Archivo de la categoría ‘Tristezas’

Regresos

Marcho con proporciones semejantes de alegría y tristeza. Sólo he conseguido cumplir completamente con uno de los objetivos principales. Hay otros que he conseguido sólo a medias, aún me faltaría un poco más de tiempo. De otros objetivos tendría todavía que preguntarme cuáles son.

Pero los regresos, aunque la batalla haya resultado victoriosa, siempre son frustrantes. Un guerrero no hace nada en su casa, con su mujer y sus hijos. El guerrero necesita guerrear.

Curiosamente, no tengo la sensación de regresar, sino la de marchar.

Mi estrella

¿Dónde se ha escondido mi estrella? ¿Por qué se ha ido? Me gustaba saber que tenía una pequeña estrella que cuidaba de mí –pequeñita pero firme- y que no iba a soltarme de la mano. He salido a lo poco que queda de playa a sentarme al lado de mi querido mar y la he intentado localizar.

Ya no estaba. Ha cogido las maletas mientras yo dormía el sueño de la realidad del día y ya no ha vuelto más. Ahora soy huérfano de estrella. Y, como bien sabemos, sin estrella no se puede vivir.

Ni soñar.

Quizás haya tenido que marchar y la volveré a ver mañana. O quizás éstas son sólo palabras de autoengaño y consuelo. Lo más probable es que se haya ya cansado de mí, de mi tristeza, de mi pena, de mi apatía sistémica. Las estrellas sólo aparecen cuando hay esperanza -no son como los dioses, que desaparecen cuando dejamos de creer en ellos- y por eso hay tantas en los cielos nocturnos. Tantas como esperanzas.

Pero hoy, esta noche, cuando alcéis vuestro ojos a los cielos, veréis que falta una.

De sacrificios

¿Cómo se hace para seguir luchando, cuando piensas que nada tiene ya sentido?

¿Cómo se hace para seguir adelante, cuando crees que un malvado diablo te ha arrancado un trozo de ti y ahora, tullido, te cuesta mucho más caminar?

¿Cómo se hace para convencerte de que nada ha pasado, de que todo lo sucedido no era nada más que un sueño y ahora te acabas de despertar? ¿Cómo se hace ahora para probar que nada era real, que todo ha sido una maldita mentira?

¿Cómo se hace para no decirle a alguien que la quieres, cuando la quieres con toda tu alma?

Sólo Chronos es capaz de responder estas preguntas. Otra cosa es que lo haga. Sólo sé que ahora he cambiado de dueño y soy ahora su esclavo. De él dependo totalmente y a él confío mi vida.

También confío en mis recuerdos, mis queridos recuerdos sesgados. Sé que no han existido, que todos son falsos, que me los he tomado como reales cuando eran un frágil castillo de arena. Pero quiero seguir recordándolos, aunque duelan. Quiero dar un sentido a todo lo que he hecho y estoy todavía haciendo, aunque a veces sea algo difícil. No puedo pensar que tantas decisiones, tantos cambios importantes en mi vida, no hayan tenido o tengan ningún sentido. No soy capaz, así de simple. No soy capaz y no me da la gana.

Nadie puede ver más allá de las decisiones que no entiende. Y en los próximos meses, tengo que volver a comprender que amor es sólo una palabra.

Esta noche

Esta noche es una de mis peores noches en varios años. Me han acusado injustamente de no tengo muy claro todavía qué. Es algo inexplicable y, a mi entender, totalmente injusto, arbitrario y caprichoso. Pero duele, duele mucho. Nadie de la gente que me conoce me acusaría de lo que me han acusado esta noche, no sólo los pocos amigos, sino también los meros conocidos. Repito: Nadie. Con 19 años era posible una acusación así, lo reconozco, pero en los 12 años siguientes me he dedicado a mejorar y a ser lo que soy. He aprendido  muchas cosas -sigo aprendiendo- y, paradójicamente, hay gente que dice que lo que más aprecia de mí es precisamente lo contrario de lo que me han acusado.

Abatido.

Lo peor es que entiendo el porqué de esta imputación. Mientras no se solucione esa situación, no cesarán los ataques absurdos contra mi persona. Pero yo no puedo hacer mucho. El sentimiento de culpabilidad anula en ocasiones el raciocinio.

Y precisamente, lo inexplicable ha sucedido esta noche, cuando mañana parto para Italia. He pensado en cancelar el viaje, pero no voy a darle tanta importancia. No merece la pena. La felicidad es darse cuenta de que nada es demasido importante, e intentaré que así sea.

Me iré a dormir pronto, que mañana tengo que hacer muchas cosas y no tengo fuerzas para hacerlas ahora, y porque la almohada me revitaliza. Es la que más me quiere.

Mañana también tengo que escribir la pre-, como en cada viaje.

Sin corazón

Corazón negroDespués de los excesos laborales de marzo empezaba a vislumbrar de nuevo las luces de mis sueños. Pero, por lo visto, todo ha quedado truncado esta noche, aunque la dolencia de esta noche está ligada a ese marzo y a ese abril horribles. Fueron unos meses terribles, pero lo peor estaba todavía por llegar.

