Hubo una época…


hastio… en la que escribía poemas. Crudos, salvajes, pornográficos… tristes, pesimistas, displicentes… No era una forma de escribir, era una forma de vivir y los poemas, sus reflejos más crueles y no por ello menos reales. La soledad es una buena amiga pero, como todos los amigos, te acompaña, en ocasiones, a cometer todas las estupideces del mundo.

Cuando estás completamente en la mierda, ésta de agarra bien fuerte para que no puedas salir. Y costó salir de allí. En el fondo me gustaba apiadarme de mí mismo, me gustaba verme totalmente hundido, sin posibilidad de reflotar a la superficie.

Hubo también una época en la que dejé de escribir poemas… Pero ésa es ya otra historia.


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