Día de descanso
De nuevo el Eterno Retorno prosigue su ciclo y empieza una nueva temporada. Afortunadamente, el estanquero me dijo ayer que no esperaba que vieniera mucha gente esta Semana Santa. Lleva 20 años en el mismo sitio, así que debe saber de esas cosas. Por lo menos el verano pasado no se equivocó. Amén. Pero, al hacer mi obligado paseo de las tardes aburridas, he visto mucha gente y todos los locales y establecimientos abiertos -excepto el supermercado al que quería ir-. Incluso la policía y la grúa habían empezado a hacer su agosto.
Y yo con mis dudas. Por si no lo sabéis, he cambiado de trabajo pero, antes, debo superar un curso de formación. Empecé muy ilusionado pero es algo demasiado complejo, demasiado difícil, y san Google no me da las soluciones. Además, el curso lo hago en Barcelona, así que me paso 3 horas en un tren diariamente, además de dormir muy poco. Todo esto y otras cosas hacen que me plantee de nuevo volver al parque. Una compañera me dijo que para quienes habíamos trabajado allí, Port Aventura engancha. Y tiene toda la razón. El parque me ha dado muchas cosas, muchas y muy placenteras, pero para mí era bastante insostenible la situación del año pasado. Este nuevo año prometía. Incluso el jueves me llamaron los de CCOO para ser delegado sindical. Si me lo hubieran dicho 15 días antes no hubiera querido cambiar.
De todas formas, si acabo entrando de informático -que es la ocupación del posible nuevo trabajo- voy a ganar bastante más dinero. ¿Pero a cambio de qué? Mis esperanzas de futuro no están del todo claras y por lo menos en el parque me río, aunque me alejaría de esas malditas esperanzas. De todas formas, es normal la dubitación. No suelo mirar a más de dos semanas vista, así que es lógico dudar de lo que tendría que suceder dentro de un año.
De todas formas, sigo con el nuevo trabajo, estudiando y esforzándome en no dormirme a las 5:30 de la mañana. Y con muchas ganas de ver qué sucederá dentro de un año.