Habrá siempre girasoles…

girasolHabrá siempre girasoles. Los llevarás por la calle, andando, feliz y orgulloso. Es así como te veo”.

(Una frase, en una ocasión, en un momento).

En los momentos de duda siempre acostumbro a hacer dos cosas: consultar el diccionario de la RAE y mirar atrás.

Eso me ayuda a recordar quién soy y adónde voy.

Melancolía

"Saturno nos condena a morir y a renacer, siempre a morir y renacer de entre las cenizas del mal, y el hombre está inerme frente a su poder. El tiempo que no cesa de comenzar. Se tiene la tentación de invocar la protección de Júpiter, de trastocar la ley de los planetas, pero los anillos de Saturno acaban envolviéndonos con su arte melancólica”. Sealtiel Alatriste.

Melancolia I, Durero

Mi mente siempre ha sido un problema. Sé en qué lugares erra, conozco sus defectos y sus imperfecciones. Domino sus carencias y sus equívocos.

Como un gesto prácticamente automático, tiendo a protegerme con todo tipo de amuletos, objetos valiosos geométricos, balanzas, compases, relojes de arena, reglas, escaleras de siete peldaños, cuadrados mágicos cuya constante mágica suma 34…

Incluso Saturno me concede el don de la reconciliación, ofreciéndome un cometa bajo el arcoíris…

Su nieto, Vulcano, me ofrece diversas herramientas de carpintería para tener la posibilidad de crear objetos útiles, o inútiles si ése es mi deseo…

También se me obsequia con una pluma y un tintero.

Pero todo eso, en esta noche de fuegos y hogueras, no sirve para nada. Esta noche me siento incapaz de resolver el problema, o de desecharlo. En esta noche de desequilibrio de bilis negra, no importa el problema. El vacío de los ojos observando a ningún sitio señala el lugar en donde duelen las cosas que causan hastío.

Quizás esta noche de liberaciones y redenciones, de fuegos y hogueras, esta larga noche de luchas y excarcelaciones de Ayalgues, de sangre y muerte, esta eterna noche de cautiverios y sumisiones, de oscuridad y tinieblas… quizás esta perpetua noche llegue algún día a su fin.

(Imagen: Melancolía I. Alberto Durero)

No sé, no sé… (IV) El #19J y yo…

19-j 2Mis padres hoy celebran que hace 50 años firmaron un papel. Bodas de oro, que dicen. Lo importante es que nos juntaremos toda la familia: mis padres, mis hermanos con sus respectivas y sus hijas.

Y yo.

Aunque parezca extraño, me placen estas comidas familiares.

Los años pasan, los niños –más bien las niñas- aparecen y comienzan su particular carrera vital. Una carrera en un circuito que ni han creado ni es suyo, en donde la única estrategia posible es tragar saliva, apretar el culo y resignarse. Quizás tengan suerte. Quizás no. Y correr.

Hoy tocará hablar del llamado Movimiento 15-M, de la violencia de estado, de las criminalizaciones y de las manipulaciones, del Pacto del Euro, de la representatividad, de la crisis, de la corrupción y la revolución…

Mis hermanos han tenido suerte: a uno le han rebajado el sueldo sólo un 5% y al otro sólo un 15%. Son funcionarios.

Sus hijas no tendrán esta suerte.

Hoy me tocará justificar por qué voy a manifestarme, aun sin entender por qué debería dar explicaciones.

No me voy a manifestar por mis padres. Ellos ya han conseguido sobrevivir una vez y no me cabe duda de que lo volverían a hacer antes de que se cumplan las estadísticas.

No me voy a manifestar por mis hermanos. Ellos están tan metidos en el sistema y participan tan directamente en y de él que consideran que las críticas al sistema son críticas personales.

Tampoco me voy a manifestar por mí. Creo que mi vida ya está totalmente perdida.

Voy a manifestarme por mis sobrinas. Aún puede haber alguna esperanza con ellas.

Las reivindicaciones del llamado Movimiento 15-M me parecen insuficientes para mis ideales, pero sí me parecen un buen inicio –además de lógicas y justas. Creo que el sistema está tan bien atado que resultaría extraordinariamente difícil supeditar la codicia personal de directivos de grandes corporaciones a los beneficios de una sociedad libre, igualitaria, equitativa, culta y, en definitiva, feliz. Sé que el cambio es extraordinariamente difícil y, probablemente, no se consiga. Pero creo que debo estar ahí.

No es por mis padres, ni por mis hermanos, ni por mí. Es por mis sobrinas.

Dentro de 20 años podré decirles que yo estuve allí.

Dentro de 20 años podré decirles que, por lo menos, lo intenté.

Una de las mejores fotos de estos días…

(Foto tomada el 20/05/2011 en la acampada de Murcia por Sergi MD. Licencia Creative Commons Attribution)

Jornada de reflexión

No les votes

No sé, no sé… (III) De extraños condicionamientos

Justicia_DesnudaGracias al condicionamiento operante, las familias han tenido más facilidades para educar a sus hijos. Mi madre y mi hermano mayor también fueron de esas familias que utilizaron sus beneficios. No obstante, si bien a la primera le parecía más útil el castigo, el segundo estaba más interesado en el refuerzo positivo. Realmente esta última es la que, con el tiempo, he considerado la más útil de las formas de aprendizaje.

A través de ese refuerzo positivo de mi hermano mayor, aprehendí, inconscientemente, un valor que me parecía fundamental: justicia. Crecí con ese valor en algún lugar, por aquí dentro, dentro de algo que no tengo demasiado claro. Cuando las recompensas y los castigos se aplicaban con justicia, tanto unos como otros resultaban más gratificantes o llevaderos.

