Archivo de la categoría ‘Alegrías’

Satisfacción

placer Algo extraviado ha regresado a mis desnudas manos. Algo que no esperaba ha subido por mis brazos, por mi pecho, por mis hombros, por mi cuello. Se ha parado en mis labios, y a mis oídos ha susurrado muy bellas palabras. Palabras de agrado, de recompensa y gozo. Mi cuerpo se ha estremecido de placer, y he tenido la necesidad de estirar los miembros para no agarrotarlos, sintiendo en cada milímetro de piel el contacto con la satisfacción.

El tiempo es aciago, pero la visita de Afrodita, en las noches lluviosas de verano, crea un baile dionisíaco y orgiástico de sensaciones, olores y placer, que desemboca en una parada técnica del reloj. Durante unos minutos, las manecillas no prosiguen con su mareante obligación. Durante unos largos minutos, el tiempo se detiene para contemplar la belleza.

Durante esos eternos minutos nada más tiene importancia.

Los sueños no son sólo sueños

Sandman Esta noche ha venido alguien a visitarme en sueños. Era un antiguo amigo, una persona muy apreciada para mí. Él, como yo, tomó la decisión drástica de desaparecer, de irse lejos y empezar de nuevo. Empezar de nuevo a hacer las mismas cosas de siempre.

Como todo sueño, la imagen era muy confusa, distorsionada. Llevaba una camisa horrible y una corbata. No recuerdo mucho más.

Pero esta pequeña historia ha traspasado las barreras del sueño. Unos minutos después de levantarme ha sonado el teléfono. Era él.

No llevaba corbata.

Una pequeña excepción

Este último año ha sido tan especial para mí que no sé todavía por dónde empezar a recordar. Acababa el año pasado con camisetas negras heavys y comenzaba éste con camisas y pantalones de Pepe Jeans. Me he enamorado de nuevo, convencido de que eso del amor no existía; me he decidido irme solo a explorar otros países, a la aventura; he conocido, muy bien acompañado, algún pueblo entre montañas y alguna gran ciudad; he vuelto, después de unos cuantos años, a mi adorada Sevilla; he aprendido italiano; he conocido nueva gente, gente muy especial que perdurará en algún lugar entre aurículas y ventrículos; he pasado por dos trabajos y por dos prestaciones por desempleo; se han enamorado de mí; he tenido que apañarme en casa solo, aprendiendo a limpiar en serio y a fregar platos de forma más asidua, y no podría olvidarme de lo mucho que he aprendido en la cocina y en el supermercado; he vuelto a saborear la increible sensación que se siente al hacer el amor con quien se desea sincera y pasionalmente; me han robado, de nuevo, la bici; he bailado en discotecas, con alevosía, nocturnidad y mucho de lujuria; me han venido a visitar a casa personas maravillosas, cuando más lo necesitaba; de tantos grupos musicales que tenía, al final me he quedado sin ninguno; he sufrido vértigo y he vuelto a padecer insomnio; me ha acabado gustando Barcelona; he retomado la afición de devorar libros y resolver sudokus; he vuelto a llorar y a hacer páginas web y cobrar por ello; hasta hoy, no se me ha olvidado ningún cumpleaños -benditas agendas- y es el año que más gente me ha felicitado para el mío -aunque de regalos ni uno, panda de roñosos…

He hecho tantas cosas este año y he sido tan feliz… Me resulta mucho más fácil escribir acerca de forma melancólica, seria, deprimente y depresiva que de cosas felices. De ahí la pequeña excepción al escribir algo sobre lo cual no estoy demasiado acostumbrado, y de ahí su pobre calidad literaria. En resumen, 2008 lo recordaré como uno de los años con mayores sensaciones, emociones, deseos, pasiones y con grandes altibajos emocionales, así todos juntos, de mi vida. Me agrada mucho recordar sensaciones y olores. Gracias a todos y a todas que lo habéis hecho posible.

Lo mejor de todo es que aún no ha acabado el año y, probablemente, lo acabe en otro continente. El año que viene… no sé. Espero seguir sintiéndome vivo, aunque sea sólo recordando.

