Archivo de Octubre de 2008

Un día tranquilo

-Se respira un ambiente de tranquilidad y de paz que me llenan un poquito más el espíritu (ese que no tengo). Apenas queda gente de vacaciones (sí, en mi pueblo hay gente de vacaciones prácticamente hasta noviembre). Y el mar suena agradable, cariñoso, como si quisiera que le acariciaran el lomo. Ha aparecido la Luna en su máximo esplendor y me he dado cuenta de que hacía demasiados meses que no me fijaba en ella. Hacía muchos meses que no disfrutaba de la paz de hoy.

Ha sido un día agradable para mí. Aún resuenan entre mis neuronas (esas que tampoco deben abundar) las palabras de mi madre de ayer “busca la felicidad que yo no he sabido encontrar“.

Aún me quedo en silencio cuando las recuerdo, sin saber qué responder, como ayer cuando las escuché.

Mi madre lleva casi 11 años esperando a que vuelva de nuevo a su casa -aún tengo la cama y la habitación en el mismo sitio. Sin embargo también quiere que vuele, que marche bien lejos. Sabe que no podría ser feliz en su casa -aún la llamo “mi“- y menos en esa ciudad. Quiere que yo tenga una oportunidad.

Esa mi oportunidad también es la suya.

Hoy he iniciado unos trámites. Ahora sólo es cuestión de tiempo (de ese sí que tengo)…

Como decíamos ayer…

Prosigue su pausado camino el Eterno Retorno. La ruta circular ha hecho que vuelva a estar en un lugar en el que ya había estado antes.

Estoy sin trabajo. Eso me ha permitido liberarme de otra de mis pesadas cargas. Y apenas tengo ahora peso en la mochila. Perderlo todo, no ser dependiente y no necesitar nada es una muy buena manera de sentirse libre -ni necesitar comer, como decía Estefano en Vicenza-. Y ahora me siento libre, sólo conmigo, sin nada más.

Un nuevo mundo, lleno de oportunidades -y cagadas, claro-, se asoma desde la línea del horizonte. Valoro opciones, a cada cual más loca. Aún tengo tiempo de hacer locuras. Analizando, analizando, creo que intentaré llevar a la práctica una de esas locuras. De todas formas aún tengo que pensármela bien. Supondría un cambio demasiado radical. No sé si estoy preparado. No obstante, no tengo absolutamente nada que perder.

Una ligera brisa acariciaba mi cara y hacía que mis cabellos se movieran ligeramente, al ritmo que marcaba el suave viento. Sentado en la arena, desnudo, a orillas del mar, el sol iniciaba su ruta. Amanecía.