Archivo de Julio de 2006
Vacaciones, por fin
Cuando la gente “normal” se encuentra con su primer día de vacaciones se mete en un coche a sudar la gota gorda para viajar hacia el sol, la playa y las cervezas en cantidades industriales. Pero como eso lo tengo yo cada día, he decidido no hacer absolutamente nada en mi primer día de vacaciones.
Se dice que las vacaciones son para descansar, y eso es lo que quería hacer hoy. Descansar. No salir de casa, no trabajar, no hablar con casi nadie, no beber, no hacer, en definitiva, nada de nada. Claro que mañana será otra cosa diferente. Por un lado es el último día de las fiestas de mi pueblo -a las que siempre voy (salvo el año 2003, que decidí retirarme porque peligraba demasiado mi salud)- y, por el otro, es el Game Over Festival en Cambrils (De par en par, Paso a paso, Melancomía, Band del Palo, Salida Nula, Berrit Txarrak, Bad Sound System).
Probablemente me iré a mi pueblo porque, entre otras cosas y siendo ese el tema, últimamente no acabo de estar a gusto en mi casa. Incluso ya estoy llegando a pensar que ésta no es mi casa. Y eso me deprime demasiado. No es la primera vez que tengo unas sensaciones parecidas, y me asusta. Las últimas semanas no he estado demasiado bien. Mis salidas nocturnas se han multiplicado y era ya habitual ir a trabajar en estado de resaca. Por eso necesitaba las vacaciones. Uno más uno me enseñaron que eran dos. Cosas que siento me digo que son efectos (¿o eran algunas causas?). Me refiero, indudablemente, a la relación entre variables dependientes e independientes. Me digo que no entiendo algunas cosas, pero me da la sensación que las entiendo demasiado bien y por eso deseo ocultarlas.
Sé que en mi pueblo sucederán cosas que no deseo, pero al menos apelaré al beneficio de la duda. Intentaré hacer previamente algunas llamadas, para evitar el aburrimiento, principal y peligroso enemigo.
Y, para finalizar, no podría omitir algunas incursiones en mi intimidad que he considerado estúpidas, pero que me han llegado a poner de mala leche. Por un lado, sólo se le ocurre a un estúpido tocarle el ordenador a un ex-informático. Por el otro… si no quieres ver una escena sangrienta de una película, ¿por qué dices que te tapas los ojos si realmente estás viendo la escena entre los dedos? Y si esa escena no te ha gustado para nada, ¿por qué la comentas tanto?
Finalmente he decidido no ser tan críptico como anunciaba en el anterior post.
De piscinas y de guardia civiles
Sabe “admin” que sé contar hasta por lo menos cuatro. Y lo tiene tan bien aprendido que me deja contar hasta los mismos “cuatro”, por lo que pudiera llegar a utilizar en su contra. Todos conocemos nuestro papel, y lo jodido es que nos sentimos con responsabilidades. Y ahora no es el momento de continuar. Más tarde acabaré con el escrito, de la misma manera jeroglífica con la que he empezado.
Es un buen momento para hacer conjeturas…
Aunque explicarélo.
Ruido y furia
Hay ocasiones -estos momentos pertenecen a una de ellas- en las que me despierto de mis viajes oníricos de plena nocturnidad con preocupación. No puedo desprenderme de mi pasado, me persigue. De todas formas él ya estaba allí antes de que yo regresara por las noches. Parece que las tres damas grises quisieran avisarme de algo; quizás me avisen de lo que he sido, recordando entonces que lo sigo siendo. Porque lo que nos ocurre no desaparece sin más, lo vamos guardando en una especie de mochila que, poco a poco, va pesando más y más; y a eso lo vamos llamando edad.
Hay ocasiones -estos momentos pertenecen a una de ellas- en las que los deseos de coger de nuevo un trocito del pasado generan ira. Sé que no puedo volver atrás, la vida empuja con demasiada violencia, pero la eterna lucha entre la realidad y el deseo regresa a los camposantos y la batalla comienza de nuevo.
Esta encrucijada de recuperación del pasado y de continuación de mi vida y olvido de él crea estas peleas, y hace también que quiera dejar de soñar. Y despierto, con ruido de sables, me encono, no sé aún si por no poder volver atrás o por no haber podido continuar con mi sueño.
24 horas
Siempre hay días en los que nos levantamos con ganas de comernos el mundo, literalmente. Puede ser que un sueño de princesas, dragones y castillos nos dé el hambre suficiente para tal gran labor. O puede ser también que un copioso ágape la noche anterior, o una sesión larga de duro sexo haga sentirnos fuertes y valientes.
Pero ese esfuerzo de hambruna se va disipando a medida que van pasando las horas; sobre todo en las primeras horas del día, junto al café, el ordenador y el cigarrillo. A medida que van desapareciendo las legañas y el caudal de café en su taza vamos volviendo a la realidad, a la visión de la dureza de nuestra Yihad particular. Y ese deseo de comernos el mundo va cambiando paulatinamente hasta llegar al punto mínimo de, por lo menos, no dejar que el mundo nos coma a nosotros.
Y así pasa completamente el día, hasta que volvemos a encontrarnos con la cena, o con una nueva sesión de sexo, que puede producir, de nuevo, un “día después” valeroso y osado. Quizás el nuevo sueño nocturno nos coloque en la más pura realidad, sin castillos ni princesas a las que salvar. Y teniendo la sensación, al levantarnos, de que el mundo nos devora.
Y volvemos al café, al ordenador y al cigarrillo…