Archivo de Abril de 2008

De tópicos

Cuando era adolescente intentaba coger las rosas antes de que marchitaran. Los pétalos iban a caer y no me gustaba. Era un radical del carpe diem -más bien era disfrutar del día y no aprovecharlo- y actuaba como tal. El futuro no me importaba porque lo que contaba era el presente. Cumplir horarios se convirtió en un suplicio y el paso del tiempo en un calvario.

Más tarde, en el inicio del declive de mis células, las rosas se marchitaban y a mi me importaba un bledo; como si se pudrían. La belleza de la rosa era, precisamente, que perdía sus pétalos y moría. El futuro también me importaba bien poco, pero por otros motivos. Me daba igual que el mundo se acabara, que el Sol dejara de brillar o que mi corazón dijera que ya estaba cansado y que allí se quedaba. La apatía se apoderó de mi vida y el presente también me importaba más bien poco. Nada tenía sentido. Fue una época de ubi sunt? nihilista, un contemptu mundi radical.

Y ahora, en ocasiones pienso que me he hecho algo viejo, que me queda menos tiempo y que tengo ganas de ser y estar feliz. Me doy cuenta de que tengo que mirar por mi futuro, por mi estabilidad y felicidad. Ahora no pienso en lo bonita que es la rosa, sino en que dentro de poco se marchitará. Y no puedo hacer nada, me guste o no. Así que pienso en mostrar esa rosa, en ponerla en la mejor maceta, en el mejor vaso de agua, en el mejor cubo que tenga, en sentirme contento al mirarla, en disfrutarla mientras dure. Esto es ya un carpe diem “oficial”, sabiendo que el futuro está detrás de la puerta y sólo necesito abrirla para encontrármelo.

Tarde o temprano los pétalos acabarán ennegreciéndose, así que mejor que se marchiten en el locus amoenus elegido.

He vuelto a despertarme a las 5:00. Mi cuerpo aún “sufre” los excesos de las últimas semanas y parece que se ha acostumbrado a eso de dormir poco. Necesitaré algún tiempo para recuperarme de todo y del todo.

Idiota

Me he comportado como un idiota. Soy idiota. Hace poco intentaba convencerme de que ciertos problemas podía controlarlos, pero veo que no. Veo que todavía hay peligros que acechan a mi alrededor y no puedo dominarlos.  A lo mejor lo que tengo que hacer es tomar una decisión salomónica. Quizá es lo mejor.

Sólo sé que al día siguiente todo duele. Duele mucho.

Habladurías

Esta tarde he hecho una visita a mi pasado más cercano. Sólo hace 3 meses que dejé el parque, y se habla de mí. De pequeños jugábamos al juego aquel tontorrón del teléfono. Pero, por lo que parece, el juego no es sólo para niños. Resulta que se cuenta una historia sobre mí que va engordándose a medida que pasa de boca a oreja. Me resulta divertido, muy divertido. Son de esas cosas que nunca afirmaría ni negaría sólo para poder observar hasta dónde pueden llegar.

Es como cuando vivía -y moría- en Mataró. Se decían tantas cosas de mí…

Las de ahora no son cosas negativas, y no tienen nada que ver con las de antaño, pero para nada tienen que ver conmigo. Cualquier persona que me conociera sólo un ápice sabría que estos rumores engordados son bastante difíciles de que puedan realizarse en mi persona.

Resulta que según el “¿sabesquemehandicho?” estoy casado… Y estoy viviendo en Barcelona…

¿A que es gracioso?

Claro que, para ser sinceros, más que preferir que hablen de mí, prefiero que hablen conmigo, que después se dicen cosas.

Explosión

Comer poco, dormir menos y la desesperación que supone tener lo único que no quiero de este mundo han conseguido su objetivo. Blandiendo mi espada y haciendo un gesto de reverencia acepto mi derrota y entrego el fuerte al enemigo, que pasa frente a mí sin disfrutar de mi humillación ni del escarnio público que se merecen los perdedores.

Ha sido una lucha feroz, pero noble. Sangrienta pero honorable. Y he perdido.

Hoy he tenido que ir al médico. Todo lo que lleva pasando por mi cuerpo desde hace poco más de un mes estalló el domingo y, después de tres días mareado, he decidido poner fin. He visitado el centro de atención primaria. No me gustan los médicos, ni ir a verlos. Incluso, cosa extraordinariamente rara, no salía en las listas médicas catalanas. Según el ordenador, no existo (y si lo dice el ordenador, que sabe más que yo…). Debe ser de ir tan poco al médico. Igual se pensaban que ya había fallecido y me han borrado.

Me ha hecho unas observaciones, me han puesto un termómetro en el sobaco, me han sacado sangre (todo al mismo tiempo, y hasta el algodoncito del pinchazo lo he tenido que aguantar con el brazo del termómetro) y… padezco vértigo… No me gustará ir al médico, pero sí me gusta saber que pasa por mi cuerpo. Así que san Google y a buscar. Resulta que el vértigo no es eso de los edificios altos. Más bien el vértigo son los mareos, debilidad, “atontamiento“, etc. que se puede sufrir, también, en el edificio alto. El vértigo puede ser el resultado de alguna situación estresante.

