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Llega la navidad…

FuegoLlevo casi todo el día intentando escribir algo acerca de la Navidad. No se me ocurría nada que acabara de convencerme, así que empiezo a escribir, que ya saldrá algo.

En Navidad todos estamos contentos, huele a felicidad por doquier, las familias se juntan de nuevo alrededor de la mesa y las iglesias llenan sus cuevas con feligreses obedientes…

Aprendí hace tiempo a no increpar a nadie que quisiera celebrar la navidad, permito a las personas que jueguen a sus costumbres y no censuro sus opiniones. Pero la navidad no me deja tranquilo.

No quiero publicidad, no quiero sorteos especiales de lotería, no quiero reyes ni papanoeles, no quiero cenas con gente que no me cae del todo bien y que no olvido por ser familiar. No quiero paz, ni oro ni incienso ni mirra ni hostias. A lo mejor si tuviera vacaciones pensaría de otra manera.

Pero hay una cosa que sí quiero esta navidad, y creo que la voy a tener. Quiero una navidad a mi medida. Una chimenea que se enciende, el calor de dos cuerpos que se unen, la pavesa que enciende la madera y quema lo que no se desea. Mi Navidad. Mi propia felicidad navideña. Está llegando…

Felices…

pb060034-small.JPGPodría empezar a escribir cosas del tipo “cómo pasa el tiempo…” o “parece que fue ayer cuando…“; podría deprimirme y, en consecuencia, opinar acerca de la fragilidad de los segundos. O también podría hablar sobre la presión social sobre la edad -esas cosas maternas de “yo, a tu edad, ya…“… pero hoy no me da la gana.

Hoy sólo a disfrutar de los 31 años de recuerdos en la mochila y de los deseos que irán entrando en ella.

¡Felicidades!

Sale el Sol

Voy quitándome las sempiternas legañas que amanecen día tras día conmigo. Cargo la cafetera y la pongo en el fuego. Mientras espero Febo acompaña a Helios a hacer la ronda. Van iluminándose las flores, el mar, los árboles… Los ciudadanos se dejan embriagar por la luz que les ataca. Cierran un poco los ojos. El Paraíso.

Abro las cortinas y entra en mi caja de cerillas una sensación de placer, de satisfacción, de felicidad. Todas las dudas, los miedos y las preguntas se resuelven con la llegada de la luz. Esperanza. Quizás uno puede llegar a ser feliz más fácilmente con los rayos de Sol.

Gora San Fermín

San FerminEmpiezan las fiestas por excelencia. Unos días de toros -sólo son una excusa- de kalimotxo y de buen rollo. Tuve el enorme placer de conocer esas fiestas y me dieron la impresión de ser la madre de todas las fiestas. Es cierto que por cuestiones fisiológicas mi memoria no acaba de descubrir dónde están algunos archivos referentes a esos días, pero sí recuerdo ciertas sensaciones.

Lo que no entiendo es que si bailas, bebes y haces un poco el idiota en San Fermín, la gente se apunta. Si lo haces en otro pueblo los que se apuntan es la policía. Cosas raras. Algunos critican que en San Fermín se fomenta el alcohol… lo corroboro. ¿Y qué?

Ahora me toca levantarme prontito para ver el encierro lejos de los borrachos, de ikurriñas, de euskal presoak y de los toros. Es una lástima no estar allí este año. La verdad es que me cuidaron muy bien, no permitiendo que mi vaso quedara vacío e indicándome dónde narices estaba el coche.

GORA SAN FERMÍN!

De veranos

tintoverano3.jpgYa sabemos que la rotación de la tierra ha producido eso que llamamos verano. Es una época agradable -sin contar con eso de tener que trabajar- y satisfactoria. Pero los veranos siempre eran mejor cuando éramos pequeños. En mi caso, solía ir a un pueblo cántabro y, pese a que probablemente lo idealice, las estancias allí eran (perdonen la expresión) cojonudas. Jugar, jugar y jugar. Y no podía olvidarme de un pre-inicio de conocimiento de esas personas que no tenían pilila (de pequeño nunca fue muy brillante mi educación sexual). Cuando intento rememorar esas imágenes hasta aparecen con una ligera neblina; todo muy bucólico.

Con el tiempo, esos largos veranos se transformaron en cortos períodos de campamentos, apareciendo entonces los primeros enamoramientos -siempre idílicos y platónicos- inocentes. Ahora recuerdo a Hilda y a Judith (ays… ¡qué guapa s eran!). Eran unos 10-12 días muy intensos que servían para descubrir sensaciones y para pasarlo bien.

