Archivo de abril de 2006
De reuniones
El paso tiempo no sólo se deja ver en las canas, el estado físico, la frente o la hipoteca. También se hace notar en los amigos. Todos vamos construyendo nuestras vidas y éstas no siempre tienen que ver con las promesas de “siempre juntos” entre amigos.
La semana pasada celebramos una reunión de amigos. No sé cuándo fue la última vez que nos reunimos todos pero ahí estabamos hablando, riendo e interesándonos por las vidas de los demás. La nota negativa fue un asiento vacío. La quimioterapia no permitió que un culo se sentará con los nuestros.
Después de un tiempo (¿dos años?) cada uno hace su propia vida: uno religioso, el otro fuerza represora, el otro empresario con serios problemas de adicción al móvil, el otro… (aún no sé cómo definirme en una palabra. Leed este blog y vosotros decidís). Uno con anillo de celibato, el otro preparando su boda, el otro esperando un crío, el otro… ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario (sigo sin saber cómo definirme, os lo dejo a vosotros). Pero seguimos riéndonos. El tiempo no ha pasado en nuestros corazones. “Como decíamos ayer…” sería la frase para resumir la reunión.
Me hizo gracia el ver que no hemos cambiado mucho: uno preguntando al otro sobre su felicidad, el otro preguntando al uno sobre su vida cotidiana y el tercero preguntando al uno acerca de… “¿te masturbas mucho?”. Veo que todavía somos adolescentes. Eso me gusta. Me gusta comprobar que para algunas cosas el tiempo ha perdido la batalla.
De adjetivos
Entre vuelta y vuelta entre sábanas estaba pensando en mi vida o, mejor aún, en qué han representado para mí las personas que han estado junto a mí, qué es lo que me han dado para que aún las tenga muy presentes en mi cabeza. Como el sueño ya lo dejaba por imposible, al menos por esta noche, intentaba hacer un ejercicio de síntesis. El jueguecito consistía en aplicar un adjetivo o dos como mucho a toda esa gente que ha sido muy importante en mi vida. Creo que estos son los resultados (como aún no tengo permiso para poner sus nombres, sólo pondré la inicial):
L: Justicia
V: Vitalidad, Sorpresa
TX: Paternalismo
K: Imcomprensión
C: Rareza
N: Celos
D: Odio
M: Re-Descubrimiento
R: Esperanza
E: Felicidad
I: Comprensión, ayuda
E: Pasión, deseo
M: Inocencia
M: Ilusión
Mis teorías conspiratorias (Parte 1)
Presento algunas de mis ilusiones conspiratorias que, si bien no me hacen sufrir de esquizofrenia, permiten que cuestionen mi realidad.
Y la primera no podría ser otra que la de cuestionar las verdades que se aceptan generalmente. Y en esta ley entran desde las observaciones que podrían ser más simples de ver y que todos podemos llegar a sospechar, hasta la manera en que nos han enseñado a mirar el mundo. Existe una manera de ver el mundo, que podríamos llamar “observación”, ese rollo del empirismo o positivismo. Lo que vemos no tiene porqué ser lo mismo que lo que existe. Percibir algo no indica, según esta teoría, que ese algo exista. Por poner un ejemplo, sabemos qué es la música clásica y la diferenciamos del resto de estilos, pero en el mundo puramente musical no existe esta división. Otro ejemplo que puede parecer más radical: no niego las diferencias sexuales entre los machos y las hembras, pero no estoy de acuerdo en su criterio de clasificación; distinguimos a hombres y mujeres y les aplicamos unas categorías diferentes (curiosamente no clasificamos de igual manera a los animales) según ¿qué categorías de clasificación? Clasificar a hombres y mujeres para mí es lo mismo que clasificar a las personas según la forma de sus orejas. Sin embargo, se habla de que las mujeres, por poner un ejemplo, son más sensibles que los hombres; no se habla de que las personas con el lóbulo de la oreja separado de la cara son más emotivas.
Y nos vamos a la segunda: No hay nada absoluto. Existe una especificidad histórica y cultural del conocimiento. Me explico: Los poderes existentes en cada momento (poderes económicos y sociales) nos enseñan una concepción concreta del mundo. A veces podemos pensar, por ejemplo, que la concepción actual del mundo -el capitalista- ha existido desde siempre, pero eso no es así; pensar que el mundo es así porque es así (me recuerda al “¡sí, porque sí!” de mi madre). Otro ejemplo más cercano y que está de moda: la concepción de la nación de España. Pensamos que España siempre ha sido una, grande y libre pero, históricamente, España como tal no nace hasta 1812. Pero con esta segunda teoría conspiratoria no me refiero sólo a temas históricos, aunque estos sean los más fáciles de ejemplificar, me refiero a todo lo que creemos, al aprehendizaje del mundo que hemos recibido.