Un día tranquilo

-Se respira un ambiente de tranquilidad y de paz que me llenan un poquito más el espíritu (ese que no tengo). Apenas queda gente de vacaciones (sí, en mi pueblo hay gente de vacaciones prácticamente hasta noviembre). Y el mar suena agradable, cariñoso, como si quisiera que le acariciaran el lomo. Ha aparecido la Luna en su máximo esplendor y me he dado cuenta de que hacía demasiados meses que no me fijaba en ella. Hacía muchos meses que no disfrutaba de la paz de hoy.

Ha sido un día agradable para mí. Aún resuenan entre mis neuronas (esas que tampoco deben abundar) las palabras de mi madre de ayer “busca la felicidad que yo no he sabido encontrar“.

Aún me quedo en silencio cuando las recuerdo, sin saber qué responder, como ayer cuando las escuché.

Mi madre lleva casi 11 años esperando a que vuelva de nuevo a su casa -aún tengo la cama y la habitación en el mismo sitio. Sin embargo también quiere que vuele, que marche bien lejos. Sabe que no podría ser feliz en su casa -aún la llamo “mi“- y menos en esa ciudad. Quiere que yo tenga una oportunidad.

Esa mi oportunidad también es la suya.

Hoy he iniciado unos trámites. Ahora sólo es cuestión de tiempo (de ese sí que tengo)…

Como decíamos ayer…

Prosigue su pausado camino el Eterno Retorno. La ruta circular ha hecho que vuelva a estar en un lugar en el que ya había estado antes.

Estoy sin trabajo. Eso me ha permitido liberarme de otra de mis pesadas cargas. Y apenas tengo ahora peso en la mochila. Perderlo todo, no ser dependiente y no necesitar nada es una muy buena manera de sentirse libre -ni necesitar comer, como decía Estefano en Vicenza-. Y ahora me siento libre, sólo conmigo, sin nada más.

Un nuevo mundo, lleno de oportunidades -y cagadas, claro-, se asoma desde la línea del horizonte. Valoro opciones, a cada cual más loca. Aún tengo tiempo de hacer locuras. Analizando, analizando, creo que intentaré llevar a la práctica una de esas locuras. De todas formas aún tengo que pensármela bien. Supondría un cambio demasiado radical. No sé si estoy preparado. No obstante, no tengo absolutamente nada que perder.

Una ligera brisa acariciaba mi cara y hacía que mis cabellos se movieran ligeramente, al ritmo que marcaba el suave viento. Sentado en la arena, desnudo, a orillas del mar, el sol iniciaba su ruta. Amanecía.

Brujas de agosto

Anoche, cuando las brujas comenzaban a despertarse y a hacer desaparecer misteriosamente sus legañas -son brujas, no necesitan dedos- hasta que salían de sus casas montadas en sus escobas, el espejo comenzó a reflejar imágenes algo distorsionadas. Visiones muy reales traspasaban el cristal de la fantasía y se iban introduciendo en mi cuerpo a través de todos los pequeños poros de la piel. Me dejé llevar, por supuesto.

Tiempo y espacio se mezclaban en esa visión. Aún no sé si era realidad o era sueño. Escuchaba voces lejanas, leía letras confusas que, en ocasiones, formaban palabras, palabras sin eñes, sin acentos agudos y con faltas ortográficas. Esa es la grandeza de las ilusiones, sin normas ni gramáticas. He tardado un sueño y dos cafés en comprender esas imágenes.

Y ahora que las he comprendido, puedo afirmar que anoche, en esas horas brujas, fue la noche más feliz de agosto.

Un zumo de naranja

Anoche fui a hacerle una visita a la Ilusión. De vez en cuando voy a verla. Siempre me acoge con sus brazos abiertos y me ofrece zumo de naranja. Es agradable tomar un buen zumo de naranja mientras tienes una buena charla. Ella siempre me hace muchos regalos y nunca salgo con las manos vacías. La Ilusión siempre se porta bien conmigo. Me ofrece opciones a mis dudas y temores que soy incapaz de ver, me hace ver las cosas desde otro punto de vista, desde otra perspectiva.

Me tranquiliza. Puedo hablar de todo con ella, y de la manera que quiera. Y también me dice cosas que, si bien las conozco, no son agradables de escuchar. No porque sean frases duras, sin sentido o desagradables, sino porque son la verdad.

Estoy contento por su charla de anoche. Por eso la suelo ir a visitar, porque salgo siempre contento… Y con el sabor todavía en los labios de un buen y reconfortante zumo de naranja.

