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Algunas cosas sé…

Sé que tengo, ahora, ganas de escribir, aunque no tenga una idea concreta acerca de qué. Sé que tengo una ligera sensación de rabia, rozando el odio. Sé que estoy cansado, y que por eso me metí en la cama hace un par de horas. Sé que llevo demasiado tiempo con problemas de sueño.

Sé que sigo estando harto. Sé que hay gente que sigue recordándome esas cosas de la suerte: que hay que irla a buscar. Sé que no sé dónde comenzar a explorar y sé que no sé cómo hacerlo.

Sé que tengo ganas de escribir y, por la misma razón de estar harto, no lo hago.

Sé que soy bueno tratando mentes enfermas u obsesivas. Creo saber que nunca encontraré a alguien que trate la mía.

Sé que vuelvo a intentar ser mejor persona día tras días. Creo saber que no entiendo para qué. Tengo la ligera impresión de que los hijos de puta viven más felices.

Sé que deseo que la almohada de aquí al lado permanezca ocupada. Sé que no deseo que sea precisamente la almohada de esta misma cama.

Sé que me harta un poco fingir quien no soy. Las cosas que no hago no dejo de hacerlas porque no quiera, sino porque no quiero molestar, herir, abrumar, hartar, aburrir, agobiar o cabrear.

Sé muchas cosas y suelo callarlas por los mismos motivos anteriores. Sabiendo lo que sé, no entiendo porque hay quienes tratan de engañarme. Supongo porque no saben lo que soy capaz de saber. Sé que no es positivo saber todas esas cosas que sé.

Sé que estoy cansado de que no se me trate como yo trato. Sé también que nunca lo voy ni a pedir ni a exigir. Mi comportamiento es mío y el poder seguir siendo como soy ya tendría que ser suficiente motivo de satisfacción. Sé que, en ocasiones, una manita nunca viene mal. Sé que la necesito.

Sé que la gente dice que soy buena persona, demasiado sensible, que pienso demasiado, tranquilo y paciente, que mantengo conversaciones sin alterarme y que esas conversaciones pueden ser de cualquier tipo, que no tengo prejuicios, con un humor algo curioso pero humor a fin de cuentas.

Sé que tengo ganas de explotar, de comenzar a hablar y a escribir, sin miedos y con total libertad.

Sé que estoy harto de que se me haya tratado, creo, de forma injusta y que todo eso me vaya llevando a escribir textos como éste y a pensar cosas como éstas.

Finalmente, sé que ésta va a ser la última línea del post.

De saturaciones

Noticias, descubrimientos, raciocinios, pequeñas luces en la oscuridad, resoluciones, alegrías, dudas, miedos…

¿Cómo quiero pretender dormir con todo esto?

Estoy harto.

Harto de pasiones e intereses. Harto de baremos sesgados e incorrectos.

Harto de Deseo, harto de Sueño, harto de Delirio y de Desespero.

Harto de voluntaria Destrucción.

Harto de Destino.

Harto de saber y de comprender.

Harto de entender.

De patologías

feniletilaminaUn increíble ejército de neurotransmisores inundan todas las sinapsis de mi cerebro. Estas huestes, bajo la bandera de un extraño país llamado Feniletilamina, están consiguiendo potenciar una mayor segregación de dopamina, norepinefrina y oxitocina, entre otras. El resultado es nefasto.

La dopamina hace que mi frecuencia cardíaca y mi presión arterial aumenten, con los peligros que eso tiene. La norepinefrina, por su parte, además de hacer que mi presión arterial aumente, hace que aumente mi estado de vigilia. Si bien en estado de peligro podría ser bueno, cuando intento dormir produce efectos no deseados. La oxitocina, un péptido, está relacionada con los patrones sexuales; en otras palabras, estoy que me subo por las paredes.

Las catecolaminas, estos malditos neurotransmisores, me están matando por dentro, tanto en su función de neurotransmisores como en el de hormonas. Y no me permiten vivir tranquilo. El aumento de su actividad puede provocar fases maníacas, con el apoyo desinteresado de la feniletilamina, una anfetamina.

Necesito inhibir estos neurotransmisores. Y no sé cómo hacerlo.

