Archivo de Mayo de 2008

A mi manera

Aprendo de la gente a ser mejor o a conocer más cosas. Vengo a ser como una sanguijuela que chupa lo que cree que puede ser interesante. Y en un pasado le chupé mucha sangre a los murciélagos. Como si fuera un Ozzy renacido, me quedaba apasionadamente con la sangre de los mamíferos alados, en todos los sentidos. Y me producía gran placer. Y aprendí tantas cosas… Quizás lo que más aprendí fue a abrir mi mente, en todos los aspectos, y a tomarme menos aún en serio a quienes se toman demasiado en serio. Nuestro pasado siempre son los buenos tiempos, con la diferencia que, esta vez, también han sido buenos tiempos el presente.

Este fin de semana ha sido una continuación de aquello. Hacía unos 4 años que no bajaba a Sevilla, y parece que la última vez hubiera sido el mes pasado. Hay cosas que no cambian. La idiotez es quizás de las cosas que menos cambian; todo lo contrario: se agravan con la edad. Y a nuestras edades, la vergüenza va desapareciendo… Lo suficiente como para estar bailando Oliver y Benji y el Chikichiki, o pumbapumba en la calle.

Lo suficiente como para acercarme de nuevo a mi propia libertad. Esa misma en que ocasiones duele.

Fin de semana feliz, como los últimos fines de semana, con la diferencia que esta vez he vuelto a coger un tren y me he ido lejos. El lugar es lo de menos; los sentimientos, no.

El sueño me importa ahora más que hace 4 años…

El tercero

En unas horas vuelvo a coger un tren. El destino no es el que quería en un inicio, pero no es un mal destino. Tengo ganas de ver por la ventana de un tren, de pasarme un montón de horas con el traqueteo, de despertarme -si duermo- con dolor en todo el cuerpo y con cara de tonto y los pelos alborotados.

Necesitaba salir de casa este fin de semana. Quedarme aquí hubiera sido quizás demasiado duro. O no, quién sabe. Ya es el tercer fin de semana consecutivo que hago cosas y me siento activo. Estoy contento.

Vuelvo a ir cogiendo las riendas de mi vida. Eso me alegra. Lo malo ahora es que los fines de semana pasan rápido y de nuevo llega enseguida el lunes.

Lo importante ahora es saber que este fin de semana estaré desaparecido. Ya escribiré una crónica del viaje, que me estoy aficionando a hacerlo.

Paciencia

De todos es conocida la expresión “la paciencia tiene un límite“. Lo que no conocemos es probablemente lo más importante: ¿Cuál es ese límite?

La paciencia también está asociada a la molestia, al dolor. Podríamos ponernos matemáticos: la duración de la paciencia es indirectamente proporcional a la molestia continua, al dolor producido. Pero hay una anomalía sistémica que crea fluctuaciones: la esperanza de cambio. Claro que, aunque no lo parezca, no soy muy amigo del cientificismo, así que no intentaré explicarme el porqué aguantamos tanto en ciertas situaciones.

De todas formas mi paciencia tiene un límite físico… Es una fecha de calendario. Sólo tengo que esperar un poco, aguantar un poco más. Un poco más para no faltar a mi palabra y se habrá acabado todo. A nivel teórico, claro. Luego ya veremos cuáles son mis expectativas, mis motivaciones, mi dolor y… mi paciencia.

Inspiración

Preferiría tener palabras para escribir todo lo que desde hace un tiempo pasa por mi cabeza. Me encantaría poder definir las sensaciones y los sabores. ¡Cuánto daría para que todo esto pudiera ser oído por algunos oídos cercanos! Pero no sé. Soy incapaz de escribir un maldito e-mail que dijera, por ejemplo, “Diez minutos contigo bien merecerían una vida, aunque yo elegiría mejor diez minutos de espera y una vida contigo“.

Me encantaría poder tener la cabeza en su sitio -además de dormir del tirón todas las noches- y mi sitio en donde quiere mi cabeza. Pero no estoy pasando una época muy creativa que digamos. Además, el trabajo me anula totalmente esta creatividad que tanto ansío. Así que sólo puedo escribir cosas ñoñas y cursis, intentando decir cosas bonitas y resultando un perfecto idiota que llena lo que puede a base de tópicos y copy-pastes.

Doy bastante libertad a Calíope. Ella se va cuando quiere -y no la tengo encerrada en el armario- y regresa cuando se le acaba el dinero y quiere más o cuando le interesa volver, temporalmente, por lo que sea. Yo, como un tonto, se lo permito. Estoy enamorado.

Galadriel me susurra -Galadriel habla siempre susurrándome- que hay ocho musas más en el mundo de las divinidades. Me susurra que sería más útil irlas a buscar a todas y no esperar a una que viene y se va. Pero nadie sabe por qué se enamora. Es algo que es muy difícil de explicar. Me pregunto qué es lo que vi en Calíope. Supongo porque ella vio y subió mi apuesta.

Podría haberme fijado en Erato, o en Clío, o en la simpática Melpómene, o… en el resto. Pero Calíope era la más especial. No creo que pueda deshacerme de ella tan fácilmente, ni siquiera tengo claro si quiero apartartarla de mi lado, aunque no suela estar.

Sé que volveré a verla, tarde o temprano, y sé que volverá a pedirme dinero, o simplemente compañía durante unas horas o unos pocos días. Sé que no podré negarme. Me tiene tan enamorado…

Y sé que volverá a marcharse. No sé dónde ni por cuánto tiempo. Pero sabe que cuando decida regresar seguiré esperándola, como el primer día en el que la conocí, como cada vez que regresa, como cada vez que se decida a volver. Y seguiré deseando tenerla para siempre, pero no puedo encerrarla en el armario, lo tengo lleno de camisetas que no me pongo.

Pesadillas

Esta noche he tenido una pesadilla. No escribiré aquí el contenido del sueño -ni en otro lado- pero me ha preocupado. Como persona incrédula que soy, lo primero que he hecho -a las 5 de la mañana… mi cuerpo aún se niega a descansar- es buscar su significado en Internet. Aunque no crea en ello, me ha dado que pensar. Quizás puedo engañarme durante unos meses más, quizás hasta que cancele el contrato, pero tarde o temprano tendré que tomar una decisión. Una decisión que me asusta, pero necesaria. Necesito aprender de nuevo a tomar decisiones.