De bajones y controles
De golpe todos mis pequeños problemas me han venido a la cabeza. Sensación de impotencia. No se puede tener todo controlado. Es una situación realmente angustiosa. Se puede estar perfectamente bien, pero de pronto recuerdas los problemas con el trabajo, con las relaciones personales, con el dinero… Y empieza de nuevo la rueda.
Dentro de una hora comprobaré en mis carnes si realmente puedo o no puedo controlarlo. Es mi intención conseguir agarrar la vida con las dos manos, pero puede escaparse. Se me puede escapar. ¿Y qué pasa si no podemos agarrarla? Absolutamente nada. Mañana sigue saliendo el sol…
Ni felicitaciones, ni reconocimiento ni absolutamente nada. Uno mismo puede estar batiéndose en duelo con ciertos problemas más o menos importantes pero, aún ganando la prueba, no va a recibir ni felicitaciones ni menciones honoríficas, ni copas ni medallas. Entonces, ¿para qué y por qué seguir luchando, y más aún si es mucho más fácil sentarse al borde del camino? Supongo que es porque a medida que vas venciendo luchadores, los siguientes que van apareciendo son más y más duros, como si de un videojuego se tratara. Y esos enemigos de la última fase son los que realmente asustan.
Maldita sea darse cuenta de eso.