Archivo de Junio de 2008
La clásica pre- de todas las salidas
Probablemente éste va a ser uno de los viajes más importantes que he hecho en los últimos años. Es un viaje de despedidas, un viaje de finales, un viaje de muerte. Pero al mismo tiempo es un viaje de inicios y resurrecciones. Por eso es tan importante. En esta semana que viene acabará y empezará todo de nuevo. De nuevo otro ciclo.
Marcho de interrail por Italia, solo. Va a ser un viaje espero que cultural y, al mismo tiempo, un viaje interior. Necesito recolocar algunas cosas que tengo por aquí dentro y es lo que voy a hacer. Ya sabéis, el hígado por este lado, el rión derecho por el otro, el pulmón donde el corazón…
Empecé ilusionado porque en prinicipio no iba a ir solo. Luego decepcionado porque había probabilidades de que el viaje se fuera al garete y porque los de la estación de tren de Salou me lo pusieron realmente complicado. Finalmente, entre ayer y hoy… indiferencia. No había buscado ni albergues ni nada de nada, y me daba igual. Sé que tengo un ángel que me acompaña cuando salgo de viaje, y espero que esta vez siga con su trabajo, que para algo que se le da bien…
Y hoy he hecho los últimos trámites. He encontrado alojamiento (al menos para el primer día) y estoy planificando rutas pero, claro, no es lo mismo planificar desde detrás de un ordenador que en directo. Así que abro los brazos y espero recibir lo que venga, lo que me merezca.
Salgo dentro de nada. Me queda muy poco. La maleta ni he empezado a hacerla, y me importa bien poco. Tengo tiempo. Tengo todo el tiempo del mundo, como siempre.
Tengo todo el tiempo del mundo, incluso, para volver, si así lo deseo.
Buon viaggio!
Esta noche
Esta noche es una de mis peores noches en varios años. Me han acusado injustamente de no tengo muy claro todavía qué. Es algo inexplicable y, a mi entender, totalmente injusto, arbitrario y caprichoso. Pero duele, duele mucho. Nadie de la gente que me conoce me acusaría de lo que me han acusado esta noche, no sólo los pocos amigos, sino también los meros conocidos. Repito: Nadie. Con 19 años era posible una acusación así, lo reconozco, pero en los 12 años siguientes me he dedicado a mejorar y a ser lo que soy. He aprendido muchas cosas -sigo aprendiendo- y, paradójicamente, hay gente que dice que lo que más aprecia de mí es precisamente lo contrario de lo que me han acusado.
Abatido.
Lo peor es que entiendo el porqué de esta imputación. Mientras no se solucione esa situación, no cesarán los ataques absurdos contra mi persona. Pero yo no puedo hacer mucho. El sentimiento de culpabilidad anula en ocasiones el raciocinio.
Y precisamente, lo inexplicable ha sucedido esta noche, cuando mañana parto para Italia. He pensado en cancelar el viaje, pero no voy a darle tanta importancia. No merece la pena. La felicidad es darse cuenta de que nada es demasido importante, e intentaré que así sea.
Me iré a dormir pronto, que mañana tengo que hacer muchas cosas y no tengo fuerzas para hacerlas ahora, y porque la almohada me revitaliza. Es la que más me quiere.
Mañana también tengo que escribir la pre-, como en cada viaje.
Otra historia de muertes y resurrecciones
Los astros ya predecían mi muerte y han fallado sólo por un par de días… Tendré que empezar a creer en su influjo. Morí astrológicamente el 19, aunque física y anímicamente el 22. La verdad es que no sé si estar contento o si estar triste, o todo lo contrario… No sé si la muerte me sienta bien. Y no sé si la quería o no, aunque supongo que había un poco de todo.
No sé si esconder mi cadáver para que nadie lo pueda encontrar o dejarlo en algún lugar más acogedor para que alguien pueda venir a ponerme girasoles que se marchiten en sólo unos minutos, tal es mi influjo.
No es la primera vez que muero de esta manera. Así que me imagino que o era un zombi o había resucitado. Total, el resultado es el mismo, así que para qué nos vamos a enfadar con la manera de jugar.
Y, ahora que pienso, hoy era la noche en la que debía liberar a mi ayalga y resulta que la Cuélebre que la custodiaba me ha vencido. Simbólicamente ni los astros se equivocan en eso. Malditas tradiciones.
Lo mejor de todo es que después de la muerte sólo me queda resucitar… de nuevo. Espero no acabar acostrumbándome a estos vaivenes necrológicos, que seguro que el cuerpo notará los excesos en un futuro.
Esta noche no me preocupa la resurrección, la verdad; ya llegará. Me preocupa la muerte. Me preocupan las maneras en que he venido la Muerte a visitarme -¡mira que llega a ser caprichosa a veces!- y me preocupa no saber qué va a pasar hasta que me decida a resucitar. Habrá que negociarlo.
