Archivo de Febrero de 2008
Un sueño
Pensaba. Pensaba en todo y en nada, aunque mi verdadera intención era la de dormir y soñar. Pensaba en mi vida amorosa, pensaba en mi pasado, en mi posible futuro, pensaba también en hastío y en los viejos amigos.
He sentido que esta noche era una noche de revelaciones, como en esas películas en las que el protagonista descubre al asesino durante la noche a partir de pequeñas divagaciones e indicios. Quizás los temas que he escrito en el anterior párrafo parecen sueltos, distintos unos de otros, sin ningún tipo de relación, pero forman parte de lo mismo, son la misma cosa. Quizás todo lo que escriba en este post parezca suelto, sin ningún tipo de relación. Holismo puro y duro. Las interrelaciones de los elementos son las que dan sentido a lo que tenemos.
Sin todas esas cosas, y muchas más que no he escrito, no tendría sentido pretender saber quién soy. Me he sentido molesto con cierta gente que no quería a mis amigos o incluso a hastío porque sentía que estaban rechazando una parte de mí. Pero es que simplemente es más fácil tratar con alguien a quien conoces completamente -¿y ese es el objetivo, no?- que tratar con alguien cuyas variables no pueden controlarse.
Tampoco yo puedo controlar mis propias variables. La ciencia nos ha dado un método bastante simple y, en muchas ocasiones, ineficaz. Mirando atrás, veo una línea recta, una línea que me ha llevado a estar en donde estoy, a ser lo que soy. Y quiero aislar y controlar todas las variables externas para saber el porqué de la variable dependiente -yo mismo. Quiero entender un simple por qué. Probablemente ya lo sepa pero no quiero verificarlo ni falsarlo. Me asusta.
No quiero aceptar que todo ha sido culpa mía. Por eso me resulta más fácil culpar a otros. Creo que no odio a una persona, creo que me odio a mí mismo. Me odio por no haber querido echarle huevos a la vida. Me odio porque la historia siempre se me repite. Me odio por no entender algo tan simple como que alguien me pueda querer. Me odio por ser tan orgulloso. Me odio por pasar de los 30, me odio por haber desaprovechado la juventud y me odio por no estar aprovechando mi post-juventud. Me odio por no coger una maleta e ir a buscar lo que más quiero. Me odio por odiarme.
Pero, en el fondo, no es odio lo que siento. Es algo peor para un orgulloso: se llama vergüenza.
En estos momentos le estoy dando importancia a esas cuestiones. No voy a ir a psicólogos, están demasiado locos. Yo ya tengo a hastío (¿recordáis lo del holismo?). En estas páginas no tengo por qué escribir la verdad ni toda la verdad, que para eso soy yo quien decide qué posts dejo colgados y qué posts elimino. Tampoco es mi vida. Sólo es algo más y, en muchas ocasiones, sólo tiene un carácter literario. No estoy amargado ni depresivo, aunque lo estuve en un pasado, y mucho. Aquí sólo escribo cosas. Simplemente eso. En un pasado llevaba una libreta y un bolígrafo. Ahora llevo un blog y un teclado.
Por un lado, me censuro a la hora de escribir ciertas cosas y es cierto que he borrado varios posts que nadie ha leído, razón de más para desear una total anonimidad. Por otro lado, estas páginas gritan a los cuatro vientos que sigo vivo. En muchas ocasiones este blog es el único contacto que tiene cierta gente conmigo, así que tampoco puedo ser tan anónimo. ¿Un lío, verdad? Y por un tercer lado, estas páginas tienen un título claro aunque muchas veces desconocido: Hastío. ¿Con este título cómo queréis que hable de cosas alegres y felices? Entonces lo hubiera titulado Alegreces, por decir algo.
Simplemente escribo porque me anima, porque me hace entender varias cosas, porque me relaja, porque hace que me conozca mejor, porque puedo re-leerlo entero (en un par de días), disfrutar de la historia de mi vida e intentar acordarme de qué coño quería hablar en ciertos escritos. También escribo para escandalizar, para enviar mensajes ocultos que sólo un buen código puede descifrar, para hacer ejercitar a mi cerebro intentanto escribir ideas y situaciones que no quiero que se entiendan fácilmente (en algunos comentarios pasados se demuestra el éxito de este objetivo), también escribo para pedir disculpas y para proclamar mis amores, y ¡qué narices! escribo porque me da la gana y porque puedo hacerlo.
Escribo también porque me permite soñar… como ahora. Aunque un sueño nunca sea sólo un sueño.
Dentro de unas horas abriré de nuevo los ojos y me levantaré relajado, muy relajado y feliz, y con una gran sensación de haberme liberado de ciertos temores.
