Sólo quedan las fotos
Cuando se toman decisiones, se abren nuevas puertas y se cierran todas las demás. Un largo -o no- pasillo aparece desnudo, sin cuadros ni máscaras colgadas de las paredes. Puede ser que nuestro deseo sea el de no abrir ninguna puerta, pero esa decisión justo acaba de abrir una. No cesamos de abrir puertas, y no sabemos adonde nos conducirán. Lo que es cierto es que esas puertas que no hemos querido abrir nunca más volverán a presentarse como elección posible en nuestro camino. Para ellas sólo queda el deseo.
Es bastante común también que los pasillos se uno se entremezclen con los pasillos de los demás. Pero no es fácil que el pasillo sea uno común para todos. Nuestras puertas son personales, sólo dejamos que sean atravesadas por otros en contadas ocasiones. Nadie ve el blanco de las paredes de la misma manera. Nadie acompaña para siempre a nadie. Aunque siempre es agradable pasar buenos momentos en compañía, sabiendo incluso que todo será muy breve, que el mar borrará las huellas que dejamos.
Para los pasillos abandonados sólo quedarán los recuerdos… y las fotos.