Archivo de Enero de 2006
Preludios y nocturnos
Otra vez de noctámbulo, como en los viejos tiempos. Pero los motivos no son los mismos que en los viejos tiempos. Ahora creo que es una cuestión puramente física: cuando duermo se me hincha la vejiga. Ahora casi cada noche me levanto de madrugada (si no es que estoy todavía delante del ordenador) para “descargar“, como hace mi madre todas las noches. A diferencia de ella, que se dirige al lavabo como una verdadera zombie -incluso en el caminar se parece- y vuelve a la cama siguiendo el mismo procedimiento, yo aprovecho para volver a la vida y situar mi mente donde buenamuente pueda.
El tema de ensoñación de esta noche ha sido el ultracomentado paso del tiempo. La conclusión de hoy ha sido que mi mente es tan astutamente privilegiada que sería capaz de suicidarse para conseguir parar el tiempo (recálquense los excepcionales razonamientos nocturnos). Y es que me pongo a pensar sólo un poquitín y… estoy acojonado. Si pasa el mismo tiempo que ha pasado hasta ahora… ¡Estaré jubilado! (La verdad es que espero prejubilarme a los 45). Mi dicen los mayores que de los 20 a los 50, 60 ó 70 el tiempo pasa más rápido… No estoy de acuerdo con eso -como no podría ser de otra manera- porque el tiempo pasa de la misma manera. A veces me pongo a cronometrar el tiempo y las conclusiones son verdaderamente concluyentes: cada minuto dura exactamente un minuto (salvo en Fin de Año, que hubo un minuto que duró 59 segundos).
Yo diría que es uno mismo el que pasa más o menos rápido por la vida. Y mirando un poquitín hacia atrás no me parece que mi tiempo en los últimos años haya pasado más rápido. He disfrutado, he cambiado y he vivido. En los últimos 5 años he vivido mucho, quizás es ese el truco. Pero hay otro problema añadido: el tiempo pasa pero yo sigo queriendo ser adolescente. Claro que no tengo acné -sólo algún grano cojonero- ni me está saliendo vello en lugares extraños del cuerpo, pero a veces me comporto como tal: me emborracho, pataleo, discuto con mi madre, y también me río mucho, me ilusiono y me atrae el sexo en demasía, entre otros. Supongo que todo esto sucede por mi extraña manía a quererlo todo. Supongo que me encuentro bien estando en donde estoy y teniendo lo que tengo, pero siempre quiero más. Así que creo que no soy yo el que se hace mayor, sino el tiempo.
De papeles y legajos
No sé si el culebrón sobre los Papeles de Salamanca (en mayúsculas debido a su aparente importancia) llegará a su capítulo final como drama, como comedia o como esperpento… o como una tragicomedia esperpéntica. Pero parece ser que por lo menos el tema está llegando al final, o al inicio del final. Ahora sólo falta esperar los últimos coletazos de ciertos dirigentes (conservadores en su mayoría) que, si bien no van a conseguir lo que dicen desear, van a conseguir algo que en mi pueblo se llama “tocar los cojones“.
Y es que “tocar los cojones“, o lo que en otros pueblos se conoce como el “derecho a la pataleta“, primer derecho universal, en algunas ocasiones es sólo lo que puede hacerse cuando se sabe que es imposible una victoria. Y entonces me pregunto cuál es la victoria y cuál es la derrota. La victoria se halla en dónde acaban esos legajos o, mejor dicho, dónde no acaban.
Y es que, realmente, para salmantinos y conservadores les importa bien poco dónde acaben los papeles. Eso es lo de menos. Lo malo para ellos, lo extraordinariamente jodido, es tener que aceptar que los papeles no son suyos.
Lo que sí sé seguro es que esos papeles NO SON MÍOS. Es más, nunca los he visto ni nunca los voy a ver. Es más, en mi viaje a Salamanca fue imposible verlos. Y yo diría más, tampoco esos papeles son de los salmantinos. Dudo que los hayan visto y dudo que sepan dónde estaban. Sin embargo no desean su devolución (generalizando, se entiende). Esos papeles son un botín de guerra (“derecho de conquista“), como muy bien decía Torrente Ballester. Pero esos papeles tienen legítimos propietarios.
Pepe roba un bolígrafo a Juan. Juan quiere que Pepe le devuelva el bolígrafo diciendo que es suyo. Pepe le podrá decir que no le devuelve el bolígrafo, pero no le podrá decir nunca, a nivel ético, que el bolígrafo es suyo… ¿O sí?
Para algunos, la unidad del archivo representa la unidad de España… … … ¿Cómo? … … … … ¿Perdón? Me da la impresión que no es necesario malgastar mi tiempo en escribir acerca del tema. Creo que esa frase ya es absurda por sí misma.
Lo que representa la unidad del archivo es que hubo una guerra civil, que hubo un “derecho de conquista” (seguimos citando a Torrente Ballester), que hubo vencedores y vencidos, que en democracia se pretende una reconciliación y que aún faltan años para esa reconciliación. O al menos es lo que veo cuando veo la televisión o leo los periódicos.
Lo importante es que estamos cerca del final y que dentro de poco tiempo nos olvidaremos de esos papeles.
Feliz año nuevo
Solito en casa, intentando hacer algo de provecho. Escribiremos, me he dicho. Desde hace unos añitos siempre escribo SMS’s justo a las 00:01 (después de acabar de una maldita vez con las uvas que quedan en la boca). Este año también lo he hecho. 17 en total. Si leéis esto, seguro que os lo he enviado. Lo único malo de este año es que no se han enviado todos. Lo peor de este año es que no sé a quién se lo he enviado y a quién no…
Así que si no habéis sabido de mí no es por motivos personales, es porque a esta misma hora tropecientos mil español@s están haciendo lo mismo que yo. Pero reproduzco el mensaje, para que juguemos todos con la misma baraja:
“¿Qué rimará con 2006? En fin, mucho vicio y corrupción para este nuevo año, que eso es más importante que las malas rimas. ¡Muchos besos!“.
A los lectores casuales, también va dirigido el mensaje. Feliz año 2006.