Mi estrella

¿Dónde se ha escondido mi estrella? ¿Por qué se ha ido? Me gustaba saber que tenía una pequeña estrella que cuidaba de mí –pequeñita pero firme- y que no iba a soltarme de la mano. He salido a lo poco que queda de playa a sentarme al lado de mi querido mar y la he intentado localizar.
Ya no estaba. Ha cogido las maletas mientras yo dormía el sueño de la realidad del día y ya no ha vuelto más. Ahora soy huérfano de estrella. Y, como bien sabemos, sin estrella no se puede vivir.
Ni soñar.
Quizás haya tenido que marchar y la volveré a ver mañana. O quizás éstas son sólo palabras de autoengaño y consuelo. Lo más probable es que se haya ya cansado de mí, de mi tristeza, de mi pena, de mi apatía sistémica. Las estrellas sólo aparecen cuando hay esperanza -no son como los dioses, que desaparecen cuando dejamos de creer en ellos- y por eso hay tantas en los cielos nocturnos. Tantas como esperanzas.
Pero hoy, esta noche, cuando alcéis vuestro ojos a los cielos, veréis que falta una.
Dice Eduard Punset que un día dejaremos de ver las estrellas porque el universo tiende a expandirse, pero aún falta dos o tres mil años. Con las personas pasa que nuestar vida es finitamente eterna. Un saludo