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Un zumo de naranja
Anoche fui a hacerle una visita a la Ilusión. De vez en cuando voy a verla. Siempre me acoge con sus brazos abiertos y me ofrece zumo de naranja. Es agradable tomar un buen zumo de naranja mientras tienes una buena charla. Ella siempre me hace muchos regalos y nunca salgo con las manos vacías. La Ilusión siempre se porta bien conmigo. Me ofrece opciones a mis dudas y temores que soy incapaz de ver, me hace ver las cosas desde otro punto de vista, desde otra perspectiva.
Me tranquiliza. Puedo hablar de todo con ella, y de la manera que quiera. Y también me dice cosas que, si bien las conozco, no son agradables de escuchar. No porque sean frases duras, sin sentido o desagradables, sino porque son la verdad.
Estoy contento por su charla de anoche. Por eso la suelo ir a visitar, porque salgo siempre contento… Y con el sabor todavía en los labios de un buen y reconfortante zumo de naranja.
La clásica post- de todas las salidas
–El doble viaje de estos últimos 7 días llegó ayer a su fin, cuando pude llegar casa y, aunque parezca poco importante, dormir en mi cama, y con mi almohada. Pensaba en qué escribir como post. Llevo dos días pensándolo. No lo tengo aún claro del todo.
Podría escribir acerca del maravilloso viaje, porque realmente lo ha sido; detallar anécdotas y peripecias varias, agradecer este viaje. Podría incluso hacer un oda al egoísmo y al orgullo, o escribirlo simbólicamente, como en Cárcel de amor.
También podría escribir acerca de los deseos. De la finalización de uno de ellos y de la continuación de otro. Podría hablar de tantas cosas…
Y no sé ni cómo hacerlo ni de qué hacerlo… Tampoco tengo muy claro por qué tendría que hacerlo.
Dos días en casa han sido suficientes como para saber qué es lo que me gustaría, qué es lo que deseo y quiero con todas mis ganas. Y suficientes también como para estar convencido de que no puedo conseguirlo. Cuando he explicado mi viaje, cierta gente me ha dicho que soy muy valiente… Yo creo todo lo contrario.
Hubiera sido más valiente si me hubiera quedado en casa durante las dos semanas de vacaciones. Esa habría sido una opción valiente y, como todas las osadías, cargada de estupidez. He escogido, creo, la opción menos estúpida. Y me ha servido. Y mucho.
Me quedaría con dos cosas importantes. Pero, en estos momentos, sólo pienso en cómo superar el síndrome post-vacacional y en mis próximas actividades, porque ya las tengo pensadas. Lo importante es estar más o menos activo.
No quiero tener que escoger la opción más estúpida. Quiero volver a recuperarme económicamente y hacer otra salida. Quizás a Italia sur, quizás a Marruecos, quizás a Mataró, quizás de nuevo al interior…
Y sé que he resucitado. Eso lo tengo más o menos claro. Lo que pasa es que, después de haber muerto, mis articulaciones aún están un poco atrofiadas. Necesito un poco de entrenamiento, quizás si me pusiera en ropa interior a bailar flamenco…
Casi al final
–El viaje llega a su fin. No he tenido estos días mucho tiempo para conectarme a Internet y, en estos momentos, lo hago sin necesidad de correr demasiado buscando conexiones de trenes, albergues baratos y libres u otras cosas que se hacen cuando uno esta de viaje y el tiempo apremia. Tengo tiempo para mí.
Por un lado tengo ganas de volver a casa sólo para descansar, para coger mi cojín y abrazarme fuertemente a él. Por el otro lado, siento que he dejado un trozo de corazón en estas ciudades que me han atrapado fuertemente; me gustaría quedarme.
Pero he de proseguir mi viaje.
Las experiencias en Italia me marcarán fuertemente, como lo estan haciendo ahora mismo, cuando miro atrás. Sólo una semana, una maldita semana… y parece que haya pasado tanto tiempo…
He respirado tanto el aire de otros mundos, de otras experiencias que no habría vivido en mi casa quedándome en el sofá, mirando la tele y enfadándome con los críos que hacen ruido cuando van a la piscina… Creo que voy a estar orgulloso toda mi vida de haber hecho todo esto.
Creo que cuando regrese a casa comenzaré de nuevo un viaje. Una nueva vida, una nueva manera de ver las cosas. Necesito hacer un reset y rearrancar el sistema. Y, esta vez, sin fallos.
En este post no voy dar gracias a nadie. Sólo a mí. Me las merezco por haberme dado esta oportunidad tan maravillosa. Estoy contento, muy contento. Nada ni nadie me puede quitar ya todo esto.
Pero he de proseguir mi viaje… aunque sea en el mismo sitio de siempre.
En
Sólo unas pequeñas líneas para agradecer a todos los italianos que han perdido su tiempo en ofrecimientos, companía y ayuda en este viaje que va finalizando. Quiero agradecerles especialmente a Chiara, Paola, Estefano y Elisa no por lo que han hecho, sino por lo que son. Gracias de verdad.
Creo que el fin del viaje no va a ser tal. Tengo la impresión que el mismo viaje va a ser el inicio de algo mejor.
A mi manera
Aprendo de la gente a ser mejor o a conocer más cosas. Vengo a ser como una sanguijuela que chupa lo que cree que puede ser interesante. Y en un pasado le chupé mucha sangre a los murciélagos. Como si fuera un Ozzy renacido, me quedaba apasionadamente con la sangre de los mamíferos alados, en todos los sentidos. Y me producía gran placer. Y aprendí tantas cosas… Quizás lo que más aprendí fue a abrir mi mente, en todos los aspectos, y a tomarme menos aún en serio a quienes se toman demasiado en serio. Nuestro pasado siempre son los buenos tiempos, con la diferencia que, esta vez, también han sido buenos tiempos el presente.
