Archivo de la categoría ‘Osadías’
Cabalgar
Unos débiles toques de prima se escuchaban en la lejanía. El caballero iniciaba el regreso a casa pero, como acostumbra a suceder en estos casos, después de las 24 lunas y de las vastas zonas de terreno recorridas, el lujoso castillo y la gran cantidad de terreno dedicado principalmente a la caza y al cultivo, ya no existían.
Tan absorto en la consecución positiva de su misión se había olvidado de sus posesiones. A su regreso, no le quedaban pertenencias, no tenía fieles sirvientes ni abnegados campesinos. Lo había perdido todo. Su lujoso castillo a orillas del Mediterráneo yacía en ruinas, sólo piedras amontonadas. Ni torreones, ni atalayas, ni nada.
Nada. Sólo un padre enfermo yacía en un viejo lecho.
La necesidad de habitar en una nueva morada y de continuar con su propia búsqueda de la felicidad hizo que el caballero iniciara un nuevo lance. Deben existir muchos dragones malvados a los que matar y princesas cautivas a las que liberar.
Y empujado por las leyendas populares ensilló su caballo y se dirigió más allá de Locronan y de la bahía de Trépassés, donde el barquero viene a llevarse a los muertos. Atravesó Carnac y llegó, finalmente, a Lutecia.
Allí conoció la leyenda de otra princesa cautiva a la que liberar y se dispuso a la nueva aventura.
Pero esa…
… esa es otra nueva historia.
Menudo último día…
Esta noche disfrutaré especialmente de mi cama, de mi bendita cama, y, sobretodo, de mi cojín, con el que duermo abrazado desde hace ya algunos años -a veces he llegado a ponerle camisetas y disfrazarlo…
En unas horas parto hacia Madrid y, desde allí y si las condiciones meteorológicas son las adecuadas, a Ecuador. Todavía no estoy nervioso. No sé cuándo voy a empezar a estarlo. Finalmente me voy, aunque sean unos pocos meses. Colaboraré con una ONG en una comunidad perdida en los Andes. Sin internet, claro.
No explicaré aquí mis motivos. No tengo ganas. Ahora no. Simplemente algo me dice que es lo único que podía, quería y tenía que hacer.
El día de hoy me quedará marcado como un día de sensaciones diferentes. No es la primera vez que las tengo, pero hace tiempo que no las sentía. Me estoy habituando a recibir noticias importantes justo antes de un viaje importante. Me han hecho ciertos regalos hoy, y no estoy acostumbrado a recibirlos. He pasado de la excitación y el miedo a la alegría y la duda; de la envidia y los celos a la comprensión. Todo un espectro de sensaciones varias.
Me he pasado un largo rato en el autobús pensando en una frase que he leído esta mañana: "el sentimiento opuesto al amor no es el odio, sino el egoísmo y hay muchas maneras de expresarlo". Me ha dado mucho que pensar. Mucho, aunque nunca el suficiente, pese a las críticas.
Esta tarde ya me he despedido del mar, de mi queridísimo Mediterráneo. Ahora saldré a mi terraza, con vistas a mi verdadero amor, y me fumaré, tranquilo, un cigarrillo. Esta noche me despediré de mi queridísimo cojín -que no es mío, por cierto- y de mi cama. Mañana, del agua caliente de la ducha, de mi ordenador y de la mayor parte de mi copiosa música.
Y pasado mañana…
Esperanza
Había olvidado por completo que tenía buenos amigos. Esos a los que he defraudado en tantas ocasiones. Esos que me han ayudado cuando lo he necesitado. Y en las últimas semanas los he necesitado de verdad, como hace unos cuantos años. Lo triste es darse cuenta sólo en momentos de hastío. Este fin de semana, los peores día del año, han estado ahí. Gracias de verdad.
La situación se volvía por momentos incontrolable. Todas las esperanzas y buenos deseos parecía que fueran apagándose con gran celeridad. Todo parecía acabado. Ya nada parecía tener sentido.