Le he preguntado al doctor y, muy serio, me dice: “Tienes que dormir y comer más“. ¡Joder con el pitoniso! Pero si eso ya lo sé yo. Es como en la revisión médica del parque, cuando los médicos llegaron a la conclusión, después de pesarme, medirme y preguntarme acerca de mis enfermedades, que estaba delgado… Cinco años de carrera para llegar a esas conclusiones. Claro que lo del médico de hoy ha sido diferente, porque en ningún momento le he dicho que no comía o que no dormía… Para despistar le he dicho que había desayunado un trozo de pan de molde con nutella… Y ya me gustaría a mí comer en condiciones y dormir en condiciones… Eso me lo tenía que haber dicho hace casi dos meses, cuando firmé el maldito precontrato…

Lo mejor de todo es que me han pinchado en el culo… Y ahora lo estoy notando. No sé que me habrán inyectado, pero he salido del CAP con unas ganas de comerme el mundo. Aún tenía mareos, pero con ganas de saltar por la calle, correr, reír, volver a saltar… Incluso me han dado ganas de hacer cosas y he decidido ir al oculista, que desde el 1999 no iba… Me ha subido algo la miopía…

(¿Qué me habrán inyectado que estoy aquí explicando cosas de mi vida personal?)

En fin, que el domingo explotó mi cuerpo. No es nada raro debido al tipo de vida que tengo que llevar -sólo falta una semana- y es, hasta cierto punto, normal. Hay cosas que no van a poder solucionarse tan fácilmente con una inyección y con unas pastillas antes de las comidas -aunque ojalá- pero si puedo eliminar ciertas carencias, todo será más fácil. La ilusión me ha dicho que sólo me tengo a mí, que como no me cuide mal vamos. Son cosas que ya sabemos todos, pero que se agradecen cuando alguien te lo recuerda.

Dolor

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La enfermedad duele más cuando no hay besos en la frente, cuando nadie te hace arroz blanco, cuando nadie te prepara un zumo de naranja, cuando nadie te pone la mano en la frente… El dolor de cabeza es más punitivo en soledad.

Espera

Debo esperar para obtener una respuesta, aunque me cuesta saber cuál será la pregunta. En ocasiones ya sabemos las respuestas, pero necesitamos entenderlas. La o las preguntas deben hacer posible este entendimiento. Es absurdo preguntar algo cuya respuesta ya sabemos de antemano. Quizás hace aumentar nuestra seguridad, pero no hace que comprendamos mejor. Y es esto, precisamente, lo que quiero conseguir. Entenderlo todo.

Pero no va a ser fácil. En ocasiones encontrar una respuesta no es fácil. Ya sea porque no interesa explicarlo, porque no se quiere explicar o porque no se puede aún entender. Mi cerebro ha vivido -no siempre totalmente lúcido- bastantes experiencias y, sinceramente, hay tantas pocas cosas que podrían sorprenderme, que aún no sé ni cuáles serían… Mi truco es pensar en mi vida, en lo que haría yo, en lo que hizo alguien a quien alguna vez escuché. Y funciona. Por eso no acostumbro a criticar las situaciones de los demás… Quizás yo hubiera hecho lo mismo, lo haría o… probablemente ya haya vivido algo parecido.

Tengo tiempo para encontrar la pregunta pero el tiempo, como la vida, va pasando rápido, y es chocante como me importa más la respuesta que disfrutar la propia vida.

Semana vista

Estoy completamente agotado. Necesito conectarme el cargador y enchufarme a la corriente al menos durante 4 días (mejor un par de meses). Un fin de semana solo no sirve.

No es la primera vez que paso una época de poco sueño, pero sí es la primera vez que me siento así de hecho polvo. El poco sueño y la mucha lectura hace que a Alonso Quijano se le seque el cerebro… A ver si en dos semanas me disfrazo de marqués victoriano y salgo a mancillar doncellas y a batirme en duelo…

Decepción

La continua negación de lo obvio es el refugio de los irresponsables. Hay cosas que pueden negarse (la clásica chuleta que te pilla el profe) y hay Cosas (en mayúsculas) que no deberían negarse nunca. Malditas manías sociables de quedar siempre bien con la gente… Prefiero una verdad dolorosa que una maldita mentira. A simple vista, todo el mundo puede estar de acuerdo con esta afirmación, pero he vivido y sufrido en mis carnes la hipocresía de quienes la afirman. En ocasiones soy un borde por decir lo que pienso (afortunadamente, con el tiempo he aprendido a callarme muchas cosas) -precisamente este sábado estuve hablando de esto con una posibilidad de amigo- y en ocasiones la gente se me enfada. Sinceridad sí, pero hasta cierto punto.

Sé lo que puede llegar a doler una mentira, así que no acostumbro a mentir, aunque la misma verdad ya duela por sí misma. Y la sinceridad no es sólo una cosa que deseo. La sinceridad es una cosa que exijo. Es la norma número uno para que mi cabeza permita que la gente se acerque a mí. Y en eso soy bastante radical, como en otras cosas.

Si no hay ganas de contarme una maldita verdad, se me puede decir que no hay ganas de explicarla, o que no se quiere. Pero nunca, repito, nunca, acepto la afirmación de un sinsentido. No me sirven las excusas baratas ni las mentirijillas piadosas.

Un olor especial

Hay una época durante el año, fugaz, en la que puede saborearse un olor especial. No sé exactamente cómo explicar un olor, nunca he sabido, pero viene a ser un olor a florecimiento, a agua de mar saltando entre olas, a nuevas buenas noticias, a un abrazo sincero.

Es un olor que me hace sonreír, un noséqué que quéséyo… Pequeños momentos en los que da gusto estar en la terraza de algún bar, tomando café. Hoy he tardado más en hacer mis quehaceres. Tenía que disfrutar de ese aroma a nuevo, de esas vitaminas vitales que dan mucho más sentido a esa cosa rara de seguir vivo.

Lo malo es que esa fragancia es igual de fugaz que el rocío. Y hay que saber aprovechar el momento en el que comienza, pues no dura mucho y el sentido olfativo acaba por acostumbrarse. Esos minutos de más disfrutando de un olor…

Benditos olores. Y eso que soy fumador y tengo el sentido medio atrofiado… Pero benditos olores.