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Otra historia de muertes y resurrecciones
Los astros ya predecían mi muerte y han fallado sólo por un par de días… Tendré que empezar a creer en su influjo. Morí astrológicamente el 19, aunque física y anímicamente el 22. La verdad es que no sé si estar contento o si estar triste, o todo lo contrario… No sé si la muerte me sienta bien. Y no sé si la quería o no, aunque supongo que había un poco de todo.
No sé si esconder mi cadáver para que nadie lo pueda encontrar o dejarlo en algún lugar más acogedor para que alguien pueda venir a ponerme girasoles que se marchiten en sólo unos minutos, tal es mi influjo.
No es la primera vez que muero de esta manera. Así que me imagino que o era un zombi o había resucitado. Total, el resultado es el mismo, así que para qué nos vamos a enfadar con la manera de jugar.
Y, ahora que pienso, hoy era la noche en la que debía liberar a mi ayalga y resulta que la Cuélebre que la custodiaba me ha vencido. Simbólicamente ni los astros se equivocan en eso. Malditas tradiciones.
Lo mejor de todo es que después de la muerte sólo me queda resucitar… de nuevo. Espero no acabar acostrumbándome a estos vaivenes necrológicos, que seguro que el cuerpo notará los excesos en un futuro.
Esta noche no me preocupa la resurrección, la verdad; ya llegará. Me preocupa la muerte. Me preocupan las maneras en que he venido la Muerte a visitarme -¡mira que llega a ser caprichosa a veces!- y me preocupa no saber qué va a pasar hasta que me decida a resucitar. Habrá que negociarlo.
Más viento
Hace mucho viento esta tarde. El viento sopla habitualmente de forma salvaje en donde vivo. Pero el viento de hoy parece diferente, parece que se va a llevar todo lo que no deseo. Espero que se lo lleve lejos, muy lejos y que no regrese nunca más. Me aligera la carga que llevo sobre mis hombros. Por un lado me alivia del esfuerzo pero, por el otro lado, hace tanto tiempo que voy con unos kilos de más que no sé si voy a conseguir sobrevivir a la nueva ligereza. ¿Y si el viento se me lleva a mi también?
Quizás sería lo más adecuado. Y volar, y sentir que aligero las cargas de los demás, y correr, correr muy rápido y muy lejos, hasta conseguir olvidar dónde había puesto mis piernas. Y desear no volver al mismo sitio en el que estoy. Y ver, de lejos, a quien quiera ver, y azotarle suavemente con mis manos, y susurrarle al oído las cosas que no quiere escuchar.
Y volar, sobretodo volar.
Pesadillas
Esta noche he tenido una pesadilla. No escribiré aquí el contenido del sueño -ni en otro lado- pero me ha preocupado. Como persona incrédula que soy, lo primero que he hecho -a las 5 de la mañana… mi cuerpo aún se niega a descansar- es buscar su significado en Internet. Aunque no crea en ello, me ha dado que pensar. Quizás puedo engañarme durante unos meses más, quizás hasta que cancele el contrato, pero tarde o temprano tendré que tomar una decisión. Una decisión que me asusta, pero necesaria. Necesito aprender de nuevo a tomar decisiones.
Regreso a los ventitantos
Ayer hice una visita fugaz a mi pueblo natal. Fui a visitar a mi madre -y no me dijo que estaba más delgado- y no quise saber nada del ogro. Deseé ver a mi hermano pero no fue posible, estaba demasiado ocupado en no hacer absolutamente nada. Debido al inmenso aburrimiento que sufro cuando regreso a mis ventitantos decidí regresar rápidamente a mi casa.
Pero antes quise pasarme por ciertos lugares. Resulta curioso. Muchos de los lugares por donde pasé me producen dolor. Bares, calles, gente… Es una sensación de dolor junto a una sensación de vergüenza. Me parece que sigue dándome miedo todo aquello. No supe controlar ciertas situaciones y me horroriza que situaciones parecidas vuelvan a producirse, esté donde esté.
Le hice una foto a mi madre y no salió muy favorecida. Los años van marcando arrugas y cansancio y yo… he inmortalizado eso.
Pero lo peor de todo es no haber querido llamar a nadie. Tampoco me atrevo. Hace años dejé de llamar a la gente porque nunca podían quedar -quizás era yo el que quería quedar siempre. Se podría decir que prefiero no llamar a nadie que recibir calabazas, es menos doloroso.