Sin embargo, un ligero brillo parecía emanar de los ojos. Quizás eran los únicos que eran capaces de ver el futuro. Una ligera sensación de esperanza se extendía a través de cada milímetro de su cuerpo. Ahora, en estos momentos, todo parecía posible.
La clásica pre- de todas las salidas
Probablemente éste va a ser uno de los viajes más importantes que he hecho en los últimos años. Es un viaje de despedidas, un viaje de finales, un viaje de muerte. Pero al mismo tiempo es un viaje de inicios y resurrecciones. Por eso es tan importante. En esta semana que viene acabará y empezará todo de nuevo. De nuevo otro ciclo.
Marcho de interrail por Italia, solo. Va a ser un viaje espero que cultural y, al mismo tiempo, un viaje interior. Necesito recolocar algunas cosas que tengo por aquí dentro y es lo que voy a hacer. Ya sabéis, el hígado por este lado, el rión derecho por el otro, el pulmón donde el corazón…
Empecé ilusionado porque en prinicipio no iba a ir solo. Luego decepcionado porque había probabilidades de que el viaje se fuera al garete y porque los de la estación de tren de Salou me lo pusieron realmente complicado. Finalmente, entre ayer y hoy… indiferencia. No había buscado ni albergues ni nada de nada, y me daba igual. Sé que tengo un ángel que me acompaña cuando salgo de viaje, y espero que esta vez siga con su trabajo, que para algo que se le da bien…
Y hoy he hecho los últimos trámites. He encontrado alojamiento (al menos para el primer día) y estoy planificando rutas pero, claro, no es lo mismo planificar desde detrás de un ordenador que en directo. Así que abro los brazos y espero recibir lo que venga, lo que me merezca.
Salgo dentro de nada. Me queda muy poco. La maleta ni he empezado a hacerla, y me importa bien poco. Tengo tiempo. Tengo todo el tiempo del mundo, como siempre.
Tengo todo el tiempo del mundo, incluso, para volver, si así lo deseo.
Buon viaggio!
Enésimo insomnio
De nuevo el insomnio va asomando su cabeza por debajo de las sábanas y va susurrándome pequeños secretos al oído. Son pequeñas cosas que, curiosamente, no hacen que me sienta mal. Todo lo contrario.
Se han abierto las puertas de la incertidumbre y ha entrado el miedo a través de ellas aunque, por alguna extraña razón que desconozco, no ha logrado encontrarme, y eso que tampoco estaba escondido. O el miedo se ha vuelto ciego o me ha tenido miedo a mí.
¿Cuántas personas darían lo que tienen por poder tener alternativas? En frente de mí no aparecen lugares que puedan hacerme mucho más daño que el que recibo quedándome sentado en el que estoy. Y, si lo deseo, tengo la opción de seguir sentado. Entonces, ¿por qué iba el miedo a tener que perseguirme?
Ya sabemos que no le tengo mucho cariño a la esperanza pero, por alguna razón desconocida, me siento esperanzado. Tengo opciones a escoger, trabajos a elegir, lugares a donde ir… Me siento ilusionado por tener la posibilidad de escoger la dirección de los caballos que tiran de mí.
Y por eso el insomnio no me deja dormir esta noche.
Ojalá aparezca todas las noches.
Armisticio
El camino parecía claro y bien definido. Adelante, siempre adelante. Aunque no podía evitar mirar hacia los lados, su mirada se dirigía al frente, hacía un punto fijo más bien mental que físico. Los pasos marcaban un ritmo pesado, no lento, y tedioso. Tenía ganas de llegar al final, pero no de hacer el camino. No obstante, seguía caminando.
Sangre en la acera, algún que otro miembro extripado salvajemente, muerte y abandono. Gotas de sudor y sangre goteaban de sus manos, cansadas del horror de la batalla.
Deseos de paz, de llegar a ese punto imaginario donde sólo existe la tranquilidad y el retiro. Abandono y sueño. Felicidad. Había sido educado en el manejo de la espada y en la ocultación de la piedad, pero deseaba rendirse y comenzar una nueva vida. Quizás una nueva vida más temeraria y más difícil. Una nueva vida lejos de la sangre. Una nueva vida junto a la felicidad. Una nueva vida cerca de ti.
