Archivo de Agosto de 2008
Nunca
–No me estoy haciendo las preguntas pertinentes. No soy capaz, de momento, de encontrarlas. Las preguntas impertinentes que sí vienen a mi mente obtienen unas respuestas poco claras, confusas y, sobre todo, sangrantes, de incomprensión, rabia y autocompasión.
No estoy en mis mejores momentos y, pese a intentar seguir caminando, mis piernas flaquean, tiemblan, no son capaces de soportar el peso que tienen sobre ellas. Caen. Pasado un descanso vuelvo a levantarme, ayudado fundamentalmente por los gritos de ánimo de compañeros virtuales, y prosigo mi camino pero, débil, no tardo demasiado en volver a caer. Es demasiada la carga. Y voy añadiendo más y más peso. Y más y más heridas…
La situación se está volviendo algo insostenible. Necesito hallar esas preguntas pertinentes que consigan unas respuestas claras. El problema radica en que me cuesta saber dónde encontrarlas. Las busco encerrándome en casa, jugando a ser dios; las busco aislado entre la multitud de los bailes y el alcohol; las busco entre los placeres de la nocturnidad y el insomnio…
Y creo encontrar una respuesta. Pero no me gusta. Quizás no quiero encontrar esas preguntas y por eso me dedico a responder preguntas sin sentido. Quizás no quiero encontrar esas preguntas ahora y por eso las disimulo con dolor, que es una forma eficaz de mantener las cadenas, como la esperanza, a la que tanto odio y a la que tanto me aferro.
Pero aún tengo esperanza.
Hace casi un año dejé de emplear la palabra nunca.
Brujas de agosto
Anoche, cuando las brujas comenzaban a despertarse y a hacer desaparecer misteriosamente sus legañas -son brujas, no necesitan dedos- hasta que salían de sus casas montadas en sus escobas, el espejo comenzó a reflejar imágenes algo distorsionadas. Visiones muy reales traspasaban el cristal de la fantasía y se iban introduciendo en mi cuerpo a través de todos los pequeños poros de la piel. Me dejé llevar, por supuesto.
Tiempo y espacio se mezclaban en esa visión. Aún no sé si era realidad o era sueño. Escuchaba voces lejanas, leía letras confusas que, en ocasiones, formaban palabras, palabras sin eñes, sin acentos agudos y con faltas ortográficas. Esa es la grandeza de las ilusiones, sin normas ni gramáticas. He tardado un sueño y dos cafés en comprender esas imágenes.
Y ahora que las he comprendido, puedo afirmar que anoche, en esas horas brujas, fue la noche más feliz de agosto.
De delirios de Venganza y Honor
–No puedo dormir. Eso no es ninguna novedad. Desde hace un tiempo suelo tener problemas de sueño. Antiguamente también los tenía. Lo único visible mañana serán las ojeras, así que tampoco es tan grave. Lo que no se ve sólo existe en mentes de enfermos, retorcidos y suicidas.
Hace unos meses que no recuerdo lo que sueño, pero en las dos últimas semanas he vuelto ha recordar pequeños fragmentos de sueño. Es muy poco tiempo lo que recuerdo, apenas unos segundos, si llegan al segundo. Me duelen. Son como pesadillas de tema repetitivo y molesto; y en seguida me despierto, con una sensación de ansiedad. Sudando, por supuesto, como en un buen delirio. El pasado no quiere dejarme ir. No me permite mirar hacia adelante, no me permite coger completamente las riendas de mi vida, aunque sea tan sólo unos segundos para, de nuevo, volver a perderlas.
Y pienso en Venganza. En la recuperación de eso que es mío pero que todavía no tengo en mis manos. Me han humillado gravemente. Han mancillado mi buen nombre. Han tirado de mi brida, han maltratado mi caballo y ensuciado mi capa. Es solamente una cuestión de honor. Y si es una cuestión de honor será porque soy un caballero. Un caballero, debo añadir, que desearía no serlo.
Pero Venganza tiene sus propias reglas y han de cumplirse. Las reglas son las reglas. Una cosa es la venganza y otra, muy diferente, la estupidez. No voy a pagar la caloña. No voy a transgredir sus normas.
Aunque ateo, juro -por imperativo legal- defender la verdad. Escucharé misa y, con lanza, espada, escudo, loriga, yelmo y brafonera esperaré al amanecer. Tres días estaré allí. Al tercer día, y si no resulto vencido, se considerarán probadas mis palabras.
Mi Venganza se habrá consumado y podré, entonces, perdonar.