Preocupación
La vida no es como nos contaron en los cuentos. No existen ni príncipes azules ni gatos con botas. Y llega un momento en el que nos damos cuenta. Lo peor es no comprender qué queda como real después de eliminar esa realidad de los cuentos. Si no hay príncipes ni princesas, ¿qué es lo que habrá?
Pero no sólo nos enseñan qué es lo que hay en la vida. También nos enseñan la manera de mirarla. Usando los ojos de un niño se produce un error lógico cuando observamos todo lo que nos rodea. Nos enseñan, por ejemplo, a ser buenos… pero continuamente observamos -y sufrimos- que mucha gente es mala, que su objetivo es avanzar por encima de los demás, caiga quien caiga. Y nos damos cuenta de que estamos en un mundo que no entendemos, que no es nuestro, que no queremos.
Y actuamos en consecuencia. (…) Fue un capricho de niño tonto: “como no me das la pelota, dejo de respirar“. Esa fue la solución que aporté al gran error de intentar mezclar realidad con cuentos.
Pero me di cuenta de algo. Si yo podía acabar con esa dicotomía -de una manera algo simplista y totalmente estúpida- también podía acabar con la idea de que la vida era como en los cuentos. El objetivo no era dejar de ver las cosas que vemos, sino mirarlas desde otro punto de vista. Subirse a una silla y mirar a tu alrededor hace que la mente cree una realidad diferente, aunque sea la misma realidad. El objetivo es hacerse las preguntas pertinentes y no preguntas sin sentido. A veces cometemos el error de hacernos preguntas que no tienen solución o que no dependen de nosotros. ¿No sería mejor hacerse preguntas que pudiéramos responder?
Con el tiempo aprendí a hacerlo. El humor absurdo me ayudó. Y ahora me encuentro feliz. Soy feliz teniendo sensaciones, soy feliz sabiendo que no sé que me deparará el destino, soy feliz saboreando lo que se me presenta por delante, soy feliz sintiéndome vivo y viviendo a mi manera, con mis propias reglas. Me gusta ser como soy y teniendo lo que tengo.
(…)
Supongo que los que hemos estado en la mierda podemos entendernos.