Opciones
Lejos de mi ex-hogar. Sin tener demasiado claro qué hacer ni qué deshacer. Escuchaba música, ese tipo de música que fabrica pasados mejores y que obliga a cerrar los ojos y pensar.
¿Y ahora qué?
Abatido…
Todo sería más sencillo si tuviera detrás una fusta que me obligara a andar más rápido, más lento, hacia la derecha o hacia la izquierda. Incluso pararme. Quizás todo es más fácil cuando somos unos simples autómatas haciendo lo de siempre. El problema es que no quiero ver ese látigo que me azota y deseo creer que soy libre.
Quizás aprendí a convivir con el arte del azote y en ocasiones no soy consciente de su existencia.
Pero no se trata de tomar una decisión. Como siempre, ya está tomada.
Por lo menos sé que “todo va a salir bien”. Afortunadamente, hoy me creo esa simple frase. Y lucho para no volver a caer en los mismos errores. Hay un pequeño brillo esperanzador de felicidad y salvación.
(Imagen: Portada de El arte del azote, del genial Milo Manara).