Lástima que no podemos poner en pause al tiempo. Ahora me quejo de los guiris, de los marditos críos que ya a las 9 de la mañana salen gritando y corriendo por el pasillo para dirigirse a la piscina, odio el calor y el sol, el tener que trabajar y el hecho de que el resto del mundo NO lo haga. Aún así, el verano tiene eso que qué sé yo que encanta y enamora. Quizás, como dice el anuncio, uno se enamora más en verano.

Para este verano no creo que haya muchas novedades en relación a los últimos años. Trabajar, supongo que salir un poco más, hacer músiquita en cuanto se pueda y a ver si utilizo más correctamente esta época.

30 tacos

cumpleanosmafa.gifQuizás sea el cumpleaños una de las fechas que más valoro del año. El Eterno Retorno prosigue su rumbo monótono y constante. Nada cambia, sólo los dígitos cambian. Y en esta ocasión cambio los dos dígitos. Un 3, símbolo de la perfección, y un 0, símbolo de ausencia.

No hace falta cumplir años para mirar hacia atrás, pero un nuevo aniversario es una excusa perfecta. Y miro atrás… El pasado es como un sueño: tenemos recuerdos vagos de lo que nos ha sucedido y no acabamos de discernir si ha ocurrido o lo hemos inventado. Según mis ideas, el pasado lo construimos. Y ha de ser así, puesto que existen algunas sensaciones y sentimientos que sólo podemos explicar utilizando el lenguaje (=pensamiento) que conocemos.

No creo que mi pasado sea mejor o peor; es mi pasado, con sus errores y sus aciertos, con sus cosillas que nunca tendrían que haber sucedido y con sus hechos en espera de ser repetidos, aunque eso sea imposible. Cambiamos dentro de la igualdad que supone ser. De lo que sí estoy convencido es de que he estado. Estar se convierte en algo importante, al igual que las percepciones y los deseos.

La vida como un sueño… El sueño de la vida… Quizás llegue el día en que despertemos y nos demos cuenta de que lo que nos ha tocado vivir lo hemos construido nosotros mismos, a nuestra imagen y semejanza, como dioses creadores de sus propios mundos.

Ahora toca acordarse de una primera cifra: el tres. Quizás de lo más complicado. La crisis de los 30 ya llegará al cumplir 40.

De reuniones

SillasEl paso tiempo no sólo se deja ver en las canas, el estado físico, la frente o la hipoteca. También se hace notar en los amigos. Todos vamos construyendo nuestras vidas y éstas no siempre tienen que ver con las promesas de “siempre juntos” entre amigos.

La semana pasada celebramos una reunión de amigos. No sé cuándo fue la última vez que nos reunimos todos pero ahí estabamos hablando, riendo e interesándonos por las vidas de los demás. La nota negativa fue un asiento vacío. La quimioterapia no permitió que un culo se sentará con los nuestros.

Después de un tiempo (¿dos años?) cada uno hace su propia vida: uno religioso, el otro fuerza represora, el otro empresario con serios problemas de adicción al móvil, el otro… (aún no sé cómo definirme en una palabra. Leed este blog y vosotros decidís). Uno con anillo de celibato, el otro preparando su boda, el otro esperando un crío, el otro… ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario (sigo sin saber cómo definirme, os lo dejo a vosotros). Pero seguimos riéndonos. El tiempo no ha pasado en nuestros corazones. “Como decíamos ayer…” sería la frase para resumir la reunión.

Me hizo gracia el ver que no hemos cambiado mucho: uno preguntando al otro sobre su felicidad, el otro preguntando al uno sobre su vida cotidiana y el tercero preguntando al uno acerca de… “¿te masturbas mucho?”. Veo que todavía somos adolescentes. Eso me gusta. Me gusta comprobar que para algunas cosas el tiempo ha perdido la batalla.

De papeles y legajos

salam.jpgNo sé si el culebrón sobre los Papeles de Salamanca (en mayúsculas debido a su aparente importancia) llegará a su capítulo final como drama, como comedia o como esperpento… o como una tragicomedia esperpéntica. Pero parece ser que por lo menos el tema está llegando al final, o al inicio del final. Ahora sólo falta esperar los últimos coletazos de ciertos dirigentes (conservadores en su mayoría) que, si bien no van a conseguir lo que dicen desear, van a conseguir algo que en mi pueblo se llama “tocar los cojones“.