Llegaréis a entender que esto no es más que un simple sueño cuando esta mañana abráis los ojos y os sintáis relajados y felices.
Enésimo insomnio
De nuevo el insomnio va asomando su cabeza por debajo de las sábanas y va susurrándome pequeños secretos al oído. Son pequeñas cosas que, curiosamente, no hacen que me sienta mal. Todo lo contrario.
Se han abierto las puertas de la incertidumbre y ha entrado el miedo a través de ellas aunque, por alguna extraña razón que desconozco, no ha logrado encontrarme, y eso que tampoco estaba escondido. O el miedo se ha vuelto ciego o me ha tenido miedo a mí.
¿Cuántas personas darían lo que tienen por poder tener alternativas? En frente de mí no aparecen lugares que puedan hacerme mucho más daño que el que recibo quedándome sentado en el que estoy. Y, si lo deseo, tengo la opción de seguir sentado. Entonces, ¿por qué iba el miedo a tener que perseguirme?
Ya sabemos que no le tengo mucho cariño a la esperanza pero, por alguna razón desconocida, me siento esperanzado. Tengo opciones a escoger, trabajos a elegir, lugares a donde ir… Me siento ilusionado por tener la posibilidad de escoger la dirección de los caballos que tiran de mí.
Y por eso el insomnio no me deja dormir esta noche.
Ojalá aparezca todas las noches.
De destinos
En ocasiones podemos sentirnos algo afligidos pero siempre, tarde o temprano, aparece algo nuevo que hace que solventemos algunas dudas y que podamos dormir más plácidamente. Una charla con un desconocido, un encuentro fortuito, comprar…
Pero para que sucedan esas cosas hay que salir de casa. Y cerrar la puerta una vez fuera. Y sonreír esperando disfrutar de lo que le dé en gana al destino.
Preocupación
La vida no es como nos contaron en los cuentos. No existen ni príncipes azules ni gatos con botas. Y llega un momento en el que nos damos cuenta. Lo peor es no comprender qué queda como real después de eliminar esa realidad de los cuentos. Si no hay príncipes ni princesas, ¿qué es lo que habrá?
Pero no sólo nos enseñan qué es lo que hay en la vida. También nos enseñan la manera de mirarla. Usando los ojos de un niño se produce un error lógico cuando observamos todo lo que nos rodea. Nos enseñan, por ejemplo, a ser buenos… pero continuamente observamos -y sufrimos- que mucha gente es mala, que su objetivo es avanzar por encima de los demás, caiga quien caiga. Y nos damos cuenta de que estamos en un mundo que no entendemos, que no es nuestro, que no queremos.
Y actuamos en consecuencia. (…) Fue un capricho de niño tonto: “como no me das la pelota, dejo de respirar“. Esa fue la solución que aporté al gran error de intentar mezclar realidad con cuentos.
Pero me di cuenta de algo. Si yo podía acabar con esa dicotomía -de una manera algo simplista y totalmente estúpida- también podía acabar con la idea de que la vida era como en los cuentos. El objetivo no era dejar de ver las cosas que vemos, sino mirarlas desde otro punto de vista. Subirse a una silla y mirar a tu alrededor hace que la mente cree una realidad diferente, aunque sea la misma realidad. El objetivo es hacerse las preguntas pertinentes y no preguntas sin sentido. A veces cometemos el error de hacernos preguntas que no tienen solución o que no dependen de nosotros. ¿No sería mejor hacerse preguntas que pudiéramos responder?
Con el tiempo aprendí a hacerlo. El humor absurdo me ayudó. Y ahora me encuentro feliz. Soy feliz teniendo sensaciones, soy feliz sabiendo que no sé que me deparará el destino, soy feliz saboreando lo que se me presenta por delante, soy feliz sintiéndome vivo y viviendo a mi manera, con mis propias reglas. Me gusta ser como soy y teniendo lo que tengo.
(…)
Supongo que los que hemos estado en la mierda podemos entendernos.
Los pequeños detalles…
… pasan desapercibidos cuando se tornan cotidianos, pero en su ausencia vemos reflejada su importancia. Y pueden llegar a convertirse en una obsesión cuando no hacemos nada más que pensar en ellos.
Desaparecer
De vez en cuando me entran ganas de marcharme bien lejos, sin decir nada a nadie. Desaparecer, sin más, y empezar de nuevo de cero, hasta que de nuevo me entren ganas de volverme a marchar. Vía Messenger ya he desaparecido más de una vez, aún estoy desaparecido en alguna cuenta, y, si lo pienso un poco, tengo amigos que sólo conozco y me comunico a través de ese sistema. Una desaparición virtual supone, en este caso, una desaparición real. No todos me han esperado. Tampoco se lo reprocho.