Necesito retomar mi vida, donde la dejé, o, por el contrario, meterme una dosis más alta todavía de feniletilamina y ver qué sucede.

No tengo chocolate…

Deconstrucción…

DeconstrucciónSupongo que es porque quiero ser lo que no soy, ¿o será que lo que realmente quiero es no ser lo que las sitcoms y la educación recibida pretenden que sea? En este mismo contexto, ¿por qué desearé lo que creo que no puedo tener? ¿Pero realmente querría tenerlo o es porque realmente he aprehendido a querer tenerlo?

Debo comenzar un proceso de deconstrucción aunque, viviendo en sociedad, es bastante complicado. Pero desearía ser capaz de empezar de nuevo, en un nuevo mundo, con la capacidad de construir nuevos conceptos, sin necesidad de la historia ni de las metáforas. Hasta lo más sagrado no deja de ser una construcción social. Y me gustaría crear una nueva, probablemente dándole más importancia a lo social que al proceso constructivo.

Quiero dejar de ser racional, quiero dejar de ser lo que todavía hoy quieren que sea.

Ya hace años que yo ya no puedo ser así. Pero al no ser capaz de apartarme o, mejor aún, al no ser capaz de poner una barrera entre lo que veo y siento y lo que existe y sufro, me duele. Quizás nunca podáis llegar a saber cuán intenso es ese dolor.

O podría ser uno más y dejar de ser un alma atormentada.

O seguir aguantando.

A estas alturas no sé cómo se hace una cosa ni la otra…

(Imagen: Deconstrucción, Ángel Luís L. Villacañas. 2007)

No sé, no sé… (IV) El #19J y yo…

19-j 2Mis padres hoy celebran que hace 50 años firmaron un papel. Bodas de oro, que dicen. Lo importante es que nos juntaremos toda la familia: mis padres, mis hermanos con sus respectivas y sus hijas.

Y yo.

Aunque parezca extraño, me placen estas comidas familiares.

Los años pasan, los niños –más bien las niñas- aparecen y comienzan su particular carrera vital. Una carrera en un circuito que ni han creado ni es suyo, en donde la única estrategia posible es tragar saliva, apretar el culo y resignarse. Quizás tengan suerte. Quizás no. Y correr.

Hoy tocará hablar del llamado Movimiento 15-M, de la violencia de estado, de las criminalizaciones y de las manipulaciones, del Pacto del Euro, de la representatividad, de la crisis, de la corrupción y la revolución…

Mis hermanos han tenido suerte: a uno le han rebajado el sueldo sólo un 5% y al otro sólo un 15%. Son funcionarios.

Sus hijas no tendrán esta suerte.

Hoy me tocará justificar por qué voy a manifestarme, aun sin entender por qué debería dar explicaciones.

No me voy a manifestar por mis padres. Ellos ya han conseguido sobrevivir una vez y no me cabe duda de que lo volverían a hacer antes de que se cumplan las estadísticas.

No me voy a manifestar por mis hermanos. Ellos están tan metidos en el sistema y participan tan directamente en y de él que consideran que las críticas al sistema son críticas personales.

Tampoco me voy a manifestar por mí. Creo que mi vida ya está totalmente perdida.

Voy a manifestarme por mis sobrinas. Aún puede haber alguna esperanza con ellas.

Las reivindicaciones del llamado Movimiento 15-M me parecen insuficientes para mis ideales, pero sí me parecen un buen inicio –además de lógicas y justas. Creo que el sistema está tan bien atado que resultaría extraordinariamente difícil supeditar la codicia personal de directivos de grandes corporaciones a los beneficios de una sociedad libre, igualitaria, equitativa, culta y, en definitiva, feliz. Sé que el cambio es extraordinariamente difícil y, probablemente, no se consiga. Pero creo que debo estar ahí.

No es por mis padres, ni por mis hermanos, ni por mí. Es por mis sobrinas.

Dentro de 20 años podré decirles que yo estuve allí.

Dentro de 20 años podré decirles que, por lo menos, lo intenté.

Diálogo con la señora Justicia

v-for-vendettaEl ayuntamiento. Segunda versión.