Lo que es seguro que dentro de un tiempo, cuando regrese a mi pueblo natal, cierta gente me reprochará no haberlos llamado.
Deseos de irrealidad
Fin de temporada duro, muy duro e injusto. Tengo ganas de irme y hay algunos pequeños detalles que hacen que mi corazón esté lejos del parque, lejos de todo esto, lejos de la vida real. Se me ocurren varias locuras que probablemente no realizaré porque no es lo más adecuado, aunque sí lo deseable. De nuevo tengo ganas de ser feliz, aunque sólo fueran 10 minutos. No sé qué va a pasar en los próximos 10 días; probablemente lo escriba por aquí, pero ahora mismo es lo que menos me preocupa.
Me gusta planificar cosas sobre papel y en estos momentos tengo mis proyectos bastante bien atados. Soy bueno planificando al detalle pero otra cosa diferente es la realidad. Esa maldita que hace que abramos los ojos todas las mañanas. Tengo miedo.
(Ilustración de Ray Respall Rojas)
Rutina
En ocasiones, un gesto aparentemente insignificante implica cambios importantes. Un soplido, un beso, una sonrisa, un desliz, una caída… Prácticamente cualquier gesto puede dar la vuelta a nuestras formas rutinarias de vida. Y estos cambios implican a su misma vez otros. Son estos cambios los que me aterran.
Al no ser vidente, tengo problemas a la hora de saber cuáles serían las consecuencias de mis decisiones. Pero sí soy algo intuitivo y me fio de los cambios estacionales, y… siempre hay situaciones futuras más fáciles de visualizar que otras.
No tengo ningún problema en saber exactamente qué es lo que quiero. El problema es que lo quiero todo, eso ya es sabido. Quizás el deseo vuelve de nuevo a azotarme. Quizás las estrellas vuelven a estar alineadas. Quizás es sólo un quizás, y quizás no tiene importancia. O pudiera ser que me crea demasiado eso de la coherencia en mis decisiones. O todo lo contrario.
Miedos y vergüenzas
Calíope me ha abandonado. Seguro que se fue con algún poeta joven, hastiado y con ganas de que nadie lea sus escritos. Pero no es que no tenga cosas que decir; es que no me atrevo a hacerlo. Me cuesta escribir acerca de depresiones, angustias y pensamientos poco alegres. Y escribir exclusivamente acerca de cosas alegres no forma parte del personaje de hastío.
Para mí que a Calíope le gusta demasiado el alcohol y, ahora que llevo unos meses de abstemia, prefiere irse a otras fiestas. Supongo tambén que a la musa no le han gustado unas palabras confortantes pasadas; aunque le llenan de orgullo, también le exigen una responsabilidad… y puede que no le acabe por gustar la responsabilidad. Puede también que estas páginas me parezcan demasiado grandes…
Además de eso, estoy de exámenes y en ocasiones sueño con esas cosas inimaginables de tener críos. ¡Maldito reloj!
Vacaciones, por fin
Cuando la gente “normal” se encuentra con su primer día de vacaciones se mete en un coche a sudar la gota gorda para viajar hacia el sol, la playa y las cervezas en cantidades industriales. Pero como eso lo tengo yo cada día, he decidido no hacer absolutamente nada en mi primer día de vacaciones.
Se dice que las vacaciones son para descansar, y eso es lo que quería hacer hoy. Descansar. No salir de casa, no trabajar, no hablar con casi nadie, no beber, no hacer, en definitiva, nada de nada. Claro que mañana será otra cosa diferente. Por un lado es el último día de las fiestas de mi pueblo -a las que siempre voy (salvo el año 2003, que decidí retirarme porque peligraba demasiado mi salud)- y, por el otro, es el Game Over Festival en Cambrils (De par en par, Paso a paso, Melancomía, Band del Palo, Salida Nula, Berrit Txarrak, Bad Sound System).
