La inmortalidad
Los pétalos se oscurecen progresivamente, pierden su vivo color y se endurecen. La ausencia de vida quema la majestuosidad de las murallas arcillosas y las transforma en nada. Pero, una vez ha sido celebrado el óbito, se hace posible detener la putrefacción. El tiempo se estanca y la belleza de la muerte se hace presente. Aun hay que seguir ciertas reglas. La inmortalidad se rige bajo unas reglas estrictas, unas reglas difíciles de poner en práctica, pero ofreciendo recompensas una vez concluidas.
Tres rosas marchitas, alineadas militarmente, mirando al frente, cabeza alta, pecho fuera y barriga dentro. Tres rosas hermosas, aunque muertas. Tres recuerdos de lo que fueron. Unos recuerdos que siempre son bellos, siempre necesarios, siempre recuerdos…
Tres rosas vigilan su muerte.