Archivo de Septiembre de 2007

Hechizos

portrait_relsh03lilithlg3.jpgMaldita Cuélebre que custodias lo que no es tuyo. La eternidad es demasiado larga, más aún para un inmortal. Malditos hechizos que condenan Ayalgues y obligan a mortales a luchar. Cientos de huesos forman un césped extraño alrededor del castillo, mostrando la dureza de la batalla y la extrema complejidad de devolverte a la vida mortal. Para vencer a tu Cuélebre no quiero esperar a la noche de San Juan; la espera es demasiado dura, sabiendo de los tesoros que puedes ofrecerme. Deseo ser un paladín de la ventura, quebrando el encantamiento y encontrando de una vez la fortuna, el amor y la belleza. No vivas más consumida en tu tristeza. Manifiéstate en forma de fuego para apagarte con una rama de sauce y romper el encantamiento que te condena. Espérame al alba.

Perorata

Tantas cosas que decir y tantas pocas ideas sobre cómo narices hacerlo…

Sólo quedan las fotos

Cuando se toman decisiones, se abren nuevas puertas y se cierran todas las demás. Un largo -o no- pasillo aparece desnudo, sin cuadros ni máscaras colgadas de las paredes. Puede ser que nuestro deseo sea el de no abrir ninguna puerta, pero esa decisión justo acaba de abrir una. No cesamos de abrir puertas, y no sabemos adonde nos conducirán. Lo que es cierto es que esas puertas que no hemos querido abrir nunca más volverán a presentarse como elección posible en nuestro camino. Para ellas sólo queda el deseo.

Es bastante común también que los pasillos se uno se entremezclen con los pasillos de los demás. Pero no es fácil que el pasillo sea uno común para todos. Nuestras puertas son personales, sólo dejamos que sean atravesadas por otros en contadas ocasiones. Nadie ve el blanco de las paredes de la misma manera. Nadie acompaña para siempre a nadie. Aunque siempre es agradable pasar buenos momentos en compañía, sabiendo incluso que todo será muy breve, que el mar borrará las huellas que dejamos.

Para los pasillos abandonados sólo quedarán los recuerdos… y las fotos.

¿Qué es lo que somos?

soledad.JPG¿Realmente podemos decir que sabemos quiénes somos? Creemos que somos de una manera y al doblar la esquina… ¡zas! Algo ocurre y actuamos de tal manera que, si consiguiéramos vernos a través del televisor, contradice lo que creemos ser. No somos simpáticos con todo el mundo; tampoco somos egoístas con todos, ni apasionados, ni sexys… No podemos conseguir siempre ser lo que queremos creer que somos. Ni siquiera un nombre puede definirnos. Mucho menos una actitud (aunque ya sabemos que soy un mataperros).

Traducción del post (primera y única vez): No sé como actuaré en ciertas circunstancias pese a que cierta gente crea que soy tal o pascual, o aunque yo pueda decir que soy equis o i griega. El ser considerado de una manera concreta no implica necesariamente actuar de esa manera específica en todas las circunstancias.

(¡Qué lujo!)

Rutina

DódneEn ocasiones, un gesto aparentemente insignificante implica cambios importantes. Un soplido, un beso, una sonrisa, un desliz, una caída… Prácticamente cualquier gesto puede dar la vuelta a nuestras formas rutinarias de vida. Y estos cambios implican a su misma vez otros. Son estos cambios los que me aterran.

Al no ser vidente, tengo problemas a la hora de saber cuáles serían las consecuencias de mis decisiones. Pero sí soy algo intuitivo y me fio de los cambios estacionales, y… siempre hay situaciones futuras más fáciles de visualizar que otras.

No tengo ningún problema en saber exactamente qué es lo que quiero. El problema es que lo quiero todo, eso ya es sabido. Quizás el deseo vuelve de nuevo a azotarme. Quizás las estrellas vuelven a estar alineadas. Quizás es sólo un quizás, y quizás no tiene importancia.  O pudiera ser que me crea demasiado eso de la coherencia en mis decisiones. O todo lo contrario.

Las hormonas se me van por bulerías

maya21-0102.JPGNo me ha parecido observar ningún cambio remarcable de temperatura; el anticiclón sigue por ahí arriba haciendo sombra con su “A” bien grande y las borrascas supongo seguirán en las islas británicas y las olas de calor en el Sahara. Tampoco ha sido más fácil que en otras épocas eso de levantarse por las mañanas y sigo teniendo café en el armario, leche en la nevera y grumitos de dentífrico en el espejo. No he dejado de fumar y sigo estando mal de dinero.

Pese a la aparente anormalidad normal de mi vida, noto algunas cosillas raritas. Algo huele mal. No es que mis pies quieran presentarse antes que yo, ni que gane concursos de karaoke por el cante de los sobacos, es que, simplemente, tengo algunas sensaciones que pensaba extinguidas.

Y si no es el tiempo ni el dinero… deben ser las hormonas. Claro que como tampoco es primavera y el otoño más bien me deprime, digo yo que deben ser ellas, que van por libre. Por mucho que hable de ellas, nunca conoceré cómo actúan ni cómo se mueven, cómo se activan ni cómo se inhiben (uno que es de letras), pero sí sé que algo se mueve por ahí adentro.

Sería fantástico conseguir explicar las cosas de una manera científica y racional… pero entonces no existirían ni los artistas ni los poetas. Y sin artistas ni poetas… ¿quién querría a los científicos? Valor y al toro, Xavi -me digo a mí mismo, inconsciente aún de tal tremenda osadía.

Advertencia: Todo lo que sigue a continuación es solamente un intento de definir y delimitar esas sensaciones. No tiene por qué ser tomado al pie de la letra, ni tiene por qué ser entendido por todos. Tampoco acaba de ser entendido por el que suscribe, así que tampoco habrá que darle tanta importancia.

En un breve período de tiempo me han entrado ganas de hacer cosas, de viajar, de hacer de hippie, de ver atardeceres recostado en la arena de la playa -sin dormirse-, de beber una cerveza en alguna terraza de algún bar no con el ánimo alevósico de emborracharse sino con el de relajarse y disfrutarla. Me ha inundado una extraña sensación de esperanza, aunque sin saber qué es lo que espero. Son unas ganas de algo, algo que no sé muy bien qué es, ni cómo conseguirlo.

Es cierto que no es una nueva sensación. La gente que sale en la tele recuerda fechas, rostros, los treintaycuatro primeros decimales del número Pi… Yo recuerdo sensaciones. Y éstas ya las había tenido antes, hace algunos años. Eso es lo que más miedo me da: que las conozco y sé de qué van.

De momento, dejaré que mis hormonas hagan palmas, que de una buena sensación siempre se disfruta.