Sin corazón
Después de los excesos laborales de marzo empezaba a vislumbrar de nuevo las luces de mis sueños. Pero, por lo visto, todo ha quedado truncado esta noche, aunque la dolencia de esta noche está ligada a ese marzo y a ese abril horribles. Fueron unos meses terribles, pero lo peor estaba todavía por llegar.
Compruebo que los motivos que me convencieron para tomar ciertas decisiones sólo se basan en castillos de arena. Fue una apuesta demasiado alta. Y es una apuesta que tendré que ir pagando hasta fin de año, quizás un par de meses más. No más.
Me encantaría, más que nunca, ser un zombie lo que queda de año. Me encantaría no sentir. No sentir nada. Absolutamente nada. Disfrutaría siendo indiferente. Todo sería más llevadero.
Esta noche intento culpar a otros zombies. Les intento culpar de las decisiones que yo mismo he tomado, de forma libre y autónoma. Es cierto que no somos ajenos a lo que pasa a nuestro alrededor, pero las decisiones siempre son nuestras. Y con ellas viene nuestra responsabilidad. Es injusto culpar a los demás.
Así que ahora mismo me veo en una auto-recusación, cargada completamente de ironía. Me autorrecuso por sentir… Precisamente recibí alguna crítica por hacer precisamente lo contrario en un pasado. Y ahora que siento… No solamente no sirve para nada beneficioso, sino que parece que sea una diana contra la cual se pueden tirar dardos afilados. Cuanto más se ama más duelen esos dardos.
En el fondo se vive mejor sin corazón. Espero volver a perderlo algún día, quizás para fin de año, quizás un par de meses más. No más.