Tercera: Las interacciones sociales generan el conocimiento (ésta es chula, ¿verdad?). La verdad no viene de la observación objetiva del mundo (ver primera teoría conspiratoria), sino de las interacciones sociales en las que participamos contínuamente. En este punto meto el lenguaje, como la primera base de las relaciones sociales. Los individuos de una sociedad compartimos unos conocimientos. Pero no es que este conocimiento exista en sí mismo, sino que a través de “pactos” o de construcciones sociales, hacemos que exista. Es una construcción subjetiva global (¡toma ya!).
Cuarta: Cada construcción social genera una concreta acción social y excluye otras. Aquí meto el ejemplo que siempre me gusta, el del síndrome post-vacacional. Hace unos 5-7 años sabemos que después de unas vacaciones jode que te cagas el volver a trabajar, pero ajo y agua. Ahora esto es considerado enfermedad y hay tratamiento médico/psicológico. Incluso te pueden dar la baja por ello. Las diferentes construcciones del mundo (¿se entiende mejor si lo llamo “descripciones del mundo”?) sustentan ciertos modelos de acción social. Conocimiento y acción social son inseparables.
Y vale por hoy. Mirad detrás de vuestro cuello por si hay ojos que os vigilan.
No hay mal que por bien no venga

Ayer conmemorábamos el 75 aniversario de la Segunda República. Las pocas conmemoraciones que se hicieron se unen a las pocas que hice yo: tan sólo un pequeño recordatorio en la libreta de bitácora de la tienda, para que todos sepan que soy republicano -hay alguna compañera que incluso ya ha descubierto que me gusta el jevimetal.Pero, como muchos, esta conmemoración pasará al olvido debido a otros hechos acaecidos el día de ayer. El primero sucedió por la mañana. Estaba analizando mercados (mis actividades de ocio actuales son carne de psiquiatra) delante del ordenador y el jodido me hizo “¡Puf!” y se apagó. Ya no ha habido narices de encenderlo. Probablemente la fuente, pero de momento me quedo sin ordenador. Más adelante, el trabajo… demasiado para mi sangre azul. Eso sí, la empresa debe estar contenta por la cantidad de dinero que se hizo.
Pero la palma se la lleva el robo de mi bicicleta (Mi Harly Dechatlons). ¡Algún desalmado o desalmada me ha robado mi método de transporte! Fui a denunciarlo y la verdad es que me estaba riendo por la situación absurda. Además me jode doblemente porque por la mañana me pasé una hora limpiándola y mimándola un poco. Si lo llego a saber la dejo guarra de verdad, para que el que me la haya robado se joda limpiándola.
Claro que, por el otro lado, me pongo a pensar un poco. Será que utilizo eso de “no hay mal que por bien no venga” y creo que ya va siendo hora de que me compre una motillo. Me voy haciendo mayor y compruebo que media hora caminando -más unas cuantas horas más de trabajo- me cansan más ahora que hace 10 años. Además, debido a que recibo señales del cielo -aunque sea ateo practicante- también me imagino que la bici no estaba porque si la hubiera cogido me hubiera envestido algún coche. Qué cosas hay que pensar para no ponerse a llorar, ¿verdad?
Afortunadamente una noticia positiva al llegar a casa y comprobar que aún soy recordado. Ya estoy más cerca de la inmortalidad.
Motorizado
Desde hoy, y si todo va bien, tengo un motor entre las piernas. Otro motor
… En una hora me ducharé e iré a buscarla. Y como bautismo de fuego, tendré que recorrer unos 76Km para regresar a casa. Estoy acojonado: Será la primera vez que coja una moto. Más acojonado estoy con el seguro. Mira que son caros los desgraciados.
Pagaremos religiosamente e intentaremos seguir las normas de circulación. Otra cosa es que llegue hoy o mañana a casa… Mira que si tengo que regresar andando con la moto a cuestas…
Encima, me duele una muela.
Manifiesto “Con orgullo, con modestia y con gratitud”

Memoria del futuro. 1931-2006
El 14 de abril de 1931, España tuvo una oportunidad. La proclamación de la II República Española encarnó el sueño de un país capaz de ser mejor que sí mismo, y reunió en un solo esfuerzo a todos los españoles que aspiraban a un porvenir de democracia y de modernidad, de libertad y de justicia, de educación y de progreso, de igualdad y de derechos universales para todos sus conciudadanos. Hoy, setenta y cinco años después, los firmantes de este manifiesto evocamos aquel espíritu con orgullo, con modestia y con gratitud, y reivindicamos como propios los valores del republicanismo español, que siguen vigentes como símbolos de un país mejor, más libre y más justo.