La clásica post- de todas las salidas

–El doble viaje de estos últimos 7 días llegó ayer a su fin, cuando pude llegar casa y, aunque parezca poco importante, dormir en mi cama, y con mi almohada. Pensaba en qué escribir como post. Llevo dos días pensándolo. No lo tengo aún claro del todo.

Podría escribir acerca del maravilloso viaje, porque realmente lo ha sido; detallar anécdotas y peripecias varias, agradecer este viaje. Podría incluso hacer un oda al egoísmo y al orgullo, o escribirlo simbólicamente, como en Cárcel de amor.

También podría escribir acerca de los deseos. De la finalización de uno de ellos y de la continuación de otro. Podría hablar de tantas cosas…

Y no sé ni cómo hacerlo ni de qué hacerlo… Tampoco tengo muy claro por qué tendría que hacerlo.

Dos días en casa han sido suficientes como para saber qué es lo que me gustaría, qué es lo que deseo y quiero con todas mis ganas. Y suficientes también como para estar convencido de que no puedo conseguirlo. Cuando he explicado mi viaje, cierta gente me ha dicho que soy muy valiente… Yo creo todo lo contrario.

Hubiera sido más valiente si me hubiera quedado en casa durante las dos semanas de vacaciones. Esa habría sido una opción valiente y, como todas las osadías, cargada de estupidez. He escogido, creo, la opción menos estúpida. Y me ha servido. Y mucho.

Me quedaría con dos cosas importantes. Pero, en estos momentos, sólo pienso en cómo superar el síndrome post-vacacional y en mis próximas actividades, porque ya las tengo pensadas. Lo importante es estar más o menos activo.

No quiero tener que escoger la opción más estúpida. Quiero volver a recuperarme económicamente y hacer otra salida. Quizás a Italia sur, quizás a Marruecos, quizás a Mataró, quizás de nuevo al interior…

Y sé que he resucitado. Eso lo tengo más o menos claro. Lo que pasa es que, después de haber muerto, mis articulaciones aún están un poco atrofiadas. Necesito un poco de entrenamiento, quizás si me pusiera en ropa interior a bailar flamenco…

Casi al final

–El viaje llega a su fin. No he tenido estos días mucho tiempo para conectarme a Internet y, en estos momentos, lo hago sin necesidad de correr demasiado buscando conexiones de trenes, albergues baratos y libres u otras cosas que se hacen cuando uno esta de viaje y el tiempo apremia. Tengo tiempo para mí.

Por un lado tengo ganas de volver a casa sólo para descansar, para coger mi cojín y abrazarme fuertemente a él. Por el otro lado, siento que he dejado un trozo de corazón en estas ciudades que me han atrapado fuertemente; me gustaría quedarme.

Pero he de proseguir mi viaje.

Las experiencias en Italia me marcarán fuertemente, como lo estan haciendo ahora mismo, cuando miro atrás. Sólo una semana, una maldita semana… y parece que haya pasado tanto tiempo…

He respirado tanto el aire de otros mundos, de otras experiencias que no habría vivido en mi casa quedándome en el sofá, mirando la tele y enfadándome con los críos que hacen ruido cuando van a la piscina… Creo que voy a estar orgulloso toda mi vida de haber hecho todo esto.

Creo que cuando regrese a casa comenzaré de nuevo un viaje. Una nueva vida, una nueva manera de ver las cosas. Necesito hacer un reset y rearrancar el sistema. Y, esta vez, sin fallos.

En este post no voy dar gracias a nadie. Sólo a mí. Me las merezco por haberme dado esta oportunidad tan maravillosa. Estoy contento, muy contento. Nada ni nadie me puede quitar ya todo esto.

Pero he de proseguir mi viaje… aunque sea en el mismo sitio de siempre.

En

Sólo unas pequeñas líneas para agradecer a todos los italianos que han perdido su tiempo en ofrecimientos, companía y ayuda en este viaje que va finalizando. Quiero agradecerles especialmente a Chiara, Paola, Estefano y Elisa no por lo que han hecho, sino por lo que son. Gracias de verdad.

Creo que el fin del viaje no va a ser tal. Tengo la impresión que el mismo viaje va a ser el inicio de algo mejor.