Archivo de Diciembre de 2008

Feliz de eso…

Resultaría absurdo animarme a mí mismo. Eso no es posible. Pero todavía quedáis vosotros, así que: ¡Feliz año nuevo! Disfrutad de todo lo que se os aparezca por delante, sonreíd siempre que las cosas no vayan tan bien y soñad, sobre todo soñad.

Ya escribí un post sobre mi año, así que no volveré a escribir algo parecido. Sólo pienso en el cariño de mi fin de año de hace exactamente un año. Aún tengo los cacharros por fregar y ni he empezado a hacer la cena. Me da miedo recordar, si lo hago.

Sólo sé que en pocos días me marcho, huyo… Y, desgraciadamente, no es lo que más me está importando.

Alea iacta est

Se está produciendo una batalla dentro de mi cuerpo. Los pequeños enemigos se han introducido en diversos frentes y espero que las defensas actúen debidamente. Dos ataques en mi brazo izquierdo, uno en mi brazo derecho, uno en mi muslo izquierdo y el último en mi muslo derecho. Y aún me faltan 4 ataques más.

Y realmente no sé cuáles son los efectos de esos pequeños enemigos. Sólo sé que hoy estoy algo débil. Lo curioso fue sentir ayer esa lucha.

También adquirí los billetes. Finalmente me voy. Y estoy muy asustado pero ya no hay marcha atrás. Los dados ya se han tirado. Dentro de un tiempo podré ver cuál es el resultado de esa tirada.

La decisión fue tomada hace algunos meses, ayer comencé a entenderla y espero haberla comprendido completamente dentro de unos meses. Espero que todo sirva para algo.

Y sé que desde un punto de vista práctico, como me dice toda la familia, estoy tonto. Lo sé. Tienen razón. Pero, ¿no habéis tenido nunca la necesidad de tomar una decisión, aun sabiendo que no era la mejor de las decisiones?

De todas formas, no creo que esta decisión dañe a nadie. En todo caso sólo me dañaría a mí mismo y esto, desde hace unos meses, me importa bien poco, la verdad.

Tengo miedo, mucho miedo.

Mi estrella

¿Dónde se ha escondido mi estrella? ¿Por qué se ha ido? Me gustaba saber que tenía una pequeña estrella que cuidaba de mí –pequeñita pero firme- y que no iba a soltarme de la mano. He salido a lo poco que queda de playa a sentarme al lado de mi querido mar y la he intentado localizar.

Ya no estaba. Ha cogido las maletas mientras yo dormía el sueño de la realidad del día y ya no ha vuelto más. Ahora soy huérfano de estrella. Y, como bien sabemos, sin estrella no se puede vivir.

Ni soñar.

Quizás haya tenido que marchar y la volveré a ver mañana. O quizás éstas son sólo palabras de autoengaño y consuelo. Lo más probable es que se haya ya cansado de mí, de mi tristeza, de mi pena, de mi apatía sistémica. Las estrellas sólo aparecen cuando hay esperanza -no son como los dioses, que desaparecen cuando dejamos de creer en ellos- y por eso hay tantas en los cielos nocturnos. Tantas como esperanzas.

Pero hoy, esta noche, cuando alcéis vuestro ojos a los cielos, veréis que falta una.