Pero el motivo no es porque esté mal, sino quizás porque tengo demasiadas expectativas y esperanzas de estar mejor. Quizás sea sólo una manera de pedir algo, aunque sin saber exactamente el qué. Quizás sea para decir que estoy aquí. Quizás es para comprobar en mis carnes que puedo desaparecer. No pienso preocuparme por el motivo, ni por otros.
De bajones y controles
De golpe todos mis pequeños problemas me han venido a la cabeza. Sensación de impotencia. No se puede tener todo controlado. Es una situación realmente angustiosa. Se puede estar perfectamente bien, pero de pronto recuerdas los problemas con el trabajo, con las relaciones personales, con el dinero… Y empieza de nuevo la rueda.
Dentro de una hora comprobaré en mis carnes si realmente puedo o no puedo controlarlo. Es mi intención conseguir agarrar la vida con las dos manos, pero puede escaparse. Se me puede escapar. ¿Y qué pasa si no podemos agarrarla? Absolutamente nada. Mañana sigue saliendo el sol…
Ni felicitaciones, ni reconocimiento ni absolutamente nada. Uno mismo puede estar batiéndose en duelo con ciertos problemas más o menos importantes pero, aún ganando la prueba, no va a recibir ni felicitaciones ni menciones honoríficas, ni copas ni medallas. Entonces, ¿para qué y por qué seguir luchando, y más aún si es mucho más fácil sentarse al borde del camino? Supongo que es porque a medida que vas venciendo luchadores, los siguientes que van apareciendo son más y más duros, como si de un videojuego se tratara. Y esos enemigos de la última fase son los que realmente asustan.
Maldita sea darse cuenta de eso.
Un efecto mariposa
¿Y si las cosas pudieran ser de otra manera? ¿Y si pudieran existir universos paralelos donde las cosas fueran de otra manera? ¿Y si pudiéramos regresar al pasado y hacer algunos cambios? ¿Y si esos cambios perduraran en la actualidad?
¿Cómo seríamos? ¿Con quién estaríamos? ¿Qué habría sido de nuestras vidas? ¿Estaríamos pensando lo mismo en este momento?
Nunca he querido que sucedieran ciertas cosas pasadas. Han sucedido, eso es impepinable. Y aún cargo con ellas. Pero, ¿y si no hubieran sucedido?
Hay tantas posibilidades como minutos he vivido, una cantidad demasiado elevada de variables como para pretender controlarlas todas. ¿Qué hubiera pasado si no me hubiera ido de casa de mi madre a los 21? ¿Y si hubiera podido controlar mis celos con Nuria? ¿Dónde narices estaría ahora si no hubiera visto en el alcohol las soluciones a todos los problemas? ¿Estaría casado con Mireia si las cosas hubieran sido de otra manera? ¿Tendría hijos?
Si pudiéramos cambiar nuestro pasado es seguro que no tendríamos este presente. Todo o nada. Son las duras condicione que nos impone el azar. Si hace diez años las cosas hubieran sido de otra manera no estaría viviendo al lado del mar. No hubiera trabajado donde lo he hecho -mañana decidiré si continúo o no. No conocería a la gente que conozco. No sabría cocinar arroz a la milanesa, ni macarrones carbonara. No tendría los recuerdos que tengo. No sería lo que soy.
Las cosas podrían haber sido de otra manera pero estoy contento por lo que soy y por lo que tengo. Y esto ha tenido un precio. Espero haberlo pagado todo, sin intereses.
Una crónica
Aunque no os importe, tengo una pequeña, incompleta y subjetiva crónica sobre mi viaje a Milán. Se puede acceder a través del link Viajes de arriba a la derecha (¡tu otra derecha!), pero como no lo habréis visto, aquí posteo el enlace:
Y mientras leéis esto, me voy a la cama. Buenas noches.
Dubitación
Jornada meditativa a partir de las 12, aún no. Momento de tomar decisiones, probablemente importantes, que marcarán el futuro a corto plazo. Dubitativo. Indeciso. Pros y contras.
La jornada de hoy servirá para valorar esos pros y esos contras, seguramente sin llegar a una conclusión final. Por lo menos voy a estar ocupado. Fragilidad.
La tristeza se haya en las pocas posibilidades. En ocasiones solemos pensar acerca de hacer una cosa u otra pero no valoramos el hecho de tener únicamente dos opciones. Podríamos tener más, y de hecho, las tenemos. Pero no son visibles fácilmente. Nuestros ojos sólo ven lo que les decimos que vean.