Archivo de Noviembre de 2007
Junto a la ventana…
Junto a la ventana observo a cierto personaje que, debido al tiempo que hace que sé de él y entre otras cosas, llega a cautivarme. Es cierto que hace años que lo conozco, pero nunca nos hemos parado a hablar personalmente ni hemos quedado para hacer el café ni nada de lo que podría ser considerado como un hecho social tradicional. Pero nos conocemos, al menos un poco, y desde hace bastante, aunque nunca lo suficiente ni lo deseable. Hemos cruzado palabras pero, sobre todo, nos espiamos. Nos miramos con esa mezcla de admiración y de miedo que producen las personas que se atraen.
Vive en un páramo y a veces encuentra una choza con un fuego ardiendo dentro, el aire es denso y se puede quemar… pero desprende tanto calor, que puede quitarse el abrigo. Podría, si quisiera, hasta desnudarse.
En diferentes ocasiones este personaje ha mostrado su admiración hacia mí. No acabo de entenderlo pero así es y, aunque no sin reticencias, es una de las pocas personas a las que permito que lo haga. Supongo que es porque algunas de mis palabras le sirven para conectarse a un mundo al que no pertenece pero que le fascina y necesita.
Creo que necesita saber lo que hay “al otro lado” para ser consciente de lo que tiene en el suyo y, si bien es insaciable y siempre quiere más, es feliz con lo que le viene y con lo que tiene. La vida la hace a ella y disfruta pensando que tiene que sobrevivirla. Le encanta sobrevivir. La supervivencia se convierte en algo básico cuando uno cree que el mundo no está hecho para él, o cuando cree que las cartas no fueron del todo buenas. Vive la vida con una mezcla de orgullo y de miedo.
Otra de sus pasiones ocultas es la de soñar y la de imaginar situaciones cercanas. Lo que sueña podría ser perfectamente real. No inventa mundos paralelos en donde hay que rescatar princesas de tenebrosas hordas de bárbaros y salvajes. No exige a Deseo una tortura hasta el fin de los tiempos. Sólo pide una situación real a la cual añadir personajes y objetos que le agraden. Sus sueños no tienen una consecución, un final. Sus sueños son el momento, son el final.
Hace tiempo que tengo que darle las gracias. Me imagino que no entendería mi porqué, de la misma manera que yo no entendería el suyo. Es lo de menos. Es una persona especial. Le debo varios cafés.
Las brasas aparecen en la castigada chimenea. Muchas de ellas se han consumido ya en el baile de pasiones y encantamientos. El fuego ha desaparecido casi por completo pero aún se percibe algo de calor. Lo suficiente como para permanecer todavía desnudo delante de la choza y esperar el amanecer…
De críticas
No hace mucho pasaba por mi mente una señora pregunta: ¿Por qué los que menos me conocen son los que más me critican?
Con esto no digo que los que me conocen no me critiquen, ¡faltaría! Simplemente digo que hay gente que sólo me conoce “de oídas“, o “de vista” -ojalá fuera “de gusto“- y parece, en algunos momentos, que me hubiera convertido en un Doctor Maligno con pelo largo y fuera el enemigo a batir. Es más fácil vilipendiar a los desconocidos, y mucho más cómodo; supongo que no te acabas sintiendo culpable por haber dicho tal cosa exagerada de alguien a quien no conoces.
Pero la última crítica hacia mi persona… No sé cómo cogerla. Es alguien a quien he visto en contadas ocasiones (una o ninguna) y encima pensaba que nos habíamos caído bien… (Bendita intuición la mía). Así que si me ha dicho lo que bien he oído significa que alguien le ha contado algún cuento -que tampoco tiene por qué haberlo vivido en primera persona- sobre lo que he hecho (5 minutos para pensar esta frase).
Además, añado algún detalle a tener en cuenta: Supongo que a nadie que haya pasado la pubertad se le ocurriría decir que odia a X por feo/fea o guapo/guapa. Tampoco entraría en mente de nadie odiar a alguien por cojo/coja o por la falta de un dedo en una mano. Entonces, ¿por qué odiamos a la gente por tonta, por lista, por misántropa, por egoísta, por inocente, por sociable, por independiente, por lo que sea? Si tomamos estos adjetivos como una definición humana y acabamos odiando a la persona de quien se dice que los tiene, significa que no aceptamos que la gente sea así porque no nos interesa en ese contexto concreto, aunque haya gente que sea así… Bien por lo absurdo. Nos gustaría que todo el mundo fuera lo que quisiéramos nosotros en cada momento… Y cuando no acatas esas normas se te acusa precisamente de lo que eres… Esa es la crítica: ser lo que eres, lo que quieres ser. Así que no merece la pena tratar de convencer de lo contrario. Quien te quiere odiar le importa bien poco los motivos; siempre encontrará alguno.
(¿Qué lio, no?)
Hace algunos años una antigua amiga me decía que yo era tal, que era pascual, que era nosequé… En resumen, que era el malo malísimo. Lo primero que se me ocurrió en decirle (a la gallega) fue: “¿Y entonces por qué sigues siendo mi amiga?”. La respuesta para nada fue ingeniosa ni diferente: “Porque también tienes cosas buenas“.
Aún espero saber qué cosas buenas tengo. Quizás algún día soleado de invierno…
Felices…
Podría empezar a escribir cosas del tipo “cómo pasa el tiempo…” o “parece que fue ayer cuando…“; podría deprimirme y, en consecuencia, opinar acerca de la fragilidad de los segundos. O también podría hablar sobre la presión social sobre la edad -esas cosas maternas de “yo, a tu edad, ya…“… pero hoy no me da la gana.
Hoy sólo a disfrutar de los 31 años de recuerdos en la mochila y de los deseos que irán entrando en ella.
¡Felicidades!