Arde
–El fuego arde en las entrañas de la montaña. Afortunadamente ésta nos protege del peligro que supone verlo desbocado y salvaje. No sabemos del cierto si las llamas llegarán a la superficie. Tampoco tenemos claro si hay fuego o no, sólo tenemos indicios, pero indicios bastante claros, como un negro humo que va apareciendo no tan a lo lejos.
Si las llamas consiguen aprovecharse de las pequeñas grietas que atraviesan toda montaña estaremos perdidos. Es un fuego demasiado grande, demasiado desolador. No es posible la salvación ni la esperanza.
Hay algún bombero que podría evitar la desgracia, pero es difícil encontrarle. No responde a las llamadas ni se sabe muy bien donde habita. Si huele el humo, quizás venga. Tampoco es seguro. La humanidad le parece una pérdida de tiempo y, viviendo al día, es imposible tenerle miedo a la muerte. Ésta también le importa bien poco.
No sabemos si el fuego hará eficientemente su trabajo o si podrá ser extinguido. Pero queda muy poco tiempo para saberlo. Poco más de una semana, quizás menos.
Sin corazón
Después de los excesos laborales de marzo empezaba a vislumbrar de nuevo las luces de mis sueños. Pero, por lo visto, todo ha quedado truncado esta noche, aunque la dolencia de esta noche está ligada a ese marzo y a ese abril horribles. Fueron unos meses terribles, pero lo peor estaba todavía por llegar.
Compruebo que los motivos que me convencieron para tomar ciertas decisiones sólo se basan en castillos de arena. Fue una apuesta demasiado alta. Y es una apuesta que tendré que ir pagando hasta fin de año, quizás un par de meses más. No más.
Me encantaría, más que nunca, ser un zombie lo que queda de año. Me encantaría no sentir. No sentir nada. Absolutamente nada. Disfrutaría siendo indiferente. Todo sería más llevadero.
Esta noche intento culpar a otros zombies. Les intento culpar de las decisiones que yo mismo he tomado, de forma libre y autónoma. Es cierto que no somos ajenos a lo que pasa a nuestro alrededor, pero las decisiones siempre son nuestras. Y con ellas viene nuestra responsabilidad. Es injusto culpar a los demás.
Así que ahora mismo me veo en una auto-recusación, cargada completamente de ironía. Me autorrecuso por sentir… Precisamente recibí alguna crítica por hacer precisamente lo contrario en un pasado. Y ahora que siento… No solamente no sirve para nada beneficioso, sino que parece que sea una diana contra la cual se pueden tirar dardos afilados. Cuanto más se ama más duelen esos dardos.
En el fondo se vive mejor sin corazón. Espero volver a perderlo algún día, quizás para fin de año, quizás un par de meses más. No más.
Coincidencias
Mi situación actual se asemeja demasiado con la situación de hace exactamente 6 años. Llevo poco más de un año pensándolo. Supongo que hoy es uno de esos días en los que, libremente, he querido hacerme daño. He repasado lo sucedido hace 6 años. Los resultados de la comparación son sorprendentes. Mucho más de lo que me esperaba. En consecuencia, también he repasado los motivos de mi situación actual.
En ambos casos se produce una obsesión previa. En ambos casos el mes de junio marca un antes y un después. En ambos casos la comunicación recibida, unas semanas después, es increíblemente parecida, por no decir la misma (no publicaré ni mensajes ni e-mails por esas cosas del respeto). En ambos casos, poco después, finiquita mi relación laboral. En ambos casos se produce un trastorno de ansiedad. En ambos casos, una depresión.
Hace 6 años la bajada a los infiernos fue espectacular. Un par de años después comenzaba un trienio de estabilidad, gracias a la Ilusión. Los 3 años seguidos más estables que he tenido desde el inicio de la adolescencia.
Más viento
Hace mucho viento esta tarde. El viento sopla habitualmente de forma salvaje en donde vivo. Pero el viento de hoy parece diferente, parece que se va a llevar todo lo que no deseo. Espero que se lo lleve lejos, muy lejos y que no regrese nunca más. Me aligera la carga que llevo sobre mis hombros. Por un lado me alivia del esfuerzo pero, por el otro lado, hace tanto tiempo que voy con unos kilos de más que no sé si voy a conseguir sobrevivir a la nueva ligereza. ¿Y si el viento se me lleva a mi también?
Quizás sería lo más adecuado. Y volar, y sentir que aligero las cargas de los demás, y correr, correr muy rápido y muy lejos, hasta conseguir olvidar dónde había puesto mis piernas. Y desear no volver al mismo sitio en el que estoy. Y ver, de lejos, a quien quiera ver, y azotarle suavemente con mis manos, y susurrarle al oído las cosas que no quiere escuchar.
Y volar, sobretodo volar.