- Hola, bella dama. Bonita noche, ¿verdad? Perdone mi intromisión. Quizás deseaba pasear, o sólo disfrutar de la vista. No importa. Es hora de que tengamos una charla. Ahh… olvidaba que no nos han presentado. Sra. Justicia… aquí “V”. “V”… aquí la Sra. Justicia. Hola, señora Justicia.

- Buenas noches, V.

- Ya está. Ya nos conocemos. Soy admirador suyo desde hace tiempo. Oh, sé lo que piensa. “El pobre chico está loco por mí…” Lo siento, madame. No es así en absoluto. La admiraba… aunque a distancia. La miraba desde la calle cuando era chico. Le decía a mi padre “¿Quién es esa dama?” y me contestaba, “es la señora Justicia”. Y le decía “¿No es bonita?”. No era sólo algo físico. Sé que no es de esas. No, la amaba como persona, como ideal. Eso fue hace mucho. Ahora hay alguien más.

-¿Qué? ¡V! ¿Me has traicionado por una ramera vanidosa de labios pintados y sonrisa incitante?

- ¿Yo? ¡Disiento! ¡Fue tu infidelidad la que me echó en sus brazos! ¡Ah-ha! Te sorprendí, ¿eh? Pensabas que no sabía lo tuyo. Pues lo sé. ¡Lo sé todo! No me sorprendió. Siempre te gustaron los uniformes.

- ¿Uniformes? No sé de qué me hablas. Tú siempre fuiste el único, V…

- ¡Mentirosa! ¡Zorra! ¡Ramera! ¿Niegas que te lanzaste a sus brazos y sus botas? ¿Te comió la lengua el gato? Eso parece. Te has mostrado por fin. Ya no eres mi justicia. Ahora eres su justicia. Te acostaste con otro.

- ¡Sniff! ¿Q-quién es ella, V? ¿Cómo se llama?

- Se llama Anarquía. ¡Y me ha enseñado más que tú como mujer! Me ha enseñado que la justicia es inútil sin libertad. Es honesta. No hace promesas ni las rompe como tú, Jezabel. Me preguntaba por qué no me mirabas a los ojos. Ahora lo sé. Adiós, querida. Me entristecería por nuestra separación, pero ya no eres la mujer que amaba.

Las llamas de la libertad, qué hermosas. Ahh, mi preciosa, Anarquía…

Hasta ahora no conocía tu belleza.

(Fragmento de V de Vendetta)

Niebla

niebla A excepción de unos minutos en la tarde de ayer, una extensa niebla abraza con fuerza todas esas cosas humanas que fabricamos. Hace días que está presente y de momento no parece que vaya a rendirse. No sé cuándo voy a poder ver el cielo y a Apolo, o a mi querida Artemisa. Porque la niebla no sólo aparece de día y es de noche cuando adquiere un extraño color rosado.

Se ciñe con fuerza como si no quisiera perder los pantalones y hace que no pueda ver el horizonte. En el fondo, es ese horizonte el que nos señala de alguna manera la libertad, el camino a seguir para conseguir nuestras metas.

Así que cancelo mis metas, mi futuro, mi libertad. Perder, aunque momentáneamente, todo eso hace que me sienta un poco desorientado, aunque con la esperanza de que algún día, no demasiado lejano, vuelva a salir el sol.

Insomnio

aqueronte

Te necesito ahora, Aelo, más que nunca. Ni Ayalgues, ni Morfeos, ni Iquelos, ni Fantasos, ni Ilusiones van a venir a por mí. Necesito que liberes mi alma atormentada, que me arranques de las garras de mis demonios. Sácame del Tártaro y llévame a reposar bajo el plácido manto de Nix.

Sé que Cloto, Láquesis y Átropos marcaron hace tiempo mi destino, y ni en cielos ni en infiernos puedo esconderme. Ayúdame, Aelo, a romper con los destinos. Sólo hay una manera, lo sabemos muy bien. Llévame más allá del Aqueronte, invoquemos a la anciana Caos e iniciemos nuevos dioses.

Mis cómics ya no son como los cómics

Me gustaría ser un héroe. Me gustaría saltar por la ventana con algún disfraz ridículo y un gran antifaz negro y darle su merecido a quien lo merezca. Sería feliz sabiendo que soy un defensor de la justicia y de la bondad, ajustando cuentas con quienes se atreven a inundarlo todo con el mal. Un héroe bueno, justo, equitativo, con el fin último de dar un sentido a esos mismos adjetivos.

