Archivo de la categoría ‘Tristezas’
Ouroboros
¿Cuánto tiempo debía pasar antes de que el Eterno Retorno retomara sus pasos de nuevo?
Como siempre, sin prisas, la Rueda de la Fortuna sigue con sus andaduras, con sus giros, con su vida. Sólo hace lo que sabe hacer: Rodar.
Y sólo rueda. Sólo era cuestión de tiempo y, mi tiempo, el mío…
Ha llegado.
Sólo era cuestión de tiempo…
Sólo eso.
Melancolía
"Saturno nos condena a morir y a renacer, siempre a morir y renacer de entre las cenizas del mal, y el hombre está inerme frente a su poder. El tiempo que no cesa de comenzar. Se tiene la tentación de invocar la protección de Júpiter, de trastocar la ley de los planetas, pero los anillos de Saturno acaban envolviéndonos con su arte melancólica”. Sealtiel Alatriste.

Mi mente siempre ha sido un problema. Sé en qué lugares erra, conozco sus defectos y sus imperfecciones. Domino sus carencias y sus equívocos.
Como un gesto prácticamente automático, tiendo a protegerme con todo tipo de amuletos, objetos valiosos geométricos, balanzas, compases, relojes de arena, reglas, escaleras de siete peldaños, cuadrados mágicos cuya constante mágica suma 34…
Incluso Saturno me concede el don de la reconciliación, ofreciéndome un cometa bajo el arcoíris…
Su nieto, Vulcano, me ofrece diversas herramientas de carpintería para tener la posibilidad de crear objetos útiles, o inútiles si ése es mi deseo…
También se me obsequia con una pluma y un tintero.
Pero todo eso, en esta noche de fuegos y hogueras, no sirve para nada. Esta noche me siento incapaz de resolver el problema, o de desecharlo. En esta noche de desequilibrio de bilis negra, no importa el problema. El vacío de los ojos observando a ningún sitio señala el lugar en donde duelen las cosas que causan hastío.
Quizás esta noche de liberaciones y redenciones, de fuegos y hogueras, esta larga noche de luchas y excarcelaciones de Ayalgues, de sangre y muerte, esta eterna noche de cautiverios y sumisiones, de oscuridad y tinieblas… quizás esta perpetua noche llegue algún día a su fin.
(Imagen: Melancolía I. Alberto Durero)
No sé, no sé… (III) De extraños condicionamientos
Gracias al condicionamiento operante, las familias han tenido más facilidades para educar a sus hijos. Mi madre y mi hermano mayor también fueron de esas familias que utilizaron sus beneficios. No obstante, si bien a la primera le parecía más útil el castigo, el segundo estaba más interesado en el refuerzo positivo. Realmente esta última es la que, con el tiempo, he considerado la más útil de las formas de aprendizaje.
A través de ese refuerzo positivo de mi hermano mayor, aprehendí, inconscientemente, un valor que me parecía fundamental: justicia. Crecí con ese valor en algún lugar, por aquí dentro, dentro de algo que no tengo demasiado claro. Cuando las recompensas y los castigos se aplicaban con justicia, tanto unos como otros resultaban más gratificantes o llevaderos.
Si bien prácticamente durante toda mi vida me ha parecido un valor loable, creo que ha llegado un momento en el que debería eliminarlo de mi lista de valores.
Y es que la justicia sólo sirve para defender una serie de intereses, la mayor parte de los cuales son económicos. Cuanto más justa es una sociedad, menos leyes tiene. Básicamente no las necesita.
Cuando al niño se le refuerzan las acciones positivas, tiende a repetirlas; cuando simplemente se le castiga, tiende a ocultarlas. Y cuando las acciones se ocultan se tiende a tirar de leyes.
Porque las leyes no sólo sirven para leerse y perderse, sirven para castigar. Ese es el verdadero motivo de una ley: el castigo.
Sólo hay una curiosa excepción: las leyes no castigan a los que han promulgado o incitado a promulgar esas mismas leyes. Ni siquiera castigan a quienes las aplican injustamente –aunque haya también un apartado legal para esos casos.
Creo que mi hermano mayor se equivocó. Hubiera sido mejor una enseñanza basada en la corrupción, en el soborno, en el dinero y en su blanqueo, en el poder, en estar por encima del bien y del mal, en la creencia de que todos los recursos y todos los beneficios son míos, en la explotación laboral, en defraudar, en la especulación… Quizás ahora hubiera podido ser alcalde, ministro o presidente…
Mi hermano mayor tendría que haberme enseñado a ser un canalla.
