Archivo de enero de 2007

El miedo a las palabras

scrable.gifTomadas de una en una, por sí solas, las palabras no tienen sentido alguno, aunque llevan implícitas ciertas significaciones. Al decir “catalepsia” o “periostio” tan sólo estamos mirando si conocemos o no la palabra, pero poco más; no tendrían -salvo en exámenes- ninguna utilidad. Es cuando juntamos las palabras y cuando las incluimos dentro de un contexto cuando sacan a relucir sus máximos significados. Y dar una interpretación a una frase, si bien el contexto permite acotarla bastante, es un hecho totalmente subjetivo, que depende de lo que el receptor quiere entender.

Existen oraciones que nunca queremos oír debido a su carácter duro, cruel o como anunciadoras de malas noticias. Pero esas no me interesan ahora mismo. Me interesan las frases que en principio o no tienen ningún significado negativo o inlcuso lo tienen positivo, pero que no deseamos escuchar. Si creyera en el cientificismo, haría unos experimentos para entender todo esto. Le doy mucha importancia a las palabras y a sus uniones pero intento, en lo que puedo, no ir más allá de lo que leo en el DRAE. No obstante -se piensa el ladrón que todos son de su condición- no todo el mundo es tan simplista como yo. Al decir, por ejemplo, “tengo que ir al super“, estoy simplemente diciendo esto pero ¿qué podríais entender? o, mejor dicho, ¿cómo llegaría esta frase al receptor? Probablemente, dependiendo del contexto y del personaje del receptor, esta frase podría ser escuchada como “Me hace falta comida“, o “tienes invitados” o lo que se os ocurra ahora, en frío. Y quizás, si tengo que ir al super es porque he quedado con alguien (sólo es un ejemplo), pero eso para mí es lo de menos. Me interesa bien poco lo que interprete otra persona sobre la frase que acabo de soltar. Yo dije exclusivamente lo que dije.

No es que las palabras den miedo. Da miedo la interpretación que damos a las palabras, puesto que nunca son objetivas.

De deberes e “indeseos”

InjusticiaResulta muy duro saber que debemos hacer algo pero que, sin embargo, no queremos hacerlo. Y finalmente nos acogemos a lo que debemos… y nos viene el sentimiento de culpa, los “ysis” o las justificaciones absurdas de nuestras decisiones finales. Más duro resulta decidir por los demás; decidir qué es lo que debe hace el otro. Y sin opciones alternativas.

Al vivir en sociedad debemos seguir unas normas implícitas y explícitas, y su incumplimiento supone la insociabilidad y, dependiendo del caso, en su máxima radicalidad, el alejamiento de lo considerado “normal” o aceptable. De ahí las cárceles, los manicomios y las universidades -y asilos. Nada ni nadie puede desestabilizar lo que beneficia a unos poderes. Lo considerado como “normal” (nótese siempre entre comillas) siempre beneficia a unos discursos establecidos, a alguien o a muchos alguien. La tarea sería descubrir en estos discursos a quién o a qué beneficia.

Hace tiempo llegué a la conclusión que tal y como están las cosas es imposible estar en contra de la sociedad. Incluso la rebeldía al stato quo es una muestra más del mismo stato quo. Simplemente porque esa rebeldía contraria forma parte del mismo. Los centros que preservan la normalidad están plenamente aceptados por todos nosotros, no los vemos raros, todo lo contrario, y la gente que va a parar a ellos también sabemos quiénes son: delincuentes, locos, jovenes -y viejos. Todos son adjetivos -comúnmente sustancializados- peyorativos, negativos, marginales… Todo lo que no se adapta a la norma… ¡FUERA!

Y es lo que hemos hecho hoy: echar a alguien de un lugar, por no adaptarse a esas normas implícitas establecidas, supongo por todos. Esa es mi justificación.

Fin de año… actualizando (III)

No destruyamos nada. Tampoco quiero que me sigáis. Tengo el pique con los vecinos. ME RINDO. Ellos tenian el tumpabún…  Y ya está! Yo a mi bola y ellos a la suya. Fin de la trilogía . Yo a lo mío. Besos!

Fin de año… actualizando (II)

Menuda fiesta tengo en casa. Sé que estoy yo solo, pero eso me permite bailar, saltar y sacarme, si quiero, el cimbrel delante del espejo… Type o Negative , Therion , Apoptygma Berzek , Unheillig , Wolfsheim, Devil Doll … Verdad que ¡A QUE MOLA! Me lo estoy pasando bien.

Claro que eso va en contra de la vida social…. Mernos mal que un pequeño detalle me hizo volver al reducto: cuando en un pub en donde ponían música que me gustaba dejaron de hacerlo, y empezaron a pinchar música comercial. Pregunté y tengo en la cabeza la respuesta: “Mira, chaval, la música que me gusta la escucharé en mi casa. Esto es un negocio“. Amén. Tengo en mente poner en la zona Cambrils-Salou-Tarragona un local de la música que me mola a mí. Lo malo es que tendría que contar con socios y, hasta la fecha, no he conse

(Actualizando la actualización: ¿cómo es posible escuchar a los vecinos? Subiré un par de punticos mi musiquilla “alegre“).

Fin de año… actualizando (I)

He sido consciente poco antes de las 12 de la noche de hoy ayer que todos mis intentos de crear nuevas tradiciones no han tenido el éxito que deseaba: He llegado a comer 12 olivas, 12 cacahuetes, 12 conguitos y 12 macarrones; me he encendido 12 cigarrillos y 12 velas, he cambiado los canales de la tele 12 veces -curiosamente TV3 tenía un desfase de campanada y media, lo que significa una uva y media más (¡cuidado con cambiar la tele, que te joden fin de año!)- y he bebido 12 traguitos de cava. Nadie me ha seguido.

Pero esta noche algo ha cambiado. Me he dado cuenta que hacer 12 veces el mismo movimiento, la misma acción, significa seguir perpetuando la tradición de l@s doce… usease la tradición. Así que he estado hasta las 23:59:50 delante del ordenador y viendo los diferentes canales de televisión. Entonces me he puesto a comer un fantástico plato -preparado por mí, claro… es lo que tiene estar solo- tranquilamente, plácidamente y ¡a gusto, claro! Sin prisas he empezado a comer cuando las campanadas han empezado a sonar. Tranquilamente. Siempre de forma serena y calmosa. ¡Qué gustazo!

Es que tengo poco trabajo últimamente y le he dado muchas vueltas a esa cosa fea y arrugada que tenemos ahí arriba y que no vemos, y resulta que comprendo algunas cosas realmente curiosas sobre el mundo que creemos ver y del cual participamos. Pero de percepciones de la realidad y de DISCURSOS (en mayúsculas) tendremos tiempo para hablar.

De momento, ¡FELIZ AÑO NUEVO! (¡esas tradiciones!). Yo ya llevo una botella enterita de vino y ahora empiezo por el vino afrutado y luego por el cava, para luego… no sé.

La mala noticia es que he tenido una muy mala percepción. Lo sabremos a su debido tiempo. Ahora, a disfrutar del nuevo año. (Acabo de poner -00:50- la música bastante alta; ¿los vecinos llamarán hoy a la poli?)