Hechizos
Maldita Cuélebre que custodias lo que no es tuyo. La eternidad es demasiado larga, más aún para un inmortal. Malditos hechizos que condenan Ayalgues y obligan a mortales a luchar. Cientos de huesos forman un césped extraño alrededor del castillo, mostrando la dureza de la batalla y la extrema complejidad de devolverte a la vida mortal. Para vencer a tu Cuélebre no quiero esperar a la noche de San Juan; la espera es demasiado dura, sabiendo de los tesoros que puedes ofrecerme. Deseo ser un paladín de la ventura, quebrando el encantamiento y encontrando de una vez la fortuna, el amor y la belleza. No vivas más consumida en tu tristeza. Manifiéstate en forma de fuego para apagarte con una rama de sauce y romper el encantamiento que te condena. Espérame al alba.
De dinerosss
Hablemos en serio: ¡Vender a una madre es feo! ¿Pero cuántos lo haríamos? Solo es cuestión de ceros.
Hoy he sabido el precio que tienen que pagar los taxistas del pueblo en el que vivo actualmente para comprar una licencia: 35 millones de las antiguas pesetas fue lo último que se pagó… hace dos años!!! Se estima que actualmente rondaría sobre los 50 millones de las antiguas pesetas. Como es obvio, nadie vende su plaza. Obligaciones…
Hay dos maneras de ser autónomo: o trabajar mucho, o sufrir demasiado… O las dos cosas a la vez.
Este post sirva de ánimos (ahora que existe la S.S., en España para autónomos, y ya era hora) para todos los autónomos. Trabajan más que nadie y obtienen, en comparación, menos que todos. Sin contar con los atracos y situaciones peores.
Este sencillo post no es mío, ni para mí. Es todo vuestro y vuestro trabajo.
Sueña conmigo
Como todos los niños, tengo un escondite secreto. Es donde escondo todo lo que no quiero que vean los demás; son mis secretos más ocultos, mis deseos más inconfesables, mis pasiones más perversas. En principio no entra nadie en mi caverna aunque, en ocasiones, invito a cierta gente a ver partes ínfimas de alguna habitación, de algún cuadro colgado o de estrellas en el techo. Sólo yo puedo tocar los objetos preciosos que guardo, sólo yo puedo cambiar la decoración, sólo yo, en definitiva, puedo vivir allí dentro.
Está construido a mi imagen y semejanza. Incluso tiene zonas a las que no puedo acceder, por ser muy estrecho el paso, aunque sé qué es lo que he guardado allí. Huele a incienso de opio y a café y, si saboreáramos las paredes, seguramente degustaríamos una mezlca de fresas con chocolate. No es el mejor de los mundos, tampoco lo pretende ser, ni la mejor de las cajas fuertes; tampoco ganará un premio en decoración. Pero es mi escondite secreto y, como tal, lo guardo y lo amo.
De lenguas y lenguajes
En Tres sombreros de copa, del genial Miguel Mihura, Dionisio asegura que en Londres la gente habla en inglés para llevar la contraria y porque da un aire más chic, pero que en los pueblos de Inglaterra la gente habla “como todo el mundo“, es decir, en castellano. Nos sorprendemos también con los niños pequeños londinenses, quienes, pese a su corta edad, hablan perfectamente en inglés. ¡Qué inteligentes!
Pues algo así sucede en la percepción del 80% de españoles sobre el catalán (siguiendo una encuesta de CIU). La mayor parte de la población supone que los catalanes hablan en catalán para llevar la contraria, o para diferenciarse del resto de españoles. Suponen que un catalán, al nacer, tiene un idioma innato -el castellano- y que, como no queremos ser españoles, destruimos el innatismo y nos decantamos por lo adquirido -por lo artificialmente adquirido, claro. Estos resultados conspiratorios superan con creces mis teorías sobre la conspiración.
En Cataluña se habla catalán de la misma manera que en Inglaterra se habla inglés o que en Castilla se habla castellano o, si me permito, que en Francia se habla francés. Los idiomas son vivos y tienen su historia, y si en un territorio se habla tal o cual lengua es simplemente por motivos históricos. Cualquier debate posterior es político, no lingüístico.
