Galadriel

GaladrielGaladriel me susurró al oído. Vino a verme y me ofreció un regalo, un preciado regalo. Habló conmigo sin mover los labios. Tampoco necesité moverlos yo. Y nos entendíamos.

Galadriel me susurró al oído. Palabras profanas y prohibidas. Dijo lo que yo no quería escuchar, aunque temía. Presente, pasado y futuro se mezclaron entre frases atemporales.

Galadriel me susurró al oído. Su destino y el mío se mezclaron en el lodazal de las pasiones. Dolor y placer se abrazaron provocando la explosión del deseo.

Galadriel me susurró al oído. Y la amé, aún lo hago. Ya la había amado antes pero no me había fijado en ella. La consciencia se presentó y el sueño dio por finalizada su obra.

Galadriel me susurró al oído que me amaba. Mis cuerdas vocales no emitieron sonido alguno pero dijeron fuerte y claro “te amo”.

Un comentario para “Galadriel”

  • Anónimo dice:

    Aun cuando hemos hablado incansablemente, ciertas cosas no necesitan palabras, ni tan siquiera una mirada complice o esquiva, ni un soplo de aliento, ni pensarlas para que existan

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