Regreso a los ventitantos


MataróAyer hice una visita fugaz a mi pueblo natal. Fui a visitar a mi madre -y no me dijo que estaba más delgado- y no quise saber nada del ogro. Deseé ver a mi hermano pero no fue posible, estaba demasiado ocupado en no hacer absolutamente nada. Debido al inmenso aburrimiento que sufro cuando regreso a mis ventitantos decidí regresar rápidamente a mi casa.

Pero antes quise pasarme por ciertos lugares. Resulta curioso. Muchos de los lugares por donde pasé me producen dolor. Bares, calles, gente… Es una sensación de dolor junto a una sensación de vergüenza. Me parece que sigue dándome miedo todo aquello. No supe controlar ciertas situaciones y me horroriza que situaciones parecidas vuelvan a producirse, esté donde esté.

Le hice una foto a mi madre y no salió muy favorecida. Los años van marcando arrugas y cansancio y yo… he inmortalizado eso.

Pero lo peor de todo es no haber querido llamar a nadie. Tampoco me atrevo. Hace años dejé de llamar a la gente porque nunca podían quedar -quizás era yo el que quería quedar siempre. Se podría decir que prefiero no llamar a nadie que recibir calabazas, es menos doloroso.

Lo que es seguro que dentro de un tiempo, cuando regrese a mi pueblo natal, cierta gente me reprochará no haberlos llamado.


Deja un comentario