Supongo que si todos conociéramos el idioma inglés no nos sentiríamos estúpidos por no entender a quienes hablan en este idioma. De la misma manera, los desconocedores del catalán no se sentirían tan estúpidos por no entender a los que usan este idioma si lo conocieran. Y aquí, creo, es donde está el problema.
Se desea que el castellano sea otro esperanto mundial, el único esperanto mundial. Pensemos que, históricamente, en el imperio español no se ponía nunca el Sol. En la actualidad, sin embargo, no pasa nada si en Europa no se habla castellano. Pero sí pasa algo si en un territorio español se usa y se conoce otro idioma que no es el castellano. Porque en Cataluña no rechazamos el castellano, nunca lo hemos rechazado. Simplemente somos bilingües y queremos tener el derecho a utilizar indistintamente el catalán y el castellano. Queremos hablar libremente. Y es lo que algunos quieren eliminar. No somos superiores a nadie por conocer tres idiomas (castellano, catalán e inglés -ésta última lengua con restricciones, claro), y deseamos usarlos dependiendo del contexto en el que estemos. Con un inglés, probablemente hablaremos inglés -si conocemos este idioma. Con un castellano hablaremos en castellano. Y con un catalán hablaremos en catalán o en castellano.
Entonces no encuentro dónde está el problema. Pasemos ahora a los casos prácticos:
Los castellanohablantes no tienen ningún cartel en la frente que diga que sólo conocen el castellano y que desconocen el catalán, así que no es raro que en Cataluña un catalanohablante les hable en catalán. El idioma del catalán cambiará cuando el castellano le haga notar que desconoce el catalán -siempre y cuando sea de manera educada, claro.
De maleducados está el mundo lleno. Si hablo en catalán a alguien y me dice que me vaya a tomar por el culo y que le hable en la lengua del imperio (caso verídico, por cierto), que no le responda o me dé media vuelta y me marche no sería porque haya atentado contra mi libertad lingüística, sino porque es un maleducado.
Se dice que se persigue el castellano en Cataluña. Estoy totalmente de acuerdo. Por eso mismo sólo puedo escribir estas páginas en catalán y, si lo hago en castellano -que no es el caso como se puede observar- me arriesgo a sanciones de cárcel, a dieta de pan y agua.
Una vez, en uno de mis viajes a Salamanca, hablaba con dos amigos de allí. Uno de ellos me decía que estando una vez de gira en Cataluña preguntaron a un señor por una calle. Este señor les mandó por la dirección contraria a la que buscaban. Este amigo suponía que les habían engañado porque hablaban en castellano. Entonces les expliqué lo que me había sucedido la noche anterior, en la misma Salamanca, cuando intentaba regresar a la pensión en la que me alojaba. Le pregunté a un chaval dónde estaba una calle. Sabía que la tenía cerca, muy cerca, pero no acababa de atinar su localización exacta -pensemos que no había salido por la noche en Salamanca a predicar las bondades de dios. Éste chaval me dijo que tenía que coger un taxi porque la calle me quedaba en la otra parte de la ciudad. Le respondí que no podía ser, que había bajado a la zona de fiesta andando y que me parecía que no había andado mucho. Él me aseguró de nuevo la necesidad de coger un taxi. No le hice caso, andé unos 25 metros y encontré la calle que buscaba. No sé si es necesario escribir la moraleja, sólo sé que mi amigo salmantino hablaba de su “gracioso” como un Satanás. De mi “gracioso” yo nunca habría hablado. Se supone, pero lo escribo por si las moscas, que le hablé a mi cachondo salmantino en castellano -y tengo una dicción muy buena, por cierto.
Se dicen tantas cosas de los catalanes… Seamos un poco racionales y entendamos que el marroquí no habla marroquí para que no le entendamos sino porque es su idioma. Y los textos de Mihura se engloban dentro del teatro del absurdo. Ojalá sigan englobándose en esa clasificación.