De veranos

tintoverano3.jpgYa sabemos que la rotación de la tierra ha producido eso que llamamos verano. Es una época agradable -sin contar con eso de tener que trabajar- y satisfactoria. Pero los veranos siempre eran mejor cuando éramos pequeños. En mi caso, solía ir a un pueblo cántabro y, pese a que probablemente lo idealice, las estancias allí eran (perdonen la expresión) cojonudas. Jugar, jugar y jugar. Y no podía olvidarme de un pre-inicio de conocimiento de esas personas que no tenían pilila (de pequeño nunca fue muy brillante mi educación sexual). Cuando intento rememorar esas imágenes hasta aparecen con una ligera neblina; todo muy bucólico.

Con el tiempo, esos largos veranos se transformaron en cortos períodos de campamentos, apareciendo entonces los primeros enamoramientos -siempre idílicos y platónicos- inocentes. Ahora recuerdo a Hilda y a Judith (ays… ¡qué guapa s eran!). Eran unos 10-12 días muy intensos que servían para descubrir sensaciones y para pasarlo bien.

Lástima que no podemos poner en pause al tiempo. Ahora me quejo de los guiris, de los marditos críos que ya a las 9 de la mañana salen gritando y corriendo por el pasillo para dirigirse a la piscina, odio el calor y el sol, el tener que trabajar y el hecho de que el resto del mundo NO lo haga. Aún así, el verano tiene eso que qué sé yo que encanta y enamora. Quizás, como dice el anuncio, uno se enamora más en verano.

Para este verano no creo que haya muchas novedades en relación a los últimos años. Trabajar, supongo que salir un poco más, hacer músiquita en cuanto se pueda y a ver si utilizo más correctamente esta época.

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