Si bien prácticamente durante toda mi vida me ha parecido un valor loable, creo que ha llegado un momento en el que debería eliminarlo de mi lista de valores.

Y es que la justicia sólo sirve para defender una serie de intereses, la mayor parte de los cuales son económicos. Cuanto más justa es una sociedad, menos leyes tiene. Básicamente no las necesita.

Cuando al niño se le refuerzan las acciones positivas, tiende a repetirlas; cuando simplemente se le castiga, tiende a ocultarlas. Y cuando las acciones se ocultan se tiende a tirar de leyes.

Porque las leyes no sólo sirven para leerse y perderse, sirven para castigar. Ese es el verdadero motivo de una ley: el castigo.

Sólo hay una curiosa excepción: las leyes no castigan a los que han promulgado o incitado a promulgar esas mismas leyes. Ni siquiera castigan a quienes las aplican injustamente –aunque haya también un apartado legal para esos casos.

Creo que mi hermano mayor se equivocó. Hubiera sido mejor una enseñanza basada en la corrupción, en el soborno, en el dinero y en su blanqueo, en el poder, en estar por encima del bien y del mal, en la creencia de que todos los recursos y todos los beneficios son míos, en la explotación laboral, en defraudar, en la especulación… Quizás ahora hubiera podido ser alcalde, ministro o presidente…

Mi hermano mayor tendría que haberme enseñado a ser un canalla.

La justicia no es aquello que aprendí siendo niño; la justicia es una bella ramera con extraños compañeros de cama.

De penitencias…

Mi cuerpo lleva ya cuatro noches sin querer dormir. Lástima que a mi cerebro no le acabe de gustar demasiado esta situación.

No sé si son los fantasmas del pasado, del presente o del futuro los que vienen a visitarme, o todos ellos a la vez.

No sé si es la rabia, la impotencia, los olores o el silencio.

No sé si son las ganas de hablar o las ganas de callarme.

Y aún no sé cuándo voy a resucitar de una maldita vez, aunque tengo ya unas ganas… A ver si es que necesito caer un poco más…

Lo que sí sé, de eso estoy seguro, es que es mi particular procesión de semana santa.

De crisis…

crisis-thumb19023189No desconozco los bajones, esos pequeños períodos en los que una persona tiene tantas cosas en la cabeza, tanta rabia acumulada, tanto desasosiego, tantos recuerdos y tanta culpabilidad, que, indiscutiblemente, las noches se convierten en prolongaciones de los días y las mañanas, en noches.

Diálogo con la señora Justicia

v-for-vendettaEl ayuntamiento. Segunda versión.

- Hola, bella dama. Bonita noche, ¿verdad? Perdone mi intromisión. Quizás deseaba pasear, o sólo disfrutar de la vista. No importa. Es hora de que tengamos una charla. Ahh… olvidaba que no nos han presentado. Sra. Justicia… aquí “V”. “V”… aquí la Sra. Justicia. Hola, señora Justicia.

- Buenas noches, V.

- Ya está. Ya nos conocemos. Soy admirador suyo desde hace tiempo. Oh, sé lo que piensa. “El pobre chico está loco por mí…” Lo siento, madame. No es así en absoluto. La admiraba… aunque a distancia. La miraba desde la calle cuando era chico. Le decía a mi padre “¿Quién es esa dama?” y me contestaba, “es la señora Justicia”. Y le decía “¿No es bonita?”. No era sólo algo físico. Sé que no es de esas. No, la amaba como persona, como ideal. Eso fue hace mucho. Ahora hay alguien más.

-¿Qué? ¡V! ¿Me has traicionado por una ramera vanidosa de labios pintados y sonrisa incitante?

- ¿Yo? ¡Disiento! ¡Fue tu infidelidad la que me echó en sus brazos! ¡Ah-ha! Te sorprendí, ¿eh? Pensabas que no sabía lo tuyo. Pues lo sé. ¡Lo sé todo! No me sorprendió. Siempre te gustaron los uniformes.

- ¿Uniformes? No sé de qué me hablas. Tú siempre fuiste el único, V…

- ¡Mentirosa! ¡Zorra! ¡Ramera! ¿Niegas que te lanzaste a sus brazos y sus botas? ¿Te comió la lengua el gato? Eso parece. Te has mostrado por fin. Ya no eres mi justicia. Ahora eres su justicia. Te acostaste con otro.

- ¡Sniff! ¿Q-quién es ella, V? ¿Cómo se llama?

- Se llama Anarquía. ¡Y me ha enseñado más que tú como mujer! Me ha enseñado que la justicia es inútil sin libertad. Es honesta. No hace promesas ni las rompe como tú, Jezabel. Me preguntaba por qué no me mirabas a los ojos. Ahora lo sé. Adiós, querida. Me entristecería por nuestra separación, pero ya no eres la mujer que amaba.

Las llamas de la libertad, qué hermosas. Ahh, mi preciosa, Anarquía…

Hasta ahora no conocía tu belleza.

(Fragmento de V de Vendetta)

No sé, no sé… (II) Dónde estamos

cunaDicen que nací siendo niño.

La verdad es que a mi me daba exactamente igual, pero parece ser que no al resto del mundo. Sin saber el porqué, me pusieron sábanas azules en la cuna. Yo pensaba que a algunos les tocaba un color y a otros no o, como mi familia no tenía mucho dinero, no podía permitirse comprar sábanas de otros colores…

Con el tiempo me enteré de que los colores de las sábanas se escogieron así porque yo era un niño.

No lo entendí.

Afortunadamente, en uno de los libros de texto de primaria había un dibujo de un niño y una niña desnudos, sin ropa. Gracias a ese dibujo empecé a comprender cómo funcionaba el mundo.

Mis sábanas eran azules porque yo no tenía coletas.

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