Inauguraciones
Estamos de enhorabuena en todos los pueblos de España. Muchas obras ya se han inaugurado -aunque no se hayan acabado- y hasta el día 27 acabarán de presentarse unas hospitales más, unas remodelaciones de calles más, cuatro árboles más por aquí y siete palmeritas más por allá… Qué lástima que los bares y los puticlubs no sean públicos…
Las elecciones municipales tendrían que sucederse cada año o cada seis meses, no por el aspecto político, sino por la mejora de las instalaciones públicas. La otra opción sería la de no tener plesbicitos municipales. No sé qué pasaría. Igual reinstaurábamos la bella tradición de la hoguera en la plaza del pueblo; o a lo mejor tendríamos cuatro mil pueblos independientes en España; y seguramente en este país tendríamos la más plural de las opciones de gobierno: democracia en Piedralátex, oligarquía en Cempisnero, fascismo en San Caudillo de la Carraspera, anarquía en Villavicio del Gaitero… Igual mejorábamos la movilidad de las personas, eligiendo no en qué pueblo queremos vivir sino en qué sistema de gobierno queremos vivir. Que no nos gusta una gerontocracia, nos vamos a probar con la monarquía; que la teocracia nos ha cansado, probemos con los pueblos comunistas.
Este año he decidido no ir a votar. No quiero ir a votar. Sin embargo, en el trabajo no me lo ponen fácil: casi me están obligando. Resulta que tenemos 4 horas para ir a votar y, para evitar que todos vayamos a votar al mismo tiempo o que el parque se quede sin trabajadores, podemos ir a ejercer nuestro derecho fuera de las horas laborables pero nos añadirán 4 horitas a nuestro cómputo anual. De ahí que me llamen tonto por no querer ir. Pero soy cabezón, orgulloso y -lo menos importante- anarquista.
¿Te imaginas que hay elecciones y nadie va a votar?