Nocturnidad
Ni diez minutos habían pasado cuando se escuchó un “¡puf!”, se vio una llamarada -pequeñita- azul, y las luces, amplificadores y estufas se apagaron. A oscuras… Casi. Gracias a los móviles ya no son necesarias las linternas y pretendimos arreglar el cortocircuito con ellos. Una situación divertida: mirando los enchufes con tres móviles enfocándolos.
En ocasiones parece que los móviles sólo sirvieran para efectuar y recibir llamadas, pero ya se sabe: el hambre agudiza el ingenio. Probablemente lo que pasó con los enchufes y la corriente eléctrica es lo mismo que sucede en Madrid o en Barcelona entre las 8 y las 9 de la mañana. Demasiados coches que pretenden ir al mismo sitio y por el mismo sitio provocan un colapso.
Y el resultado: la nocturnidad, tiempo de sangre, hambre y, siempre queda bien añadirlo, alevosía. Desafortunadamente, no hubo ni mordiscos -salvo para los bocadillos de tortilla- ni sangre. Sólo la apatía que supone comprobar en las propias carnes que los santos se han dado la vuelta para hacer un pis.