Este fin de semana ha sido una continuación de aquello. Hacía unos 4 años que no bajaba a Sevilla, y parece que la última vez hubiera sido el mes pasado. Hay cosas que no cambian. La idiotez es quizás de las cosas que menos cambian; todo lo contrario: se agravan con la edad. Y a nuestras edades, la vergüenza va desapareciendo… Lo suficiente como para estar bailando Oliver y Benji y el Chikichiki, o pumbapumba en la calle.
Lo suficiente como para acercarme de nuevo a mi propia libertad. Esa misma en que ocasiones duele.
Fin de semana feliz, como los últimos fines de semana, con la diferencia que esta vez he vuelto a coger un tren y me he ido lejos. El lugar es lo de menos; los sentimientos, no.
El sueño me importa ahora más que hace 4 años…
El tercero
En unas horas vuelvo a coger un tren. El destino no es el que quería en un inicio, pero no es un mal destino. Tengo ganas de ver por la ventana de un tren, de pasarme un montón de horas con el traqueteo, de despertarme -si duermo- con dolor en todo el cuerpo y con cara de tonto y los pelos alborotados.
Necesitaba salir de casa este fin de semana. Quedarme aquí hubiera sido quizás demasiado duro. O no, quién sabe. Ya es el tercer fin de semana consecutivo que hago cosas y me siento activo. Estoy contento.
Vuelvo a ir cogiendo las riendas de mi vida. Eso me alegra. Lo malo ahora es que los fines de semana pasan rápido y de nuevo llega enseguida el lunes.
Lo importante ahora es saber que este fin de semana estaré desaparecido. Ya escribiré una crónica del viaje, que me estoy aficionando a hacerlo.
Un olor especial
Hay una época durante el año, fugaz, en la que puede saborearse un olor especial. No sé exactamente cómo explicar un olor, nunca he sabido, pero viene a ser un olor a florecimiento, a agua de mar saltando entre olas, a nuevas buenas noticias, a un abrazo sincero.
Es un olor que me hace sonreír, un noséqué que quéséyo… Pequeños momentos en los que da gusto estar en la terraza de algún bar, tomando café. Hoy he tardado más en hacer mis quehaceres. Tenía que disfrutar de ese aroma a nuevo, de esas vitaminas vitales que dan mucho más sentido a esa cosa rara de seguir vivo.
Lo malo es que esa fragancia es igual de fugaz que el rocío. Y hay que saber aprovechar el momento en el que comienza, pues no dura mucho y el sentido olfativo acaba por acostumbrarse. Esos minutos de más disfrutando de un olor…
Benditos olores. Y eso que soy fumador y tengo el sentido medio atrofiado… Pero benditos olores.
Una procesión de Semana Santa

¿Y si acabas dándote cuenta de que tus peores pensamientos, los que rigen el resto del día y el resto de vida, carecen de fundamento y son irreales? ¿Es posible retomar unos nuevos pensamientos libres, empezando de cero, sin volver a los miedos y a las convicciones pasadas?
Esta semana santa marcará un antes y un después de lo que vendrá, aunque desconozco exactamente qué sucederá, salvo conjeturas. Necesitaba convencerme de que las posibilidades no desaparecen porque quiera compadecerme de mí. Las posibilidades desaparecen cuando cerramos la puerta con llave y no permitimos ni la entrada ni la salida a la esperanza.
Sé lo que me escribo, aunque me cueste entenderlo. El último peaje ha quedado atrás y ahora sólo queda un largo camino en una autovía libre, gratuita y sin muchas curvas para evitar mareos. Lo único, quizás, es el largo camino, el camino que hay que ir haciendo a cada segundo, a cada momento, continuamente. Sólo tengo que mover los pies, pelearme en la cocina y querer. Sólo eso.
Y tengo una dulce sensación de haberme vencido. De haber vencido lo indeseable, aunque deseable durante tan largo tiempo. El huevo de pascua se ha abierto y no han aparecido ni pollos ni ballenas… ha aparecido una posibilidad feliz de futuro.
De destinos
En ocasiones podemos sentirnos algo afligidos pero siempre, tarde o temprano, aparece algo nuevo que hace que solventemos algunas dudas y que podamos dormir más plácidamente. Una charla con un desconocido, un encuentro fortuito, comprar…
Pero para que sucedan esas cosas hay que salir de casa. Y cerrar la puerta una vez fuera. Y sonreír esperando disfrutar de lo que le dé en gana al destino.
La post-…
Regreso a casa, con pocas ganas, pero quizás necesario para volver marchar. Replanteamiento de mi futuro a corto plazo. Ni falta hace decir que no sé qué hacer, la situación no sé hasta que punto es complicada y no sé hasta que punto puede manipularse a mi antojo. Pero fijándonos simplemente en mi viaje, he de decir que estoy muy contento. La oscuridad hace tiempo que ha desaparecido -aunque sea posible a nivel teórico regresar a ella- y puedo decir, aunque con vergüenza, que vivo habitualmente neutral y que ciertas situaciones, como este viaje, hacen que pueda afirmar que soy feliz. Lo malo es que no estoy saciado. Quiero más, mucho más.
No quiero escribir más cosas sobre la post. Me las reservo para mí. Simplemente decir que estoy muy contento y con ganas de volver a salir.