A mi manera


Aprendo de la gente a ser mejor o a conocer más cosas. Vengo a ser como una sanguijuela que chupa lo que cree que puede ser interesante. Y en un pasado le chupé mucha sangre a los murciélagos. Como si fuera un Ozzy renacido, me quedaba apasionadamente con la sangre de los mamíferos alados, en todos los sentidos. Y me producía gran placer. Y aprendí tantas cosas… Quizás lo que más aprendí fue a abrir mi mente, en todos los aspectos, y a tomarme menos aún en serio a quienes se toman demasiado en serio. Nuestro pasado siempre son los buenos tiempos, con la diferencia que, esta vez, también han sido buenos tiempos el presente.

Este fin de semana ha sido una continuación de aquello. Hacía unos 4 años que no bajaba a Sevilla, y parece que la última vez hubiera sido el mes pasado. Hay cosas que no cambian. La idiotez es quizás de las cosas que menos cambian; todo lo contrario: se agravan con la edad. Y a nuestras edades, la vergüenza va desapareciendo… Lo suficiente como para estar bailando Oliver y Benji y el Chikichiki, o pumbapumba en la calle.

Lo suficiente como para acercarme de nuevo a mi propia libertad. Esa misma en que ocasiones duele.

Fin de semana feliz, como los últimos fines de semana, con la diferencia que esta vez he vuelto a coger un tren y me he ido lejos. El lugar es lo de menos; los sentimientos, no.

El sueño me importa ahora más que hace 4 años…


Deja un comentario