Y es que “tocar los cojones“, o lo que en otros pueblos se conoce como el “derecho a la pataleta“, primer derecho universal, en algunas ocasiones es sólo lo que puede hacerse cuando se sabe que es imposible una victoria. Y entonces me pregunto cuál es la victoria y cuál es la derrota. La victoria se halla en dónde acaban esos legajos o, mejor dicho, dónde no acaban.

Y es que, realmente, para salmantinos y conservadores les importa bien poco dónde acaben los papeles. Eso es lo de menos. Lo malo para ellos, lo extraordinariamente jodido, es tener que aceptar que los papeles no son suyos.

Lo que sí sé seguro es que esos papeles NO SON MÍOS. Es más, nunca los he visto ni nunca los voy a ver. Es más, en mi viaje a Salamanca fue imposible verlos. Y yo diría más, tampoco esos papeles son de los salmantinos. Dudo que los hayan visto y dudo que sepan dónde estaban. Sin embargo no desean su devolución (generalizando, se entiende). Esos papeles son un botín de guerra (“derecho de conquista“), como muy bien decía Torrente Ballester. Pero esos papeles tienen legítimos propietarios.

Pepe roba un bolígrafo a Juan. Juan quiere que Pepe le devuelva el bolígrafo diciendo que es suyo. Pepe le podrá decir que no le devuelve el bolígrafo, pero no le podrá decir nunca, a nivel ético, que el bolígrafo es suyo… ¿O sí?

Para algunos, la unidad del archivo representa la unidad de España… … … ¿Cómo? … … … … ¿Perdón? Me da la impresión que no es necesario malgastar mi tiempo en escribir acerca del tema. Creo que esa frase ya es absurda por sí misma.

Lo que representa la unidad del archivo es que hubo una guerra civil, que hubo un “derecho de conquista” (seguimos citando a Torrente Ballester), que hubo vencedores y vencidos, que en democracia se pretende una reconciliación y que aún faltan años para esa reconciliación. O al menos es lo que veo cuando veo la televisión o leo los periódicos.

Lo importante es que estamos cerca del final y que dentro de poco tiempo nos olvidaremos de esos papeles.

Feliz año nuevo

UvaSolito en casa, intentando hacer algo de provecho. Escribiremos, me he dicho. Desde hace unos añitos siempre escribo SMS’s justo a las 00:01 (después de acabar de una maldita vez con las uvas que quedan en la boca). Este año también lo he hecho. 17 en total. Si leéis esto, seguro que os lo he enviado. Lo único malo de este año es que no se han enviado todos. Lo peor de este año es que no sé a quién se lo he enviado y a quién no…

Así que si no habéis sabido de mí no es por motivos personales, es porque a esta misma hora tropecientos mil español@s están haciendo lo mismo que yo. Pero reproduzco el mensaje, para que juguemos todos con la misma baraja:

¿Qué rimará con 2006? En fin, mucho vicio y corrupción para este nuevo año, que eso es más importante que las malas rimas. ¡Muchos besos!“.

A los lectores casuales, también va dirigido el mensaje. Feliz año 2006.

De relojes

RelojEn una de las paredes de mi cuarto hay colgado un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas, detenidas casi desde siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto. Casi siempre, el reloj es sólo un inútil adorno sobre una blanquecina y vacía pared. Sin embargo, hay dos momentos durante el día, dos fugaces instantes, en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix.

Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares, marcan las siete, y los cucús y los gongs de las máquinas hacen sonar siete veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces al día, por la mañana y por la noche, el reloj se siente en completa armonía con el resto del universo.

Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección… Pero, pasado ese instante, cuando los demás relojes acallan su canto y las manecillas continúan su monótono camino, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que alguna vez detuvo su andar.

Y yo amo ese reloj. Y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez siento que me parezco más a él. También yo estoy detenido en un tiempo. También yo me siento clavado e inmóvil. También yo soy, de alguna manera, un adorno inútil en una pared vacía. Pero disfruto también de fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora.

Durante ese tiempo siento que estoy vivo. Todo está claro y el mundo se vuelve maravilloso. Puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todo el resto del tiempo. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable. La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como a mi amigo el reloj, también a mí se me escapa el tiempo de los demás.

… Pasados esos momentos, los demás relojes, que anidan en otros hombres, continúan su giro, y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar, que acostumbro a llamar vida.

Pero sé que la vida es otra cosa. Yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo.

Casi todo el mundo, pobre, cree que vive. Sólo hay momentos de plenitud, y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir para siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianeidad.

Por eso te amo, viejo reloj. Porque somos la misma cosa tú y yo.

Jorge Bucay
Déjame que te cuente

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