Inspiración


Preferiría tener palabras para escribir todo lo que desde hace un tiempo pasa por mi cabeza. Me encantaría poder definir las sensaciones y los sabores. ¡Cuánto daría para que todo esto pudiera ser oído por algunos oídos cercanos! Pero no sé. Soy incapaz de escribir un maldito e-mail que dijera, por ejemplo, “Diez minutos contigo bien merecerían una vida, aunque yo elegiría mejor diez minutos de espera y una vida contigo“.

Me encantaría poder tener la cabeza en su sitio -además de dormir del tirón todas las noches- y mi sitio en donde quiere mi cabeza. Pero no estoy pasando una época muy creativa que digamos. Además, el trabajo me anula totalmente esta creatividad que tanto ansío. Así que sólo puedo escribir cosas ñoñas y cursis, intentando decir cosas bonitas y resultando un perfecto idiota que llena lo que puede a base de tópicos y copy-pastes.

Doy bastante libertad a Calíope. Ella se va cuando quiere -y no la tengo encerrada en el armario- y regresa cuando se le acaba el dinero y quiere más o cuando le interesa volver, temporalmente, por lo que sea. Yo, como un tonto, se lo permito. Estoy enamorado.

Galadriel me susurra -Galadriel habla siempre susurrándome- que hay ocho musas más en el mundo de las divinidades. Me susurra que sería más útil irlas a buscar a todas y no esperar a una que viene y se va. Pero nadie sabe por qué se enamora. Es algo que es muy difícil de explicar. Me pregunto qué es lo que vi en Calíope. Supongo porque ella vio y subió mi apuesta.

Podría haberme fijado en Erato, o en Clío, o en la simpática Melpómene, o… en el resto. Pero Calíope era la más especial. No creo que pueda deshacerme de ella tan fácilmente, ni siquiera tengo claro si quiero apartartarla de mi lado, aunque no suela estar.

Sé que volveré a verla, tarde o temprano, y sé que volverá a pedirme dinero, o simplemente compañía durante unas horas o unos pocos días. Sé que no podré negarme. Me tiene tan enamorado…

Y sé que volverá a marcharse. No sé dónde ni por cuánto tiempo. Pero sabe que cuando decida regresar seguiré esperándola, como el primer día en el que la conocí, como cada vez que regresa, como cada vez que se decida a volver. Y seguiré deseando tenerla para siempre, pero no puedo encerrarla en el armario, lo tengo lleno de camisetas que no me pongo.


Deja un comentario