Explosión

Comer poco, dormir menos y la desesperación que supone tener lo único que no quiero de este mundo han conseguido su objetivo. Blandiendo mi espada y haciendo un gesto de reverencia acepto mi derrota y entrego el fuerte al enemigo, que pasa frente a mí sin disfrutar de mi humillación ni del escarnio público que se merecen los perdedores.

Ha sido una lucha feroz, pero noble. Sangrienta pero honorable. Y he perdido.

Hoy he tenido que ir al médico. Todo lo que lleva pasando por mi cuerpo desde hace poco más de un mes estalló el domingo y, después de tres días mareado, he decidido poner fin. He visitado el centro de atención primaria. No me gustan los médicos, ni ir a verlos. Incluso, cosa extraordinariamente rara, no salía en las listas médicas catalanas. Según el ordenador, no existo (y si lo dice el ordenador, que sabe más que yo…). Debe ser de ir tan poco al médico. Igual se pensaban que ya había fallecido y me han borrado.

Me ha hecho unas observaciones, me han puesto un termómetro en el sobaco, me han sacado sangre (todo al mismo tiempo, y hasta el algodoncito del pinchazo lo he tenido que aguantar con el brazo del termómetro) y… padezco vértigo… No me gustará ir al médico, pero sí me gusta saber que pasa por mi cuerpo. Así que san Google y a buscar. Resulta que el vértigo no es eso de los edificios altos. Más bien el vértigo son los mareos, debilidad, “atontamiento“, etc. que se puede sufrir, también, en el edificio alto. El vértigo puede ser el resultado de alguna situación estresante.

Le he preguntado al doctor y, muy serio, me dice: “Tienes que dormir y comer más“. ¡Joder con el pitoniso! Pero si eso ya lo sé yo. Es como en la revisión médica del parque, cuando los médicos llegaron a la conclusión, después de pesarme, medirme y preguntarme acerca de mis enfermedades, que estaba delgado… Cinco años de carrera para llegar a esas conclusiones. Claro que lo del médico de hoy ha sido diferente, porque en ningún momento le he dicho que no comía o que no dormía… Para despistar le he dicho que había desayunado un trozo de pan de molde con nutella… Y ya me gustaría a mí comer en condiciones y dormir en condiciones… Eso me lo tenía que haber dicho hace casi dos meses, cuando firmé el maldito precontrato…

Lo mejor de todo es que me han pinchado en el culo… Y ahora lo estoy notando. No sé que me habrán inyectado, pero he salido del CAP con unas ganas de comerme el mundo. Aún tenía mareos, pero con ganas de saltar por la calle, correr, reír, volver a saltar… Incluso me han dado ganas de hacer cosas y he decidido ir al oculista, que desde el 1999 no iba… Me ha subido algo la miopía…

(¿Qué me habrán inyectado que estoy aquí explicando cosas de mi vida personal?)

En fin, que el domingo explotó mi cuerpo. No es nada raro debido al tipo de vida que tengo que llevar -sólo falta una semana- y es, hasta cierto punto, normal. Hay cosas que no van a poder solucionarse tan fácilmente con una inyección y con unas pastillas antes de las comidas -aunque ojalá- pero si puedo eliminar ciertas carencias, todo será más fácil. La ilusión me ha dicho que sólo me tengo a mí, que como no me cuide mal vamos. Son cosas que ya sabemos todos, pero que se agradecen cuando alguien te lo recuerda.

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