De patologías
Un increíble ejército de neurotransmisores inundan todas las sinapsis de mi cerebro. Estas huestes, bajo la bandera de un extraño país llamado Feniletilamina, están consiguiendo potenciar una mayor segregación de dopamina, norepinefrina y oxitocina, entre otras. El resultado es nefasto.
La dopamina hace que mi frecuencia cardíaca y mi presión arterial aumenten, con los peligros que eso tiene. La norepinefrina, por su parte, además de hacer que mi presión arterial aumente, hace que aumente mi estado de vigilia. Si bien en estado de peligro podría ser bueno, cuando intento dormir produce efectos no deseados. La oxitocina, un péptido, está relacionada con los patrones sexuales; en otras palabras, estoy que me subo por las paredes.
Las catecolaminas, estos malditos neurotransmisores, me están matando por dentro, tanto en su función de neurotransmisores como en el de hormonas. Y no me permiten vivir tranquilo. El aumento de su actividad puede provocar fases maníacas, con el apoyo desinteresado de la feniletilamina, una anfetamina.
Necesito inhibir estos neurotransmisores. Y no sé cómo hacerlo.
Necesito retomar mi vida, donde la dejé, o, por el contrario, meterme una dosis más alta todavía de feniletilamina y ver qué sucede.
No tengo chocolate…