Junto a la ventana…
Junto a la ventana observo a cierto personaje que, debido al tiempo que hace que sé de él y entre otras cosas, llega a cautivarme. Es cierto que hace años que lo conozco, pero nunca nos hemos parado a hablar personalmente ni hemos quedado para hacer el café ni nada de lo que podría ser considerado como un hecho social tradicional. Pero nos conocemos, al menos un poco, y desde hace bastante, aunque nunca lo suficiente ni lo deseable. Hemos cruzado palabras pero, sobre todo, nos espiamos. Nos miramos con esa mezcla de admiración y de miedo que producen las personas que se atraen.
Vive en un páramo y a veces encuentra una choza con un fuego ardiendo dentro, el aire es denso y se puede quemar… pero desprende tanto calor, que puede quitarse el abrigo. Podría, si quisiera, hasta desnudarse.
En diferentes ocasiones este personaje ha mostrado su admiración hacia mí. No acabo de entenderlo pero así es y, aunque no sin reticencias, es una de las pocas personas a las que permito que lo haga. Supongo que es porque algunas de mis palabras le sirven para conectarse a un mundo al que no pertenece pero que le fascina y necesita.
Creo que necesita saber lo que hay “al otro lado” para ser consciente de lo que tiene en el suyo y, si bien es insaciable y siempre quiere más, es feliz con lo que le viene y con lo que tiene. La vida la hace a ella y disfruta pensando que tiene que sobrevivirla. Le encanta sobrevivir. La supervivencia se convierte en algo básico cuando uno cree que el mundo no está hecho para él, o cuando cree que las cartas no fueron del todo buenas. Vive la vida con una mezcla de orgullo y de miedo.
Otra de sus pasiones ocultas es la de soñar y la de imaginar situaciones cercanas. Lo que sueña podría ser perfectamente real. No inventa mundos paralelos en donde hay que rescatar princesas de tenebrosas hordas de bárbaros y salvajes. No exige a Deseo una tortura hasta el fin de los tiempos. Sólo pide una situación real a la cual añadir personajes y objetos que le agraden. Sus sueños no tienen una consecución, un final. Sus sueños son el momento, son el final.
Hace tiempo que tengo que darle las gracias. Me imagino que no entendería mi porqué, de la misma manera que yo no entendería el suyo. Es lo de menos. Es una persona especial. Le debo varios cafés.
Las brasas aparecen en la castigada chimenea. Muchas de ellas se han consumido ya en el baile de pasiones y encantamientos. El fuego ha desaparecido casi por completo pero aún se percibe algo de calor. Lo suficiente como para permanecer todavía desnudo delante de la choza y esperar el amanecer…