Compruebo que los motivos que me convencieron para tomar ciertas decisiones sólo se basan en castillos de arena. Fue una apuesta demasiado alta. Y es una apuesta que tendré que ir pagando hasta fin de año, quizás un par de meses más. No más.

Me encantaría, más que nunca, ser un zombie lo que queda de año. Me encantaría no sentir. No sentir nada. Absolutamente nada. Disfrutaría siendo indiferente. Todo sería más llevadero.

Esta noche intento culpar a otros zombies. Les intento culpar de las decisiones que yo mismo he tomado, de forma libre y autónoma. Es cierto que no somos ajenos a lo que pasa a nuestro alrededor, pero las decisiones siempre son nuestras. Y con ellas viene nuestra responsabilidad. Es injusto culpar a los demás.

Así que ahora mismo me veo en una auto-recusación, cargada completamente de ironía. Me autorrecuso por sentir… Precisamente recibí alguna crítica por hacer precisamente lo contrario en un pasado. Y ahora que siento… No solamente no sirve para nada beneficioso, sino que parece que sea una diana contra la cual se pueden tirar dardos afilados. Cuanto más se ama más duelen esos dardos.

En el fondo se vive mejor sin corazón. Espero volver a perderlo algún día, quizás para fin de año, quizás un par de meses más. No más.

Idiota

Me he comportado como un idiota. Soy idiota. Hace poco intentaba convencerme de que ciertos problemas podía controlarlos, pero veo que no. Veo que todavía hay peligros que acechan a mi alrededor y no puedo dominarlos.  A lo mejor lo que tengo que hacer es tomar una decisión salomónica. Quizá es lo mejor.

Sólo sé que al día siguiente todo duele. Duele mucho.

Dolor

cabeza.jpg

La enfermedad duele más cuando no hay besos en la frente, cuando nadie te hace arroz blanco, cuando nadie te prepara un zumo de naranja, cuando nadie te pone la mano en la frente… El dolor de cabeza es más punitivo en soledad.

Decepción

La continua negación de lo obvio es el refugio de los irresponsables. Hay cosas que pueden negarse (la clásica chuleta que te pilla el profe) y hay Cosas (en mayúsculas) que no deberían negarse nunca. Malditas manías sociables de quedar siempre bien con la gente… Prefiero una verdad dolorosa que una maldita mentira. A simple vista, todo el mundo puede estar de acuerdo con esta afirmación, pero he vivido y sufrido en mis carnes la hipocresía de quienes la afirman. En ocasiones soy un borde por decir lo que pienso (afortunadamente, con el tiempo he aprendido a callarme muchas cosas) -precisamente este sábado estuve hablando de esto con una posibilidad de amigo- y en ocasiones la gente se me enfada. Sinceridad sí, pero hasta cierto punto.

Sé lo que puede llegar a doler una mentira, así que no acostumbro a mentir, aunque la misma verdad ya duela por sí misma. Y la sinceridad no es sólo una cosa que deseo. La sinceridad es una cosa que exijo. Es la norma número uno para que mi cabeza permita que la gente se acerque a mí. Y en eso soy bastante radical, como en otras cosas.

Si no hay ganas de contarme una maldita verdad, se me puede decir que no hay ganas de explicarla, o que no se quiere. Pero nunca, repito, nunca, acepto la afirmación de un sinsentido. No me sirven las excusas baratas ni las mentirijillas piadosas.

Rutinas

doll_injury.jpgDe nuevo a la maldita rutina. Una rutina demasiado dura, con poco sueño y totalmente insatisfactoria, aunque interesante. Realmente estoy durmiendo muy poco, demasido poco. Hace un par de semanas que tengo unos dolores de espalda demasiado dolorosos. No me queda mucho dinero. Me aburro sobremanera los fines de semana. Pero lo más duro, lo peor de todo es no poder hacer ciertas cosas que deseo porque no quiero hacerme daño ni hacer daño a los demás. Son muy duros los fines de semana, sobretodo si se me abren los ojos a las 8 de la mañana y me doy cuenta de que me he quedado dormido en el sofá. Me cansa vivir sólo de recuerdos.

Desaparecer

dark_alley.jpgDe vez en cuando me entran ganas de marcharme bien lejos, sin decir nada a nadie. Desaparecer, sin más, y empezar de nuevo de cero, hasta que de nuevo me entren ganas de volverme a marchar. Vía Messenger ya he desaparecido más de una vez, aún estoy desaparecido en alguna cuenta, y, si lo pienso un poco, tengo amigos que sólo conozco y me comunico a través de ese sistema. Una desaparición virtual supone, en este caso, una desaparición real. No todos me han esperado. Tampoco se lo reprocho.

Pero el motivo no es porque esté mal, sino quizás porque tengo demasiadas expectativas y esperanzas de estar mejor. Quizás sea sólo una manera de pedir algo, aunque sin saber exactamente el qué. Quizás sea para decir que estoy aquí. Quizás es para comprobar en mis carnes que puedo desaparecer. No pienso preocuparme por el motivo, ni por otros.

Statistical data collected by Statpress SEOlution (blogcraft).