Archivo de octubre de 2007
Sale el Sol
Voy quitándome las sempiternas legañas que amanecen día tras día conmigo. Cargo la cafetera y la pongo en el fuego. Mientras espero Febo acompaña a Helios a hacer la ronda. Van iluminándose las flores, el mar, los árboles… Los ciudadanos se dejan embriagar por la luz que les ataca. Cierran un poco los ojos. El Paraíso.
Abro las cortinas y entra en mi caja de cerillas una sensación de placer, de satisfacción, de felicidad. Todas las dudas, los miedos y las preguntas se resuelven con la llegada de la luz. Esperanza. Quizás uno puede llegar a ser feliz más fácilmente con los rayos de Sol.
Pequeño alto
Es imposible escapar de ella tal vez porque somos parte suya. Nos empuja a hacer lo que quiere, convencidos de que es lo que queremos nosotros. Como un camino sin atajos ni salidas, sin posibilidad de variar la ruta ni de cambiar de sentido. Es la única vía posible, quizás porque es la única que somos capaces de ver. Tal es su poder.
No hay alternativas. Como encerrado en una cárcel de máxima seguridad, sin saberlo. Sólo resta caminar, seguir hacia delante, puesto que si bien sabemos cuál es el camino, no sabemos cómo ni dónde acabará. Las únicas elecciones posibles son sentarse y contemplar siempre el mismo paisaje o proseguir la marcha hacia el futuro, hacia las negras tormentas que asedian los oscuros corazones de la apatía.
Hay una tercera posibilidad, pero es sólo para estudiantes aventajados de cuarto curso.
Consecuencias
Sucedió un buen día soleado. Un día de aquéllos en el que se está mejor paseando a orillas del vaivén de las olas que delante de una pantalla de ordenador, aunque me pasé toda la tarde delante de la pantalla. Sabemos qué es mejor y qué es peor; o lo creemos saber. En conscuencia, tomamos decisiones.Elegimos lo que creemos mejor para nosotros -mejor en cada situación, en cada momento. Y lo peor de todo, después de haber decidido, después del ajetreo de los cambios, es intentar comprender esa maldita decisión. ¿Qué hubiera pasado si hubiera tomado la pastilla azul?
No lo sé. No es posible saberlo. Tomé la roja. Soy responsable de mis elecciones, incluso si aún no las he comprendido del todo. Entiendo las circunstancias, los motivos, las expectativas, los deseos y pasiones. No entiendo por qué mi plan no ha funcionado del todo bien, pero no tengo un sentimiento de fracaso, sino de deseo.
Sé que estoy allá afuera, me siento ahora, sé que tengo miedo, tengo miedo de mí mismo, tengo miedo del cambio. No sé el futuro, no sé cómo va a terminar, sé cómo ha comenzado.
Hoy también el sol brillaba y calentaba con fuerza allá fuera, más allá de la ventana, donde se está mejor paseando a orillas del vaivén de las olas que delante de una pantalla de ordenador…
Perderse
Entre calles y piedras, bajo un cielo estrecho y una carente luminosidad. Sobre piedras unidas y peligrosas formando escalones tortuosos. Bajo nada y sobre todo. Libertad. Persecuciones mortales y sangre en las paredes que tocamos. Marchémonos lejos, muy lejos, donde sea tarea ardua encontrarnos, a ese lugar desconocido, a nuestra Tierra. Sin saber dónde está; sin saber cómo llegar…
Quizás nuestro lugar sea el camino. Quizás escapando del mundo encontremos nuestro destino. ¡Qué más da! Sólo estemos juntos. Lo demás ya no tiene importancia.
Una vez subidos todos los escalones sabremos que dirección tomar, si debemos tomar una dirección. Salgamos a la luz, escapemos del pasillo que vislumbra al final ese resplandor. Escapemos de la Señora. Engañémosla.