Viento

Lleva todo el día soplando, sin agotar sus pulmones. Se lleva consigo todos los papeles, todo el polvo, y las hojas de los árboles… Aunque sólo se las lleva a alguna esquina, para que hagan penitencia o para facilitar su trabajo al personal de limpieza.
Pero lo que no deseamos y tiramos al suelo no es lo único que se lleva; también se lleva lo bueno o, por decirlo de otra manera, también cambia de lugar a lo bueno. Sábanas ligeramente húmedas liadas en las ramas de algún arbusto desnudo, dibujos con el título de “Mamá” bajo la rueda de algún coche, un sombrero a lo lejos todavía rodando.
El viento, como la muerte, no distingue entre lo que es bueno y lo que es malo, entre lo útil y lo inútil; no entiende de moralidades ni de justicias humanas. Es ajeno al ser humano, aunque bien notamos sus juegos y sus canciones.
A lo mejor el viento sí que es realmente justo, a lo mejor los hombres no somos justos con él.
(Ilustración extraída del poemario Violetas Africanas, manuscrito original de Myriam Rubio)