Menudo último día…
Esta noche disfrutaré especialmente de mi cama, de mi bendita cama, y, sobretodo, de mi cojín, con el que duermo abrazado desde hace ya algunos años -a veces he llegado a ponerle camisetas y disfrazarlo…
En unas horas parto hacia Madrid y, desde allí y si las condiciones meteorológicas son las adecuadas, a Ecuador. Todavía no estoy nervioso. No sé cuándo voy a empezar a estarlo. Finalmente me voy, aunque sean unos pocos meses. Colaboraré con una ONG en una comunidad perdida en los Andes. Sin internet, claro.
No explicaré aquí mis motivos. No tengo ganas. Ahora no. Simplemente algo me dice que es lo único que podía, quería y tenía que hacer.
El día de hoy me quedará marcado como un día de sensaciones diferentes. No es la primera vez que las tengo, pero hace tiempo que no las sentía. Me estoy habituando a recibir noticias importantes justo antes de un viaje importante. Me han hecho ciertos regalos hoy, y no estoy acostumbrado a recibirlos. He pasado de la excitación y el miedo a la alegría y la duda; de la envidia y los celos a la comprensión. Todo un espectro de sensaciones varias.
Me he pasado un largo rato en el autobús pensando en una frase que he leído esta mañana: "el sentimiento opuesto al amor no es el odio, sino el egoísmo y hay muchas maneras de expresarlo". Me ha dado mucho que pensar. Mucho, aunque nunca el suficiente, pese a las críticas.
Esta tarde ya me he despedido del mar, de mi queridísimo Mediterráneo. Ahora saldré a mi terraza, con vistas a mi verdadero amor, y me fumaré, tranquilo, un cigarrillo. Esta noche me despediré de mi queridísimo cojín -que no es mío, por cierto- y de mi cama. Mañana, del agua caliente de la ducha, de mi ordenador y de la mayor parte de mi copiosa música.
Y pasado mañana…