cambiar por completo una forma de vida es demasiado dificultoso. No sé ni por dónde empezar, aunque tengo bastante claro el qué. Voy a necesitar ayuda de mi salvadora. Tengo demasiado miedo a aceptar que llevo demasiados años equivocado.
Y le temo más aún al futuro.
Pero quizás algún día es necesario hacerse mayor…
… y espero pronto poder comprender qué significa hacerse mayor.
Responsabilidad
Desearía tanto tener la capacidad de eliminar algún día del pasado… Lo tenía prácticamente todo y, por un enorme error, una gran estupidez, lo he perdido. No me vale culpar a factores externos. Sólo yo he sido responsable de lo que he hecho y sólo yo tengo que pagar ese gran error. Aunque necesarias, las disculpas ya no valen para nada. Sólo sirve una cosa: la responsabilidad.
Y debo ser responsable y pagar lo que yo mismo he provocado. Hundirse en la culpabilidad y en la autocompasión no es un gran aliado, pero ahora mismo no me queda mucho más.
Desearía tanto dejar de tener miedo…
Niebla
A excepción de unos minutos en la tarde de ayer, una extensa niebla abraza con fuerza todas esas cosas humanas que fabricamos. Hace días que está presente y de momento no parece que vaya a rendirse. No sé cuándo voy a poder ver el cielo y a Apolo, o a mi querida Artemisa. Porque la niebla no sólo aparece de día y es de noche cuando adquiere un extraño color rosado.
Se ciñe con fuerza como si no quisiera perder los pantalones y hace que no pueda ver el horizonte. En el fondo, es ese horizonte el que nos señala de alguna manera la libertad, el camino a seguir para conseguir nuestras metas.
Así que cancelo mis metas, mi futuro, mi libertad. Perder, aunque momentáneamente, todo eso hace que me sienta un poco desorientado, aunque con la esperanza de que algún día, no demasiado lejano, vuelva a salir el sol.