La justicia no es aquello que aprendí siendo niño; la justicia es una bella ramera con extraños compañeros de cama.
De crisis…
No desconozco los bajones, esos pequeños períodos en los que una persona tiene tantas cosas en la cabeza, tanta rabia acumulada, tanto desasosiego, tantos recuerdos y tanta culpabilidad, que, indiscutiblemente, las noches se convierten en prolongaciones de los días y las mañanas, en noches.
Responsabilidad
Desearía tanto tener la capacidad de eliminar algún día del pasado… Lo tenía prácticamente todo y, por un enorme error, una gran estupidez, lo he perdido. No me vale culpar a factores externos. Sólo yo he sido responsable de lo que he hecho y sólo yo tengo que pagar ese gran error. Aunque necesarias, las disculpas ya no valen para nada. Sólo sirve una cosa: la responsabilidad.
Y debo ser responsable y pagar lo que yo mismo he provocado. Hundirse en la culpabilidad y en la autocompasión no es un gran aliado, pero ahora mismo no me queda mucho más.
Desearía tanto dejar de tener miedo…
Regreso al pasado
Hace dos años tomé ciertas decisiones. Nadie me obligaba a hacerlo, pero me vi en el deseo y en la necesidad de tomarlas. Dos años después, aún no me he recuperado. Las cosas han ido cada vez peor y, aunque en momentos de crisis siempre he tomado la decisión de largarme, esta vez no puedo hacerlo. Y ahora no es que tenga que tomar una decisión, ya la he tomado porque no tengo más narices, simplemente tengo que comprenderla.
Me da mucho miedo. La situación es ya insostenible, y me estoy acercando demasiado a un pasado muy doloroso, a un pasado sin presente ni futuro. Y voy a perder todo lo que tengo, que no es nada, pero que me gusta.
Necesito ayuda, aunque no la pida ni tenga intención de hacerlo –y que seguramente rechazaría. De todas formas no entiendo cómo sigo pensando en que alguien puede llegar a ser capaz de ayudarme. Supongo que son cosas de la maldita esperanza.
Sólo sé que en los últimos días y en los días venideros estoy más cerca de la bañera que de la resignación.
El abuelo
Duele. Todo duele. Sólo espero, aunque no tengo claro el qué. Espero y no pasa nada. Nunca pasa nada. Los recuerdos vienen a mi mente y las ganas ansiosas de volver atrás. Hago vida de abuelo, sin manta ni mando a distancia. Tengo tantas ganas de que el mundo se porte bien conmigo…
La última caída fue muy dura, muy dolorosa y, pese a los 10.000 Km que recorrí, no he conseguido curar todas mis heridas. Hay cicatrices que dejan marca, heridas demasiado profundas para ser salvadas. Y tengo que acostumbrarme a vivir con ellas. Siempre lo hago.
Pero donde hay cicatriz la piel nunca vuelve a ser igual.
Hagamos un trato

Finalmente, se ha ido sin hacer ningún estruendo, como él quería, y hemos aprendido que la literatura siempre tiene que ver con la vida. Es imposible imaginarse la una sin la otra. Hagamos un trato, Mario, yo seguiré pensando en la utopía y tú, de mientras, me cuidas de las flores y de los amaneceres.
Cuando sientas tu herida sangrar
cuando sientas tu voz sollozar
cuenta conmigo.
(de una canción de Carlos Puebla)
Compañera,
usted sabe
que puede contar conmigo,
no hasta dos ni hasta diez
sino contar conmigo.
Si algunas veces
advierte
que la miro a los ojos,
y una veta de amor
reconoce en los míos,
no alerte sus fusiles
ni piense que deliro;
a pesar de la veta,
o tal vez porque existe,
usted puede contar
conmigo.
Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo,
no piense que es flojera
igual puede contar conmigo.
Pero hagamos un trato:
yo quisiera contar con usted,
es tan lindo
saber que usted existe,
uno se siente vivo;
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos,
aunque sea hasta cinco.
No ya para que acuda
presurosa en mi auxilio,
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.
Tontadas
Nunca me gusta pensar que mis decisiones han sido erróneas pero ahora, más que nunca, creo que regresar a España ha sido un grave error. No es por la crisis, ni por la gente, ni por el dinero… es por la puta esperanza.
… mi esperanza fue demasiado lejos y el silencio inició la guerra…