Una procesión de Semana Santa

¿Y si acabas dándote cuenta de que tus peores pensamientos, los que rigen el resto del día y el resto de vida, carecen de fundamento y son irreales? ¿Es posible retomar unos nuevos pensamientos libres, empezando de cero, sin volver a los miedos y a las convicciones pasadas?
Esta semana santa marcará un antes y un después de lo que vendrá, aunque desconozco exactamente qué sucederá, salvo conjeturas. Necesitaba convencerme de que las posibilidades no desaparecen porque quiera compadecerme de mí. Las posibilidades desaparecen cuando cerramos la puerta con llave y no permitimos ni la entrada ni la salida a la esperanza.
Sé lo que me escribo, aunque me cueste entenderlo. El último peaje ha quedado atrás y ahora sólo queda un largo camino en una autovía libre, gratuita y sin muchas curvas para evitar mareos. Lo único, quizás, es el largo camino, el camino que hay que ir haciendo a cada segundo, a cada momento, continuamente. Sólo tengo que mover los pies, pelearme en la cocina y querer. Sólo eso.
Y tengo una dulce sensación de haberme vencido. De haber vencido lo indeseable, aunque deseable durante tan largo tiempo. El huevo de pascua se ha abierto y no han aparecido ni pollos ni ballenas… ha aparecido una posibilidad feliz de futuro.