Probablemente me iré a mi pueblo porque, entre otras cosas y siendo ese el tema, últimamente no acabo de estar a gusto en mi casa. Incluso ya estoy llegando a pensar que ésta no es mi casa. Y eso me deprime demasiado. No es la primera vez que tengo unas sensaciones parecidas, y me asusta. Las últimas semanas no he estado demasiado bien. Mis salidas nocturnas se han multiplicado y era ya habitual ir a trabajar en estado de resaca. Por eso necesitaba las vacaciones. Uno más uno me enseñaron que eran dos. Cosas que siento me digo que son efectos (¿o eran algunas causas?). Me refiero, indudablemente, a la relación entre variables dependientes e independientes. Me digo que no entiendo algunas cosas, pero me da la sensación que las entiendo demasiado bien y por eso deseo ocultarlas.
Sé que en mi pueblo sucederán cosas que no deseo, pero al menos apelaré al beneficio de la duda. Intentaré hacer previamente algunas llamadas, para evitar el aburrimiento, principal y peligroso enemigo.
Y, para finalizar, no podría omitir algunas incursiones en mi intimidad que he considerado estúpidas, pero que me han llegado a poner de mala leche. Por un lado, sólo se le ocurre a un estúpido tocarle el ordenador a un ex-informático. Por el otro… si no quieres ver una escena sangrienta de una película, ¿por qué dices que te tapas los ojos si realmente estás viendo la escena entre los dedos? Y si esa escena no te ha gustado para nada, ¿por qué la comentas tanto?
Finalmente he decidido no ser tan críptico como anunciaba en el anterior post.
Motorizado
Desde hoy, y si todo va bien, tengo un motor entre las piernas. Otro motor
… En una hora me ducharé e iré a buscarla. Y como bautismo de fuego, tendré que recorrer unos 76Km para regresar a casa. Estoy acojonado: Será la primera vez que coja una moto. Más acojonado estoy con el seguro. Mira que son caros los desgraciados.
Pagaremos religiosamente e intentaremos seguir las normas de circulación. Otra cosa es que llegue hoy o mañana a casa… Mira que si tengo que regresar andando con la moto a cuestas…
Encima, me duele una muela.
Preludios y nocturnos
Otra vez de noctámbulo, como en los viejos tiempos. Pero los motivos no son los mismos que en los viejos tiempos. Ahora creo que es una cuestión puramente física: cuando duermo se me hincha la vejiga. Ahora casi cada noche me levanto de madrugada (si no es que estoy todavía delante del ordenador) para “descargar“, como hace mi madre todas las noches. A diferencia de ella, que se dirige al lavabo como una verdadera zombie -incluso en el caminar se parece- y vuelve a la cama siguiendo el mismo procedimiento, yo aprovecho para volver a la vida y situar mi mente donde buenamuente pueda.
El tema de ensoñación de esta noche ha sido el ultracomentado paso del tiempo. La conclusión de hoy ha sido que mi mente es tan astutamente privilegiada que sería capaz de suicidarse para conseguir parar el tiempo (recálquense los excepcionales razonamientos nocturnos). Y es que me pongo a pensar sólo un poquitín y… estoy acojonado. Si pasa el mismo tiempo que ha pasado hasta ahora… ¡Estaré jubilado! (La verdad es que espero prejubilarme a los 45). Mi dicen los mayores que de los 20 a los 50, 60 ó 70 el tiempo pasa más rápido… No estoy de acuerdo con eso -como no podría ser de otra manera- porque el tiempo pasa de la misma manera. A veces me pongo a cronometrar el tiempo y las conclusiones son verdaderamente concluyentes: cada minuto dura exactamente un minuto (salvo en Fin de Año, que hubo un minuto que duró 59 segundos).
Yo diría que es uno mismo el que pasa más o menos rápido por la vida. Y mirando un poquitín hacia atrás no me parece que mi tiempo en los últimos años haya pasado más rápido. He disfrutado, he cambiado y he vivido. En los últimos 5 años he vivido mucho, quizás es ese el truco. Pero hay otro problema añadido: el tiempo pasa pero yo sigo queriendo ser adolescente. Claro que no tengo acné -sólo algún grano cojonero- ni me está saliendo vello en lugares extraños del cuerpo, pero a veces me comporto como tal: me emborracho, pataleo, discuto con mi madre, y también me río mucho, me ilusiono y me atrae el sexo en demasía, entre otros. Supongo que todo esto sucede por mi extraña manía a quererlo todo. Supongo que me encuentro bien estando en donde estoy y teniendo lo que tengo, pero siempre quiero más. Así que creo que no soy yo el que se hace mayor, sino el tiempo.