Finales e inicios
Anoche estuve en una fiesta, una fiesta aburrida y previsible, una de aquellas citas medio esperanzadoras medio tediosas. Los prolegómenos de la fiesta se presentaban demasiado negativos. El fin de fiesta empezaba por la tarde. Cuestión de actitud. Hipocresía. Tan doloroso empezaba este fin de fiesta que decidí olvidarme de que todas las fiestas, hasta las más malas, tienen un final. Alguien me lo recordó. La posible presencia de cierta gente también influyó en la decisión de ir, aunque sin ganas. Di besos y abrazos. Gané una felación -realmente fue un café, pero si escribo algo sexual tengo más visitas- y ningún amigo. Di muchas vueltas, de un lado para el otro. Es lo que tiene ser sociópata y no quedar con nadie: uno ha de entretenerse con algo. Y si ese algo es la observación me parece mucho más interesante incluso que quedar con ciertas personas.
Fue una de las noches más cortas que recuerdo en mi vida nocturna -junto a la del “esta noche pago yo“, de mi amigo del alma. Cogí la moto, volví a casa, encendí el ordenador y me dispuse a no hacer nada… No fuera que hiciera algo…