Archivo de Julio de 2008
Un zumo de naranja
Anoche fui a hacerle una visita a la Ilusión. De vez en cuando voy a verla. Siempre me acoge con sus brazos abiertos y me ofrece zumo de naranja. Es agradable tomar un buen zumo de naranja mientras tienes una buena charla. Ella siempre me hace muchos regalos y nunca salgo con las manos vacías. La Ilusión siempre se porta bien conmigo. Me ofrece opciones a mis dudas y temores que soy incapaz de ver, me hace ver las cosas desde otro punto de vista, desde otra perspectiva.
Me tranquiliza. Puedo hablar de todo con ella, y de la manera que quiera. Y también me dice cosas que, si bien las conozco, no son agradables de escuchar. No porque sean frases duras, sin sentido o desagradables, sino porque son la verdad.
Estoy contento por su charla de anoche. Por eso la suelo ir a visitar, porque salgo siempre contento… Y con el sabor todavía en los labios de un buen y reconfortante zumo de naranja.
Os maldigo
“Os maldigo con todo el amor que tengo en el cuerpo. Que Dios os ahogue a vosotros y a vuestros hijos. Que el aire os falte en la garganta, en los pulmones, que el corazón se os pare, así como les ha sucedido a mis niñas“.
Las durísimas palabras de la madre de Violeta y Cristina.
The End
Poseído por el diablo, o por las drogas. Desespero. Sangre en el puño, señal de haber roto ya el espejo. No quiero mirar fuera, tampoco dentro. No quiero mirar. De nuevo el brote. No ver nada de lo que no quiero, que es todo. No hacer nada. No pensar. No desear. Nada.
Y nada más.
Sólo nada.
Quiero que me dé igual. Todo tendría que darme igual… pero es sólo un tendría. Bailo en el comedor, me agito como en un baile indio. Retuerzo mis músculos y articulaciones. Sin música. Caigo y sigo mi orgía de movimientos en el suelo. Al intentar levantarme resbalo con las manchas rojas y espesas. Lucho contra espíritus del mundo nocturno.
Poderosos.
El suelo se llena de sangre. No tengo muy claro de dónde más sangro. Tampoco si toda la sangre es mía. Las heridas tampoco sé si son mías.
Tampoco me importa.
Me quedo dormido en el suelo.
…
Un sueño de esperanza abre mis párpados. Me incorporo. Nada. No hay nada. No hay nadie.
Nada.
Nadie.
Numb
Debe ser el síndrome post-vacacional que me altera las hormonas… No estoy ni triste ni contento. Ni una cosa ni la otra, y las dos al mismo tiempo. Estoy amando y odiando al mismo tiempo y, además, tengo ganas de hacer ambas. Estoy en esa época de la vida en el que las dudas me asaltan continuamente. Lo jodido es pensar que si estuviera eufórico o deprimido todo sería más fácil.
Debo algún email y algún SMS. Y no tengo ganas de apretar teclas ni botones (sin embargo estoy aquí escribiendo esto… debe ser que lo que realmente no tengo ganas de hacer es pensar más de lo que lo estoy haciendo, que estoy casi saturado). Los problemas crecen, como la serie, y no tengo muy claro qué decisiones tomar. Creo que tampoco quiero tomarlas.
Lo único que tengo son ideas. Demasiadas al mismo tiempo.
Quiero hacer cosas pero no tengo ganas de hacerlas… Si alguien lo entiende, que me deje un comentario.
Todo me da igual. Me da igual quedarme en casa sin hacer nada, me da igual soltar palabras hirientes y malsonantes. Me da igual perder amistades y hacer que personas importantes se enfaden. Me da igual decir “te quiero” o realizar una vendetta personal. Todo me da igual.
Pero los astros vaticinan cambios y estoy ahora mismo acongojado. Espero estar preparado para cuando se asome lo que antes era mi planeta a mi ventana y me saque un poco de fiesta…
Ahora, de momento, hasta me da igual que me dé igual.
