Arder


Para que no te dejes apartar del camino de la virtud porque te parezca abrupto y temible, porque tal vez hayas de renunciar a las comodidades del mundo, y porque constantemente has de combatir contra tres enemigos en lucha desigual, que son la carne, el demonio y el mundo, te será propuesta esta tercera norma: todos esos espectros y fantasmas que se abaten sobre ti (…) has de tenerlos en nada". Erasmo de Rotterdam

Durero Muchos maravedís gastados en lujosas posadas. Vastas zonas de terreno recorridas, desde Mediolanum hasta más allá de las Marinare. Más de 430.000 codos de viaje para llegar finalmente a su destino…

Pero la princesa cautiva ya ha sido liberada, quizás una noche tan especial como la de hoy, quizás no. Al caballero, bajo la torre y con el dragón sangrante bajo sus pies, aún en su último aliento, se le ha acabado su dura y cruenta aventura. Ha hecho todo lo posible para conseguir liberar a su gran amor. No lo ha conseguido. Por lo menos ha descubierto que el fin último de esta epopeya no era el de rescatar a la princesa, sino el viaje en sí mismo.

El caballero se quedará toda esta noche guardando la torre, custodiando el velorio. Meditará sobre la bondad y el sentido de sus acciones.

De madrugada, la torre arderá, con todo lo que haya dentro.

Por la mañana, después de que todo se haya calcinado, iniciará el regreso a casa.

 

(Imagen: El Caballero, la muerte y el diablo. Alberto Durero)


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