De niño -y no tan niño- siempre soñaba con eso. Soñaba con que era un héroe. Eran prácticamente mis únicos sueños o, al menos, los únicos que recordaba por la mañana. Y el sueño finalizaba con un gran beso entre el protagonista -yo mismo- y la chica, que siempre tenía que haber una.

Soñaba todo esto y me sentía feliz. Pensaba que algún día, cuando fuera mayor, podría defender a quienes menos tienen, podría defender la justicia y poner mi granito de arena para que el mundo fuera a más y mejor -y los besos, claro.

BesoPero, aún sin haber conseguido ser mayor del todo, me he dado cuenta de que el cómic que dibujo y escribo a medida que me van sucediendo las cosas, no es como los cómics que leía de niño.

En mis cómics ya no hay héroes. Ni héroes ni princesas. En mis sueños, tampoco. La justicia brilla por su ausencia y las chicas sólo dan besos a cambio de dinero. El brillante y bonito -aunque ridículo- traje se ha convertido en un par de tejanos raídos y en alguna camisa sucia y maloliente, y con algún agujerito de cigarrillo, o con algunos.

Mis historias ya nada tienen que ver con la defensa de los afligidos. El protagonista ya no recibe besos agradecidos, ni consigue a la chica. Tampoco salta por la ventana. Ahora son los malos los que suben a la ventana para robarle algo al héroe. Apenas come, apenas duerme, apenas sale de casa…

En mis historias, el héroe, en lugar de ir a buscar la acción, se queda en su casa esperando a que alguien la traiga, aunque nunca suene el timbre de la puerta. El héroe se queda horas mirando por la ventana, para que pueda ver inmediatamente en el cielo una señal de llamada. Y también se mira al espejo. Habla con su imagen reflejada. Le pregunta qué es lo que debe hacer. Nunca obtiene respuesta. Mi héroe piensa todos los días en si no sería mejor para todos colgar las botas, condenarse al ostracismo y no regresar jamás.

Pero, con todo esto, el héroe aún tiene la maldita esperanza de que quizás algún día pueda volver a soñar con que es un héroe.

Y yo tengo la maldita esperanza de que quizás algún día pueda volver a dibujarlo.

Y los besos, claro…

De delirios de Venganza y Honor

–No puedo dormir. Eso no es ninguna novedad. Desde hace un tiempo suelo tener problemas de sueño. Antiguamente también los tenía. Lo único visible mañana serán las ojeras, así que tampoco es tan grave. Lo que no se ve sólo existe en mentes de enfermos, retorcidos y suicidas.

Hace unos meses que no recuerdo lo que sueño, pero en las dos últimas semanas he vuelto ha recordar pequeños fragmentos de sueño. Es muy poco tiempo lo que recuerdo, apenas unos segundos, si llegan al segundo. Me duelen. Son como pesadillas de tema repetitivo y molesto; y en seguida me despierto, con una sensación de ansiedad. Sudando, por supuesto, como en un buen delirio. El pasado no quiere dejarme ir. No me permite mirar hacia adelante, no me permite coger completamente las riendas de mi vida, aunque sea tan sólo unos segundos para, de nuevo, volver a perderlas.

Y pienso en Venganza. En la recuperación de eso que es mío pero que todavía no tengo en mis manos. Me han humillado gravemente. Han mancillado mi buen nombre. Han tirado de mi brida, han maltratado mi caballo y ensuciado mi capa. Es solamente una cuestión de honor. Y si es una cuestión de honor será porque soy un caballero. Un caballero, debo añadir, que desearía no serlo.

Pero Venganza tiene sus propias reglas y han de cumplirse. Las reglas son las reglas. Una cosa es la venganza y otra, muy diferente, la estupidez. No voy a pagar la caloña. No voy a transgredir sus normas.

Aunque ateo, juro -por imperativo legal- defender la verdad. Escucharé misa y, con lanza, espada, escudo, loriga, yelmo y brafonera esperaré al amanecer. Tres días estaré allí. Al tercer día, y si no resulto vencido, se considerarán probadas mis palabras.

Mi Venganza se habrá consumado y podré, entonces, perdonar.

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