La clásica post- de todas las salidas
–El doble viaje de estos últimos 7 días llegó ayer a su fin, cuando pude llegar casa y, aunque parezca poco importante, dormir en mi cama, y con mi almohada. Pensaba en qué escribir como post. Llevo dos días pensándolo. No lo tengo aún claro del todo.
Podría escribir acerca del maravilloso viaje, porque realmente lo ha sido; detallar anécdotas y peripecias varias, agradecer este viaje. Podría incluso hacer un oda al egoísmo y al orgullo, o escribirlo simbólicamente, como en Cárcel de amor.
También podría escribir acerca de los deseos. De la finalización de uno de ellos y de la continuación de otro. Podría hablar de tantas cosas…
Y no sé ni cómo hacerlo ni de qué hacerlo… Tampoco tengo muy claro por qué tendría que hacerlo.
Dos días en casa han sido suficientes como para saber qué es lo que me gustaría, qué es lo que deseo y quiero con todas mis ganas. Y suficientes también como para estar convencido de que no puedo conseguirlo. Cuando he explicado mi viaje, cierta gente me ha dicho que soy muy valiente… Yo creo todo lo contrario.
Hubiera sido más valiente si me hubiera quedado en casa durante las dos semanas de vacaciones. Esa habría sido una opción valiente y, como todas las osadías, cargada de estupidez. He escogido, creo, la opción menos estúpida. Y me ha servido. Y mucho.
Me quedaría con dos cosas importantes. Pero, en estos momentos, sólo pienso en cómo superar el síndrome post-vacacional y en mis próximas actividades, porque ya las tengo pensadas. Lo importante es estar más o menos activo.
No quiero tener que escoger la opción más estúpida. Quiero volver a recuperarme económicamente y hacer otra salida. Quizás a Italia sur, quizás a Marruecos, quizás a Mataró, quizás de nuevo al interior…
Y sé que he resucitado. Eso lo tengo más o menos claro. Lo que pasa es que, después de haber muerto, mis articulaciones aún están un poco atrofiadas. Necesito un poco de entrenamiento, quizás si me pusiera en ropa interior a bailar flamenco…
Casi al final
–El viaje llega a su fin. No he tenido estos días mucho tiempo para conectarme a Internet y, en estos momentos, lo hago sin necesidad de correr demasiado buscando conexiones de trenes, albergues baratos y libres u otras cosas que se hacen cuando uno esta de viaje y el tiempo apremia. Tengo tiempo para mí.
Por un lado tengo ganas de volver a casa sólo para descansar, para coger mi cojín y abrazarme fuertemente a él. Por el otro lado, siento que he dejado un trozo de corazón en estas ciudades que me han atrapado fuertemente; me gustaría quedarme.
Pero he de proseguir mi viaje.
Las experiencias en Italia me marcarán fuertemente, como lo estan haciendo ahora mismo, cuando miro atrás. Sólo una semana, una maldita semana… y parece que haya pasado tanto tiempo…
He respirado tanto el aire de otros mundos, de otras experiencias que no habría vivido en mi casa quedándome en el sofá, mirando la tele y enfadándome con los críos que hacen ruido cuando van a la piscina… Creo que voy a estar orgulloso toda mi vida de haber hecho todo esto.
Creo que cuando regrese a casa comenzaré de nuevo un viaje. Una nueva vida, una nueva manera de ver las cosas. Necesito hacer un reset y rearrancar el sistema. Y, esta vez, sin fallos.
En este post no voy dar gracias a nadie. Sólo a mí. Me las merezco por haberme dado esta oportunidad tan maravillosa. Estoy contento, muy contento. Nada ni nadie me puede quitar ya todo esto.
Pero he de proseguir mi viaje… aunque sea en el mismo sitio de siempre.
En
Sólo unas pequeñas líneas para agradecer a todos los italianos que han perdido su tiempo en ofrecimientos, companía y ayuda en este viaje que va finalizando. Quiero agradecerles especialmente a Chiara, Paola, Estefano y Elisa no por lo que han hecho, sino por lo que son. Gracias de verdad.
Creo que el fin del viaje no va a ser tal. Tengo la impresión que el mismo viaje va a ser el inicio de algo mejor.