Frente al colosal impulso modernizador y democratizador que acometieron las instituciones republicanas -siempre con la desleal oposición de quienes creían, y siguen creyendo, que este país es de su exclusiva propiedad-, todavía se nos sigue intentando convencer de que la II República fue un bello propósito condenado al fracaso desde antes de nacer por sus propios errores y carencias. Los firmantes de este manifiesto rechazamos radicalmente esta interpretación, que sólo pretende absolver al general Franco de la responsabilidad del golpe de estado que interrumpió la legalidad constitucional y democrática de una república sostenida por la voluntad mayoritaria del pueblo español, con las trágicas consecuencias que todos conocemos. Y exigimos que las instituciones de la actual democracia española rompan de manera definitiva los lazos que la siguen uniendo -desde los callejeros de los municipios hasta los contenidos de los libros de texto- con un estado ilegítimo, que surgió de una agresión feroz contra sus propios ciudadanos y se sostuvo en el poder durante treinta y siete años mediante el abuso sistemático e indiscriminado de los siniestros recursos que caracterizan la pervivencia de los regímenes totalitarios. Después de treinta años de democracia, resulta vergonzoso tener que recordar aún donde estaba la ley y donde estuvo el delito. A estas alturas, es intolerable, y muy peligroso para la salud moral y política de nuestro país, que todavía se pretenda equiparar al gobierno legítimo de una nación democrática con la facción militar que se sublevó contra el estado al que, por su honor, había jurado defender, y cuya victoria sólo fue posible gracias a la ayuda de los regímenes fascista y nazi que preparaban una invasión de Europa que acabaría provocando una guerra mundial y, aún más decisivamente, gracias a la culpable indiferencia de las democracias occidentales, que, antes de convertirse en víctimas de las mismas potencias en cuyas manos habían abandonado a España, eligieron parapetarse tras el hipócrita simulacro de neutralidad que representó el comité de No Intervención de Londres.
El 14 de abril de 1931, España tuvo una oportunidad, y los españoles la aprovecharon. Pese a la brevedad de su vida, la II República desarrolló en múltiples campos de la vida pública una labor ingente, que asombró al mundo y situó a nuestro país en la vanguardia social y cultural. Entre sus logros, bastaría citar la reforma agraria, el sufragio femenino, los avances en materia legislativa de toda índole, la separación efectiva de poderes, las constantes y modernísimas iniciativas destinadas a difundir la cultura hasta en las comarcas más remotas, el decidido impulso de la investigación científica o el florecimiento ejemplar no sólo de la educación, sino también de la asistencia sanitaria pública, para demostrar que aquel bello propósito generó bellísimas realidades, que habrían sido capaces de cambiar la vida de un pueblo condenado a la pobreza, la sumisión y la ignorancia por los mismos poderes -los grandes propietarios, la facción más reaccionaria del Ejército y la jerarquía de la Iglesia Católica- que se apresuraron a mutilarlo de toda esperanza.
La República dotó a los sectores más débiles y desprotegidos de la sociedad de entonces, las mujeres y los niños, de un estatuto jurídico privilegiado en su época. El retroceso fue tan brutal, que el cambio de régimen supuso para ellas, para ellos, la pérdida de todo derecho y su consagración como subciudadanos dependientes de la buena voluntad de los cabezas de sus respectivas familias. La República apostó por la defensa de los espacios públicos como escenario fundamental de la vida española, asumiendo la necesidad de equiparar las condiciones de vida de las poblaciones rurales y urbanas, y desarrollando políticas de igualdad no sólo entre los individuos, sino también entre las regiones más y menos prósperas. El retroceso fue tan brutal, que el cambio de régimen consolidó las desigualdades históricas tanto individuales como colectivas, y abandonó la promoción de los servicios públicos para crear un déficit que en algunos sectores, como la educación primaria y secundaria, seguimos padeciendo todavía. La República fomentó el auge de la cultura española en todos los terrenos de la creación artística y de la investigación científica, el debate intelectual y la vida universitaria, hasta el punto de que su nombre y su destino estarán unidos para siempre a la memoria del máximo esplendor cultural del que ha gozado nuestro país en la era moderna. El retroceso fue tan brutal, que el cambio de régimen supuso la pérdida más trágica que, a su vez, ha soportado nunca la cultura española, el exilio masivo de los mejores, que dejaron las aulas y los laboratorios, los talleres y las redacciones, las editoriales y los museos, la autoridad y el prestigio intelectual de nuestro país, en manos de una improvisada cosecha de oportunistas y segundones, que redujeron la vida cultural española a una lamentable manifestación de mediocres oscuridades.
Hoy, setenta y cinco años después, los firmantes de este manifiesto no queremos seguir lamentando la triste brutalidad de aquel retroceso, sino celebrar la emocionante calidad de los logros que le precedieron, y agradecer la ambición, el coraje, el talento y la entrega de una generación de españoles que creyó en nosotros al creer en el futuro de su país. Reivindicar su memoria es creer en nuestro propio futuro, que será proporcionalmente mejor, más libre, más justo, más feliz, en la medida en que seamos capaces de estar a la altura de la tradición republicana que hemos heredado. Por una España verdaderamente moderna, laica, culta, igualitaria, por su definitiva normalización democrática, y por el progreso armónico del bienestar de todos sus ciudadanos, hoy, setenta y cinco años después, queremos celebrar el 14 de abril de 1931, y proponer que esta fecha se celebre en lo sucesivo como un reconocimiento oficial a todos los ciudadanos españoles que lucharon activamente por la libertad, la justicia y la igualdad, valores comunes que tienen que seguir orientando la construcción democrática de la sociedad española.
Abril 2006